El velo y la libertad obligatoria

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libertad velo
Foto: Pablo Tosco, para Intermón Oxfam. velo

Es inevitable. Soy incapaz de no encorvar una ceja cada vez que la sabiduría popular me despacha un «allá donde fueres, haz lo que vieres». 

No es que el refranero castellano sea exactamente un dechado de concreción, pero esta recomendación con apariencia de aforismo siempre me ha parecido especialmente vaga e imprecisa. Tal vez sea útil como regla de supervivencia en la jungla de Sarawak, pero cuando el propósito no va mucho más allá de encajar en medio ajeno, no alcanzo a comprender por qué carajo tengo que hacer yo lo mismo que los demás, o más concretamente, por qué no hacerlo habría de suponer un problema. 

En realidad, no es más que una cuestión de límites. 

Hace tiempo, la madre de un amigo regresó escandalizada de la playa. No entendía que tres saludables jovencitas pudiesen comportarse de forma tan impúdica. Juzgó severamente sus valores, apeló indignada a la decencia de la juventud y describió lo que ante sus ojos se había mostrado como un repulsivo ejercicio de libertinaje. Básicamente, estaban tomando el sol y jugando al voléy-playa en topless. Toda una afrenta a la moral pública, oiga.

Las playas del país del que proviene la buena mujer están faltas de tetas al aire. Es la segunda vez que visita a su hijo, que vive aquí desde hace algún tiempo, y la primera que pisa la costa gallega, y lo que por estas latitudes no deja de ser una estampa típica del verano, sería impensable en las frías tierras a las que pertenece la señora.

Y es que, como comenté una vez aquí a propósito de un artículo sobre ética y apariencia titulado «Un dios salvaje», las pautas de conducta de una determinada comunidad —aquellas que a su vez sirven de referencia a sus integrantes para juzgar el comportamiento de los demás— son fijadas y estructuradas a través de sus circunstancias sociales y culturales, que actúan a modo de filtro definiendo los límites de lo que está bien y lo que está mal en un tiempo y espacio determinados.

El conflicto surge, como no podría ser de otro modo, cuando el entorno sociocultural de un individuo cualquiera difiere notablemente de aquel en el que se adentra. Por eso es tan difusa la frontera entre libertad y libertinaje. Porque el cristal con que se mira continúa siendo determinante.

Y me explico.

Libertad y libertinaje son dos círculos concéntricos de diferente radio donde el centro es la moderación más comedida y la circunferencia más alejada del mismo comprende el más salvaje de los excesos. En el área del menor de esos dos círculos se encuentran todos aquellos actos que una comunidad determinada consideraría meros ejercicios de libertad, y una vez rebasada la línea, en el área del mayor —acaso infinita—, se hallan los actos de libertinaje.

Como es evidente, el radio del círculo más pequeño tendrá una longitud mayor o menor dependiendo del grupo humano al que nos refiramos. Lo que aquí es considerado como burdo libertinaje, puede ser un simple ejemplo de libertad en Ámsterdam. Lo que para un par de jóvenes en la cama es hoy consustancial a su libertad, probablemente será una inmoralidad para una pareja de ancianos. O para otra pareja de jóvenes.

Siendo esto así, no es difícil entender dos realidades habituales. La primera es que un individuo que provenga de un entorno sociocultural más abierto, donde el ámbito de libertad sea mayor, adapte su conducta y no lleve a cabo actos que, aunque desde su perspectiva puedan parecer inocuos, en el nuevo entorno resulten escandalosos. Sería de esperar, por tanto, que dos personas no fornicasen a plena luz del día en una terracita del centro de Salamanca aunque procediesen de un lugar donde tal cosa fuese algo habitual.

La segunda de estas realidades camina en la dirección contraria. Carece totalmente de sentido exigir a quien proviene de un contexto sociocultural más cerrado que haga un uso exhaustivo de su libertad por el mero hecho de encontrarse en un entorno más liberal, obligándole a llevar a cabo actos que desde su punto de vista sean considerados indecentes.

