Ciencias o letras: una mala elección

Publicado por
DP.

A edad muy temprana, las/os jóvenes estudiantes tienen que elegir entre «ciencias» y «letras». Previamente tuvieron que escoger —en la escasa medida de lo posible— entre ser niños o niñas (no me refiero, obviamente, al sexo biológico sino al rol de género), y antes incluso de que nacieran, el orden establecido determinó si serían ricos o pobres. De entre estas y otras dicotomías difíciles de afrontar, la elección entre ciencias y letras parece la más libre; pero en realidad no suele serlo, y ello por al menos dos razones.

La primera es que para la mayoría resulta muy difícil considerar una tercera opción, o tan siquiera concebirla. Ser «de ciencias» o «de letras» se considera tan natural e inevitable como ser chico o chica, y no ser ni una cosa ni otra, o ambas a la vez, es tan «raro» —en ambos sentidos del término— como ser asexual, bisexual o hermafrodita, y plantea análogos problemas de adaptación, tal vez menos dramáticos, pero igualmente decisivos para el desarrollo de la personalidad. Y la segunda razón es que, desde la más tierna infancia, la familia, la escuela y otras circunstancias personales orientan insistentemente a niños y niñas en un sentido u otro. El condicionamiento no es tan fuerte como en el caso de la elección de género, ni se apoya en signos externos tan evidentes y supuestamente determinantes; pero las/os adolescentes suelen tener muy claro, o así lo creen, si «lo suyo» son las ciencias o las letras, si «se les dan bien» las temibles matemáticas —el pensamiento cuantitativo— o han sucumbido a la aritmofobia que unos planes de estudio lamentables inducen en un amplio sector de la población. Y esta fragmentación precoz de la mente y de la sociedad es una de las mayores taras de nuestra cultura. Elegir entre ciencias y letras es una mala elección, porque el fallo está en el mero hecho de decantarse por una de las dos ramas con exclusión de la otra.

Ciencia y literatura 

En su sentido más amplio, tanto «ciencia» como «literatura» son términos que abarcan casi todo lo relativo al saber, y que por tanto vendrían a significar lo mismo. Etimológicamente, ciencia es sinónimo de conocimiento, y la literatura incluye todo lo escrito, que es casi todo lo pensado. Sin embargo, en su acepción coloquial se han convertido en términos poco menos que antitéticos, y este divorcio entre «ciencias» y «letras» perjudica a ambos hemisferios culturales. Nuestra inconexa cultura es como un cerebro con el cuerpo calloso atrofiado. Aunque, a riesgo de desatar las iras de algunas gentes «de letras», hay que señalar que la situación no es simétrica. La ciencia avanza cada vez más deprisa, mientras que la literatura convencional está cada vez más estancada (puede parecer la opinión triunfalista de un científico, pero en realidad es el lamento de un escritor, puesto que hace muchos años que dedico más tiempo a la literatura que a las matemáticas).

La literatura rara vez se ocupa de la ciencia o tan siquiera se preocupa por ella, que, para no quedar excluida del universo literario, ha tenido que refugiarse en el dorado gueto de la ciencia ficción. Porque la literatura convencional, salvo rarísimas excepciones, no solo no incorpora los temas brindados por la ciencia, sino ni siquiera la nueva sensibilidad, la nueva visión del mundo que se desprende de los deslumbrantes logros científicos del último siglo. Lo que equivale a decir que, en más de un aspecto, muchos escritores actuales siguen atascados en el siglo XIX. Esperemos que los paladines de esa «tercera cultura» augurada por C. P. Snow en su ya clásico ensayo Las dos culturas acudan al rescate. Porque, parafraseando a Bernard Shaw (que decía que la juventud es un tesoro demasiado valioso para dejarlo en manos de unos niños), la literatura es demasiado importante para dejarla —solo— en manos de la gente de letras.

