Ciencias

La pareja perfecta 

Arroz con habichuelas la pareja perfecta Foto Hungry Dudes CCpo
Arroz con habichuelas, la pareja perfecta. Foto: Hungry Dudes (CC)

Este texto ha sido el finalista del concurso DIPCLSC-Laboratorium en la modalidad de ensayo de divulgación científica de Ciencia Jot Down 2021. Puedes leer aquí el ensayo ganador y aquí el relato de la modalidad de narrativa.

Cocinero, cocinero,
enciende bien la candela
y prepara con esmero
un arroz con habichuelas.

(Antonio Molina, «Cocinero, cocinero»)

Louis Armstrong tardó casi cuarenta años en encontrar al amor de su vida. Corría el año 1939 y ya llevaba a sus espaldas tres matrimonios fracasados. Entonces, una noche de invierno en el Cotton Club de Nueva York, conoció a Lucille Wilson. 

Lucille era bailarina y cantante, y Satchmo se quedó inmediatamente prendado de ella. En una entrevista muchos años después, Lucille contó que a los pocos días de conocerla, Armstrong se presentó en el club y le dijo abiertamente: «Mira, pequeña… solo quiero decirte que todos estos tíos de la banda están detrás de ti. Y quiero que sepas que yo me apunto a la carrera». 

Durante los siguientes meses, Satchmo cortejó incansablemente a Lucille. Y cuando las cosas empezaban a ponerse serias, decidió someterla a la prueba definitiva, la que le diría si aquella era la mujer de su vida o solo un amor pasajero: le pidió que le cocinase un plato de red beans and rice. 

El pedido no era trivial. Armstrong era originario de Nueva Orleans, donde este plato es una auténtica institución. Aquella era su comida favorita, de la que nunca se cansaba y con la que más se identificaba. Era tal su pasión que durante una época firmó sus cartas con un «red beans and ricely yours». 

Pero si en lugar de ser estadounidense, Satchmo hubiera sido jamaicano, es probable que le hubiera pedido a Lucille que le preparase un buen plato de rice and peas. Y si hubiera nacido en Cuba, tal vez se habría decantado por unos moros y cristianos. Un Armstrong mexicano, habría pedido morisqueta; uno brasileño, feijoada; uno peruano, tacu-tacu; uno hondureño o salvadoreño, casamiento; uno costaricense o nicaragüense, gallo pinto; uno colombiano, calentao; uno chileno, arroz con porotos; y uno dominicano, quizás hubiera pedido una bandera dominicana. 

Todos estos platos comparten dos características. En primer lugar, cada uno de ellos es emblemático de su región y se considera un símbolo nacional. Es el sabor particular de estas recetas lo que el emigrante más echa de menos cuando está lejos de su país. Son platos a los que los cantantes locales dedican canciones y que se cuelan en las expresiones populares de la región.

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3 comentarios

  1. Qué buen artículo, señor. Combinar amor, yaz, arroz y porotos es un plato literario delicioso. Risotto y sopa de porotos no me faltan nunca. Doce horas en remojo los porotos marrones, y a hervirlos junto a una cebolla, papas, zanahorias, zapallitos y morrones; se consigue un menjunge marrón, denso y perfumado, delicioso, sin olvidar por cierto el pimentón molido, si es español, mejor todavía, el mismo que se usa para el pulpo a la gallega. Después de años pude conocer la receta del risotto tano: tostar a fuego vivo el arroz, sin aceite ni nada, solo revolviendo, cuando ya está doradito, medio vaso de buen vino blanco; cuando éste se evapora, verter el caldo o brodo continuando a revolver continuamente sin que pierda nunca la cremosidad; al final, junto a un poco de manteca y bajando el fuego, se puede poner lo que más les gusta, manzanas, peras, hongos, arvejas, crustáceos etc. etc; pero un buen fragante queso es lo ideal, Siempre revolviendo. Excelente lectura. Gracias.

  2. Mi madre siempre cuenta que cuando era maestra rural asturiana en los 60 y 70 lo habitual era que las familias que la acogían le dieran de comer un día garbanzos y al siguiente los garbanzos que sobraban con arroz. Otro día lentejas, al siguiente lentejas con arroz. Otro día fabes pintes, al siguiente fabes con arroz. Y así…una costumbre que llegó después a nuestra casa y aún hoy disfruto más del «segundo» uso de las legumbres que del primero.

  3. Qué hermosa historia, Jaime. Las madres, las legumbres y el arroz. Pareciera que entre ellas hay un acuerdo tácito, o una obligación que viene de lejano: reproducirse en granos para alejar la soledad a la hora de la mesa, con poca lumbre, en bullicio o en silencio, frutos del mismo ramo que colman la avidez del dia, que ahí afuera nos espera. Gracias por compartirla.

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