Y sin embargo, lo hacemos. Cuando no entendemos las circunstancias del otro y nos asustan las diferencias, lo hacemos.

Buen ejemplo de ello es la desmedida importancia que damos en esta España rancia al uso del velo. Por supuesto, no pienso defender ahora conductas que atenten contra los derechos humanos, pero tampoco son esos los casos a los que me refiero.

Hablo de mujeres que han nacido y se han criado en un entorno en el que llevar velo forma parte de su tradición y costumbres. Mujeres que no ven nada de malo en ello, sino todo lo contrario. Mujeres que lo usan voluntariamente y a las que el cristal a través del cual observan el mundo lleva años diciéndoles que no hacerlo es un ejemplo de libertinaje.

Las pautas de conducta que rigen en nuestra sociedad nos dicen que somos libres para llevar velo o no —lo somos para llevar ridículas gorras y capuchas, cómo no vamos a serlo para usar un velo—. Sin embargo nos molesta que una extranjera acuda a nuestro país y no se descubra la cabeza. Se oyen voces que exigen que se adapte a nuestras costumbres. Que aquí eso no es normal. Que si quiere permanecer entre nosotros, ha de comportarse como nosotros. Bendita coherencia.

Se produce un conflicto derivado de la incursión de un individuo proveniente de un entorno sociocultural distinto en el nuestro, donde el ámbito de libertad es mayor —lo es por erosión—, y le exigimos que haga un ejercicio pleno de esa libertad, sin condiciones, aunque esa persona no se encuentre cómoda con ello.

Su conducta cabe dentro del derecho a decidir que nosotros sí tenemos. El radio del círculo menor del que antes me ocupé tiene una longitud mayor en nuestro entorno que en el suyo, y por lo tanto uno comprende al otro. Pero eso nos da igual. Aquí no es común usar velo aunque no haya nada que lo impida, así que pobre de la que lo lleve.

Ejemplos como este, por desgracia, hay muchos. Todavía hay demasiada gente a la que le parece lógico obligar a alguien a sobrepasar esa línea que delimita su ámbito natural de libertad. Y entre otros, el amigo al que me refería al principio de este artículo. La próxima vez que venga su madre, la obligaré a tomar el sol y jugar a vóley-playa con los pezones al viento. Porque es nuestra costumbre. Porque aquí eso es lo normal. Porque si quiere permanecer entre nosotros, ha de comportarse como nosotros. Ya verás tú qué bien le sienta. Bendita coherencia.

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23 Comentarios

  1. Si yo voy vestida como una monja, vosotras vais vestidas como unas putas… en occidente, si mi hija decide ser puta lo respetaría y la apoyaría.

    • No se puede ir vestida como una monja (a no ser que se lleve el hábito oficial de alguna orden) ni como una puta, puesto que la indumentaria (salvo en el caso de los uniformes propiamente dichos) no define a la persona que la lleva ni permite deducir su oficio. Que eso esté todavía tan poco claro hace muy oportunos artículos como este (excelente en su concisión y contundencia), que a estas alturas deberían ser innecesarios.

      • En la calle 12 por la cual pasó con mi carrito de aguacates está lleno de prostitutas y visten diferentes a las que no lo son.

  2. Qué tiempos aquellos en que la izquierda era izquierda antes que progresista y no se dedicaba a blanquear símbolos de opresión.

    La libertad de llevar cadenas como que me resbala.

  3. El articulista coge el rábano por las hojas. A ninguna mujer se le impide o reprocha llevar velo por la calle, allá cada cual, más estúpido es llevar mascarilla al aire libre y la mayoría de borregos la llevan. Lo que es a todas luces inadmisible es que una niña en un colegio o instituto público lo lleve, igual que las católicas no van con mantilla y peineta a clase. El ejemplo de Francia debería ser el espejo en el que mirarnos.