Literatura y ciencia

Pocas personas saben que no se descubrió el cero, clave de los sistemas de numeración posicionales, hasta el siglo V o VI de nuestra era, y menos aún son conscientes de la sutileza e importancia de este descubrimiento —o invento— trascendental. Aunque hay evidencias anteriores de un signo gráfico equiparable al cero tanto en Mesoamérica como en India, no empezó a utilizarse de forma operativa hasta hace unos mil quinientos años. Y no se extendió por Europa hasta el siglo XIII, gracias al Liber Abaci de Leonardo de Pisa, más conocido como Fibonacci, que aprendió de los árabes el sistema de numeración que estos habían importado de India. Cuesta creer que los grandes matemáticos de la antigüedad, como Euclides (cuya perfecta geometría se sigue enseñando tal como él la formuló) o el mismísimo Arquímedes (que se adelantó en dos mil años al cálculo infinitesimal y determinó el valor de pi con extraordinaria precisión), no conocieran el cero ni dispusieran de un sistema de numeración eficaz.

El sistema posicional decimal no se suele explicar adecuadamente, y sus algoritmos computacionales se aprenden de memoria, con lo que la mayoría de quienes creen «saber» las cuatro operaciones son, en el mejor de los casos, calculadoras mecánicas lentas y defectuosas. Y aunque resulte paradójico, este es un problema básicamente literario. El ser humano se constituye como tal mediante el lenguaje, y aprender es, ante todo, aprender a hablar. Y en las culturas no ágrafas, que en la actualidad son prácticamente todas, este aprendizaje básico se prolonga y consolida en la lectura y la escritura. Por lo tanto, enseñar es, en última instancia, enseñar a utilizar el lenguaje, es decir, a hablar —y a escuchar— correctamente, a leer de forma comprensiva y a escribir de forma comprensible. Y esto vale tanto para la enseñanza de la literatura o la historia como para la de las matemáticas o la física.

Tanto los individuos como los pueblos, en su infancia, aprenden mediante relatos. Por eso todas las culturas, en sus orígenes, expresan y transmiten su visión del mundo mediante mitos. Y por eso los niños quieren que se les cuenten esos «pequeños mitos» que son los cuentos maravillosos siempre de la misma manera: porque para ellos no constituyen un mero entretenimiento, sino también una forma de poner orden en su mente y de interpretar la realidad. Al oír contar los cuentos una y otra vez, los niños consolidan su aprendizaje lingüístico, a la vez que adquieren seguridad en el manejo de la información. Y por eso la enseñanza de cualquier materia, en sus primeras etapas, tendría que basarse fundamentalmente en los relatos. El «cuento de las cuentas» debería figurar entre las primeras historias narradas a las niñas y niños de corta edad, junto a Pulgarcito o Caperucita Roja, para conjurar el miedo a perderse en el bosque de los números.

Toda articulación del conocimiento es, en alguna medida, una narración. La literatura relata, la ciencia relaciona, y no en vano ambos verbos tienen la misma etimología. Es lamentable que la presencia de la ciencia en la literatura sea tan escasa; pero no es menos lamentable (en realidad es la otra cara de la moneda) que lo literario-narrativo esté tan ausente de la enseñanza y la divulgación de la ciencia, y que tan pocos profesores y divulgadores sean conscientes de que, también con las materias científicas, de lo que se trata es, en última instancia, de enseñar a leer. Y a gozar de la lectura.

MENSUAL

3mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

ANUAL

30año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

ANUAL + FILMIN

85año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

45 Comentarios

  1. El artículo apunta en una dirección muy acertada, por arraigada a algunas de nuestras creencias más ciegas.
    Como antiguo estudiante «de letras», muchas veces lamento con nostalgia adónde fueron a parar las ciencias en mi vida…
    Escoger es, por definición, renunciar, y es una auténtica pena vernos impelidos a ejercer esa renuncia (muchas veces contra natura), a que nos sea velado un campo tan vasto y rico del conocimiento.
    Como tantas veces, a menudo ya es tarde cuando nos damos cuenta de la magnitud de lo perdido.

    Gracias por la lectura.

    • Nunca es tarde, Carlos. Cualquier persona inteligente y curiosa (y el mero hecho de echar de menos la formación científica denota lucidez e inquietud intelectual) puede iniciarse en el pensamiento cuantitativo con relativa facilidad. Y el esfuerzo compensa ampliamente: es como desarrollar un sentido nuevo. Gracias a ti por tu comentario.

  2. He conocido a músicos muy cultos y con una amplia gama de intereses; aunque es probable que en una profesión tan exigente abunden los superespecialistas. Con los matemáticos pasa algo parecido.

    • Hay varios casos de ajedrecistas-músicos de gran nivel en ambas actividades, como muy bien se ha dado cuenta aquí mismo en Jot Down, con el ejemplo descollante de Mark Taimanov, del cual nos ilustró E. J. Rodríguez.

  3. La frase “La juventud es un tesoro demasiado valioso para dejarlo en manos de unos niños” es tan, pero tan buena, que está en la categoría de las de Oscar Wilde

    • Desde luego; pero es que Bernard Shaw no le iba a la zaga en sutileza e ingenio. Sus debates con Chesterton son antológicos.

  4. Un artículo magnífico.
    El «cuento de las cuentas» condensa en unas pocas líneas, una larga historia.
    «El sistema posicional decimal no se suele explicar adecuadamente, y sus algoritmos … Y aunque resulte paradójico, este es un problema básicamente literario.» A la par de lo literario, ¿existiría un problema de experimentación y de representación visual?

    • Desde luego. El «relato» es fundamental, pero en muchos casos, por no decir siempre, debería ser un relato ilustrado y participativo. Gracias por la oportuna observación.

  5. Estoy de acuerdo en que se debería enseñar la ciencia (y concretamente las matemáticas) de otra manera; pero también debo decir que no sólo es ése el problema: hay personas a las que, desde niños, nos dolía la cabeza sólo con abrir un libro de matemáticas y ver todo ese entramado de símbolos (por no hablar de los «problemas de razonar»); y, sin embargo, a mí, abrir un libro de lectura o historia me fascinaba por las ilustraciones, grabados… igual que, más tarde, me fascinaban los temas metafísicos o psicológicos.

    Durante mucho tiempo tuve complejo, porque los padres, los profesores, etc., valoran que se te dé bien razonar matemáticamente, pero no que te pierdas en preguntas «acerca del ser» o acerca de lo bonito que es ese paisaje.

    Quién sabe, si hubiera tenido un profesor como tú… aunque ya te aviso que a mí me costaba entender, incluso, lo de a cuántos caramelos tocan tres niños si les das dos caramelos.

    • Es que el problema empieza en la más tierna infancia. Las matemáticas exigen un nivel de abstracción nada fácil, en general, para la mente infantil, y un primer fracaso puede provocar una reacción poco menos que fóbica. Que se puede agravar con esa peculiar valoración social a la que aludes. Y digo «peculiar» porque las matemáticas se les concede un gran «valor de cambio», como diría un economista, y un escaso «valor de uso»; es decir, se consideran una herramienta laboralmente valiosa, pero no una manifestación cultural en el sentido convencional.

  6. Elegir una carrera de letras es conformarse con la ignorancia y el paro, de modo que peor para quienes la elijan. Las ciencias tienen la finalidad de resolver problemas prácticos, mientras que quienes estudian letras como mucho podrán resolver el crucigrama del periódico de los domingos. Soy profesor y siempre les digo a mis alumnos que estudien ciencias, porque siempre van a encontrar algo que les va a gustar y que sea útil para resolver los problemas actuales, mientras que los estudiantes de letras acaban siendo analfabetos funcionales, incapaces de programar, de hacer cálculos matemáticos, de entender la importancia del análisis diferencial, la física subatómica o los fractales. Quienes somos de ciencias somos capaces de eso y además de apreciar la belleza de una sinfonía o de un cuadro, pero para quienes estudian letras, el entendimiento del universo tanto en su carácter físico como matemático como elemental siempre estará prohibido o impedido. Además, los de letras siempre intentarán robar o tergicersar el nombre «ciencia» para sus despropósitos, como las «ciencias políticas» (como si la política fuese una ciencia). Creen que la «economía» (carrera basada en matemáticas de la cual se han apropiado) o psicología (carrera científica sensu estricto) son carreras de letras, cuando es todo lo contrario. De modo que este artículo debería de llamarse: «Ciencias (buena eleccion) o letras (mala elección)».

    • Creo, Vicente, que eres excesivamente duro. Cierto es que hay personas «de letras» que viven totalmente de espaldas a la ciencia, pero no hay que generalizar; también he conocido a ingenieros que no habían leído en su vida un libro que no fuera técnico y casi alardeaban de ello. En cuanto a la apropiación indebida de la terminología científica, yo mismo la he denunciado en estas páginas (es especialmente lamentable en el caso de algunos intelectuales posmodernos), pero tampoco en esto hay que generalizar.

      • No creo que sea tan duro: los alumnos que he tenido muestran claramente que todos los alumnos de ciencias son capaces de entender y apreciar la literatura, el arte, la fotografía o la música… pero no pasa así con los de letras, que son verdaderos analfabetos funcionales. No discuto que haya científicos o ingenieros que sean incapaces de leer un libro no técnico (también he visto gente de letras igual, que conste), pero eso no es ser ignorante por defecto, sino por voluntad propia.

    • Es triste ver un profesor con tan poca idea de lo que es la ciencia (siguiendo su analogía, imagino que los Físicos y los meteorólogos también se han «apropiado» de las matemáticas) y de cómo funciona el mundo en general.

      Supongo que el hecho de que un porcentaje de los profesores llegue a serlo porque no tiene capacidad para dedicarse a «lo suyo» es uno de lo factores que impulsa el bajo nivel del conocimiento científico en este país.

    • Discrepo completamente. Imagine un mundo sin Derecho, sin democracia, sin derechos humanos, sin diccionarios, alfabetos, gramáticas, intérpretes, periodistas, historiadores…Lo que usted llama despectivamente letras ha hecho avanzar a la humanidad y es igual de práctico que lo que usted llama ciencias. La separación de poderes en una democracia o garantizar un marco jurídico seguro para las personas no se puede demostrar o derivar de la ciencia ni de los fractales. Todo el conocimiento es necesario y tiene un lugar.

      • Un mundo sin derecho (https://www.youtube.com/watch?v=uG3uea-Hvy4), sin democracia (¿existe democracia o un espejismo?), separación de poderes (permita que me ría), marcos jurídicos seguros (idem), derechos humanos (idem)… Es falso lo que usted dice: las letras generan más problemas de lo que resuelven. Confunde usted conocimiento con cultura.

    • Estoy en absoluto DESACUERDO, señor Vicente Gómez. Para empezar te diría que no se puede llamar analfabetos funcionales a los de letras y luego olvidarse poner la tilde en el propio apellido o decir, como dices: «… este artículo debería DE llamarse…». En este caso, debería haber dicho «debería llamarse» (sin el de), porque no es una probabilidad lo que expresa, sino una afirmación. Deberíamos ser más humildes antes de dar lecciones.

      Respeto la ciencia y a los científicos (que también tienen sus discrepancias: Popper, Khun, Feryerabend…), pero un mundo donde sólo hay ciencia y no hay literatura, ni poesía, ni filosofía, ni psicoanálisis… me asusta. Es un mundo en el que sólo hay practicidad; conozco gente que sacaba 10 en todos los exámenes de matemáticas en el instituto, que incluso corregían a los profesores, y que, sin embargo, llevan una existencia absolutamente aberrante: un mundo en donde todo lo tienen calculado; sólo hacen un paseo si les es práctico para otro fin; como diría un psicoanalista: «son los politécnicos de la existencia; podrían expresar la vida en ecuaciones». ¡¡Qué horror!!

      • No se preocupe: tiene usted derecho a estar equivocado. Primero, estoy acostumbrado a no poner la tilde en mi apellido, porque cuando publico en revistas internacionales mi apellido es más difícil de buscar si lleva tilde en el paper original. Segundo: «este artículo debería DE llamarse». Soy consciente de los errores que cometo, pero creo que el lenguaje coloquial debería ser flexible. Tercero: ni digo que no tenga que haber literatura, ni poesía, ni filosofía, ni psicoanálisis, pero quienes la hacen deberían de tener un conocimiento científico y muchos ni lo tienen ni lo quieren. Por otro lado, me encantan esas personas que usted describe como «un mundo en donde todo lo tienen calculado; sólo hacen un paseo si les es práctico para otro fin». La vida es demasiado corta para dar paseos sin no tienen una finalidad concreta.

        • Bien, o sea que el problema no es que haya literatura, o filosofía, o poesía, sino que hay gente de la literatura o la filosofía que no sabe de ciencia. Puede ser; aunque tampoco tengo claro que Rilke, Pessoa o Proust supieran mucho de ciencia, y parece que eso no les impidió escribir buena literatura (con que no despreciaran la ciencia –como, por desgracia, sí hacen los católicos– creo que es suficiente).

          Si usted quiere llevar una vida donde todo está absolutamente calculado, lo respeto, pero le pediría que no matase en sus alumnas/alumnos la imaginación, la espontaneidad y el placer vital de hacer cosas «inútiles y sin finalidad». La vida es demasiado corta para no paladear el placer y la hermosura de lo «inútil y sin finalidad».

    • Quizás está Vd. un poco confundido. Yo soy médico y en la Facultad tuve un compañero que creía en la partenogénesis de Mahoma. Hablo en serio; no bromeo. Es más: este chaval sacó unas notas excelentes durante toda la carrera, más de veinte matrículas de honor, tropecientos sobresalientes. Sin embargo, no se le podía hacer razonar sobre sus creencias religiosas, a pesar de que demostró en aquellos días, y lo demuestra actualmente hoy en el ejercicio de su profesión, un conocimiento de la ciencia médica sobresaliente.

  7. Y también matemáticos-músicos y, por supuesto, matemáticos-ajedrecistas. No es de extrañar, pues la matemática, el ajedrez y la música tienen bastante en común, empezando por el «arte combinatoria» que está en la base de las tres actividades.

  8. Yo también soy profesor, como el anterior forero, pero contrariamente a sus desmesurados argumentos, no creo, sino que estoy convencido de que son complementarias. Mi caso es particular, elegí las ciencias estando más dotado para las letras por pragmatismo laboral (es un hecho que las carreras de ciencias tienen mayor salida). También creo que se ha otorgado a las letras un prestigio del que no han gozado las ciencias, y valga como ejemplo de esto el hecho de que ser analfabeto es algo completamente peyorativo y asociado a la lectura y escritura en su sentido humanístico. Está peor visto ser «analfabeto de letras» que «de ciencias». El «yo es que soy de letras» para justificar la ignorancia más básica en conceptos científicos equivalentes a distinguir un verbo de un adjetivo. Con todo, la sociedad hipertecnológica en la que vivimos y que irá a más obligará a un desplazamiento en esa correlación de fuerzas que tradicionalmente se decantaba hacia las letras, y por imperativo laboral, los contenidos científicos pesarán más en los currículums educativos y por tanto la sociedad no tendrá más opción que adaptarse y forjar una nueva era en la que lo científico sea lo intelectual.

    • Esperemos que esa transformación que apuntas, y con la que estoy de acuerdo, no aumente la brecha, sino que contribuya a superarla. Hace unos años le pregunté a Stephen Hawking cómo veía la actual relación entre ciencia y filosofía, y me contestó que los científicos tendrán que ocupar el puesto que los filósofos han dejado vacante. Yo apuesto más por un fusión enriquecedora para ambas partes. Una recuperación del espíritu de la antigua Grecia, cuando filosofía y ciencia eran una misma cosa.

    • Dani, una cosa es que sea verdad que el ser analfabeto científico no ha estado tan mal visto como ser analfabeto lingüístico, y otra cosa es pensar que en los currículums debería pesar más el conocimiento científico. ¿¿Más todavía?? El mundo es ya tan aberrante que lo único que cuenta para encontrar trabajo es ser hábil con las matemáticas, los números, la informática, el conocimiento instrumental, etc., etc. Y me niego a que la sociedad no tenga más opción que adaptarse a este sistema; éste sistema lo ha creado el ser humano… y, de la misma manera, lo podemos demoler. Yo sigo necesitando mirar al cielo, a las nubes, a las flores, o a mi interior… aunque esto no sea muy valorado esto en las currículums. ¿Qué clase de ser humano queremos? ¿Un ser humano que sólo viva para ser eficiente?

      • Es un toma y daca. Efectivamente, si los currículums cada vez otorgan más peso a las ciencias, quizá nos veamos abocados a un mundo impersonal. Pero la clave está en ver la ciencia desde una perspectiva humanístico, y viceversa. El equilibrio es difícil, pero es cierto que hasta ahora esa «batalla» la han ganado las letras. Lo que está ocurriendo desde hace 20 años es un acortamiento colosal de esa brecha en favor de las ciencias, gracias a la eclosión de internet.

  9. Como acaba de decir Frabetti, hubo un tiempo en que los científicos eran filosofos. Y los filósofos científicos. No hace mucho uno podía estudiar el bachillerato por ciencias puras (un servidor lo hizo) y la literatura, la Historia, el Latín, la filosofía eran obligatorias (la última hasta los cursos finales). Te daba una perspectiva, una visión general, unos conocimientos, quizá de un dedo de profundidad, para andar por el mundo. Y yo sigo pensando, seimpre se lo he dicho a mis hijas, que un ser humano con una inteligencia media, tiene capacidad de sobra para interesarse y conocer la literatura y la química elemental. Lo único que se necesiya es que lo que diseñan los planes de estudios quieran a gente formada y con capacidad para pensar por si mismos, aunque serán menos manejables, y un poco de suerte a la hora de encontrarte con buenos profesores dispuestos a enseñarte. Si das con un supremacista de la ciencias, se te ha caído el revolver al río….

    • Totalmente de acuerdo. El problema es que los que diseñan los planes de estudio quieren gente manejable, aunque piense menos. Como casi siempre, como casi todo, es, en gran medida, un problema político. Y, sí, puedes tener la suerte (yo la tuve) de encontrarte con buenos profesores. O puedes tener la desgracia de topar con uno que te haga odiar las mates. O la filosofía, la menso rentable y la más importante de las materias.

      • Fíjate, Carlo, a cuento de esto que dices, que en una ocasión, el filósofo (de la ciencia) Jesús Mosterín dijo que no sabía si la filosofía servía para algo, y que no le importaría nada que desapareciera del bachillerato. Sin embargo dijo que las matemáticas son inevitables. Es el mismo debate: lo que es «útil», lo que «sirve». Pero ¿para qué? Incluso desde un punto de vista de la utilidad, a mí no me ha servido para nada haber hecho polinomios, o derivadas, o funciones, etc., y sí me ha servido leer a Foucault, a Horkheimer o a Marcuse (a los que no estudié nunca en el bachillerato, por cierto), autores que me han servido quizá para plantearme en qué clase de mundo «práctico» tan horrendo vivo.

        • Admirado maestro, algo que aprendí del buen hacer de gente como tu que transita en mundos distintos es que el conocimiento no es un juego de suma 0, los avances de una disciplina no invalidan a la otra.

          Todo suma, la ciencia y la letra, la filosofía y las matemáticas, la biología y la antropología, el arte y los números.
          Creo que por muy devaluadas que estén las letras, en este mercado laboral prostituido, te permiten entender mejor el mundo en el que vivimos, los tribalismos y los cliches, las corrientes de pensamiento que subyacen. Como diría Marx hay mucha ideología disfrazada de falsa conciencia y la ignorancia hace que no nos demos cuenta.

          Mi miedo es la excesiva especialización que demanda este sistema de turboconsumo. Ignorantes en todo y expertos cada vez en nada.

          • Sí, la superespecialización es un proceso que empezó con la revolución industrial y parece imparable (razón de más para intentar pararlo por todos los medios). Cuando estudiaba ingeniería, conocí a un ingeniero alemán que me preguntó cuál era mi rama, y cuando contesté: «La ingeniería industrial», replicó que eso no era una rama, sino algo muy general. Y cuando le pregunté cuál era la suya, para hacerme una idea de lo que quería decir, me contestó: «Los tornillos».

  10. En última instancia, estamos hablando del orden establecido y en qué medida lo aceptamos (y en este sentido creo que Mosterín era bastante contradictorio: crítico en algunos aspectos y acomodaticio en otros). En un mundo mercado, es inevitable que un burdo utilitarismo materialista (en el mal sentido del término) prevalezca sobre otras consideraciones.

  11. El día posterior a la lectura de tu artículo me topé con otro, amenísimo, de una científica latinoamericana renombrada, seguro que lo has leído, “Ciencias y Humanidades tendrían que ir de la mano”. Parece que tu inquietud es más que compartida. En resumen, faltaría una decisión política social, lo más dificil. Y si se lograra implementar sentiría gran curiosidad por saber qué lecturas se aconsejarían introducir en el plan de estudio de las Ciencias y su contrario. Personalmente creo que es aberrante separarlas aduciendo motivos de incompatibilidad teorética y peor aún, de utilidad práctica, ya que lo más “práctico” que ha dado este universo somo nosotros, que morimos (hasta ahora) y solo permanecerán los sueños, y no hay fórmulas matemáticas para describirlos, a no ser que se quiera renegar de nosotros mismos (esta convicción mía tal vez se deba a que descubrí la unidad y sus espejismos asociada a la luna, experiencia infantil que aun hoy me emociona: A la una con la luna, a las dos tiene tos, a las tres al revés… etc. etc. El tres y su revés, todavía no lo entiendo. No sé si es cero, o menos tres. Bromeo, mas no tanto). Además, estoy convencido de que los científicos, la única casta que admiro, necesitarán siempre, aunque lo nieguen, de la metafísica, literaria por necesidad y exigencia, porque creo que para ellos es muy difícil dar forma a las metáforas, figuras que no obstante se presenten inasibles o sin patrones logicos, desde los albores de nuestra presencia ha llenado nuestra imaginación y dado inicio a la ciencia. Y espero que consideren el concepto del Tiempo, que tanto desvelo les ha causado, como una de las últimas metáforas, quizás del propio universo que, por lo visto, no necesita de él para morir y renacer eternamente. Siempre un placer leerte y, en especial modo, los comentarios que arrastrás.

  12. El video de los Simpson no pasa de ser una simpleza que confunde Derecho con abogados y en su lugar se podría poner uno de científicos vendidos a dictadores y multinacionales o sobre grandes farmacéuticas. Organizar jurídicamente un estado es una tarea muy compleja y que ha llevado milenios a la humanidad. Lo que usted hace es recoger cuatro ideas vulgares y populistas sin pensamiento crítico. Aunque le parezca mentira el simple hecho de estar usando los dos un alfabeto con mayúsculas y minúsculas, signos de puntuación, tener diccionarios o un gramática ha sido una colosal tarea que ahora nos permite entendernos y también le permite a usted hacer ciencia. Del mismo modo que ha habido grandes nombres en el Derecho como Hammurabi, Justiniano, Alfonso X el Sabio… que han hecho avanzar a la humanidad y tener instituciones modernas. Podría seguir con la diplomacia, la historia…Decir que las letras crean problemas es como decir que las ciencias los crean pues fueron científicos los que crearon la bomba atómica o el Zyklon B

  13. Gracias a los avances en neurociencia, sabemos que la forma en la que mejor aprende el cerebro es con los aprendizajes transversales. Es decir, que requieren de la activación de diferentes zonas especializadas en distintas tipologías de actividad y, por lo tanto, de una fuerte conectividad cerebral.
    Si poco a poco se extienden y se implantan metodologías de aprendizaje basadas en la transversalidad y lo significativo, esa visión dicotómica de letras y ciencias irá quedando obsoleta. Espero con impaciencia ese momento.

    • Por suerte, se están implantando y extendiendo; pero el momento en que la visión dicotómica quedará obsoleta aún está lejos, me temo. Entiendo que lo esperes con impaciencia; pero te sugiero que lo esperes sentada.

  14. En «Dialéctica de la naturaleza», Engels, poco sospechoso de idealismo, pone en su sitio a los científicos arrogantes que desprecian la filosofía. Para mí también es un placer leer los comentarios que arrastro, entre ellos los tuyos, asiduos y siempre oportunos.

  15. Lo del troll/profesor Vicente Gómez de traca. Pobres alumnos. Conozco a cantidad de licenciados en carreras de ciencias puras que en la vida real son auténticos analfabetos e incompetentes en todo lo que no sea su limitado campo de estudio.
    Ambas ramas del saber deberían ir de la mano. Encaminarnos hacia una fusión humanístico-científica para cualquier carrera que se precie en un futuro.

  16. El rol de género no es algo que se elija. No es conciente. Por lo tanto no se puede elegir. Lo demás es discutible y por eso supongo el enorme volumen de comentarios que la nota ha generado jaja :) Yo simplemente diré que muy lindo en la teoría, pero en la práctica se necesita mucho «orden» para que la sociedad sea funcional, si todo se mezcla les apuesto a que el mundo colapsaría. Por eso la educación es tan «cuadrada». Es porque somos como un enjambre de abejas, o encajas o estás fuera, y apuesto a que todo padre quiere que su hijo encaje… O no?? Nadie se va a poner a jugar a los dados con el futuro de los niños, así que no es tan fácil hacer cambios profundos en la educación…

    • Se elige -en la escasa medida en que se elige algo y en el supuesto de que el libre albedrío no sea una ilusión- la forma en que se ejerce y manifiesta la masculinidad o la feminidad (o cualquier otra opción), y eso es, básicamente, el rol. Y no todo padre quiere que su hijo encaje (aunque sí la mayoría seguramente), ni toda alternativa es jugar a los dados, aunque el azar siempre desempeñe un papel importante. No, no es fácil hacer cambios profundos en la educación; pero algunos pensamos que es urgente y necesario.

  17. En realidad, lo que sucede en el sistema educativo español es que los alumnos tienen que escoger entre Letras o mitad Letras/mitad Ciencias a los 15/16 años. Pues la modalidad de Ciencias (solo una, recordemos que hay también Humanidades y Ciencias Sociales, con los dos itinerarios diferenciados indicados en su título, y Artes) permite obtener el título de bachillerato cursando en 2º curso Inglés, Castellano, Historia de España, Galego(hablo de mi caso), todas obligatorias, Matemáticas II, Química, Biología(optativas de la modalidad), Historia del Arte(optativa de otra modalidad) y Francés II(específica). Echen cuentas de qué proporción de materias científicas habrá cursado el bachiller al entrar en la universidad.
    Por si hubiese alguien interesado en examinar cómo han cambiado (o no) las cosas desde el BUP/COU, les dejo un enlace: https://matematicasnarua.blogspot.com/2019/03/a-aparente-desaparicion-das-humanidades.html

    • Gracias por el interesante comentario y enlace. Y quede claro, por si mi condición de matemático pudiera sugerir lo contrario, que Platón me parece tan importante o más que Euclides.

      • Por si diese la impresión contraria, también yo opino lo mismo sobre Platón*. Lo que creo es que hay mucha sobreactuación alrededor de la desaparición de las humanidades, parece que se adivina la decadencia de Occidente porque la materia escolar de Historia de la Filosofía(Hª de la Filosofía, recordemos, que Filosofía sigue siendo obligatoria en 1º de BAC) sea optativa para los alumnos de Ciencias, cuando aproximadamente el 40% de la población no llega al bachillerato. Y cuando la materia es una enumeración apresurada de ~7 autores y obras, no la supuesta apertura del tercer ojo que algunos simulan.

        *Si cambiamos Euclides por Newton, ya no lo tengo tan claro ;)

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.