  4. Falta la cuestión esencial aquí: que por supuesto son libres de ponérselo, pero no de quitárselo. En una familia o entorno musulmán si una mujer decide no llevar velo será repudiada y represaliada. A partir de ahí, el velo siempre será un instrumento de opresión, sea elegido libremente por la mujer o no.

  5. Lo bueno es que aquí si vas a una playa puedes ver a las mujeres con bañadores enterizos, con camiseta, abuelas con bata, en bikini, en topless, con velo, y en según qué playas directamente en pelotas. Como les venga en gana, vamos. Eso en los países de los que provienen las defendidas en el artículo es impensable. Se vestirán como mande la policía religiosa y el varón que las tutele.
    Puestos a defender lo indefendible acabareis aceptando que según sus creencias y costumbres ancestrales les sigan practicando la ablación de clítoris. Para lo que ha quedado cierta progresía….

  6. Otro que se las da de progre blanqueando un abuso como defensa del multiculturalismo. Anda majete, date un paseo por esas barriadas plagadas de velos y burkas en Bruselas o Marsella y dime de verdad si eso es un avance o un retroceso.

  7. Aquí el autor patina de orilla a orilla. A lo que se refiere que nos indignados porque vienen a España con velo, es una maledicencia con fines… en fin, supongo que muy personales. Lo que NOS indigna a todos en España, señor mío, es que siendo top3 de países en el mundo que respetan los derechos de la mujer y luche contra macro y micromachismos desde las instituciones, se NOS venda que eso “son sus costumbres”, “es lo que han vivido”, “el círculo concentrico de las moras es así”, vale. Muy valientes es reprocharnos esta conducta pero, la pregunta es, vais a invertir dinero en liberar a estas mujeres de su cultura machista cuando pisen España, o no? O vais a aplaudir que lleven velo y no puedan abrir la boca delante del marido/patrón cada día? Y no hablo de moras monjas (existen? ni idea), sino de todas y cada una de las musulmanas. Ánimo.

    • Acaso no ves lo mismo a otra escala con mujeres que no visten como quieren por presión o incluso amenazas de su pareja?, pero como no es tan visible como el velo no importa. Hasta que punto puedes imponer una forma de vestir o castigarla. Está claro que en muchos casos, el velo es reflejo del machismo, pero en otros es costumbre sin ninguna coacción. Ni en todos los casos es costumbre únicamente, ni en todos casos es machismo.
      Ni blanco ni negro.

  8. Enhorabuena, Manuel, has tenido el valor y el acierto de tocar un punto sumamente conflictivo y de muy difícil abordaje. Te animo a escribir otro artículo en respuesta a estos comentarios (que tocan puntos importantes y dicen cosas acertadas, pero, en mi opinión, parten de un equívoco básico y muy difundido). Si no lo haces tú, tendré que hacerlo yo.

  9. Muy bien, pero también es una pauta de conducta y un item sociocultural que en dichas sociedades la mujer se someta al hombre, aceptando la violencia en su contra, incluso ¿Aceptamos que es ”lo normal” para ellas ? ¿Que es un uso de su libertad condicionada?

    En cuanto al velo, no habría ningún problema si ambos sexos lo usasen como símbolo religioso. Pero su uso es discriminativo, engarzando con el machismo opresivo de esas sociedades.

    Debemos legislar contra el velo? No lo veo tan claro, lo que obviamente no vamos a hacer es aceptar sin más que unos cuantos cientos de miles de mujeres se inhiban porque “es que su cultura”

    Y así con todo, hablas de “España rancia”. Que los rancios somos nosotros, a los que nos duele ver un 20 de julio a las 13.30h a un mujer enfundada en tela y al marido en bermudas. En esto ha quedado la “lucha por los derechos de la mujer”? La lucha y la batalla está aquí, y no en los mundos de yupi de cierta ministra.

  10. Vista la amenaza, nada disimulada por cierto, señor de Lorenzo, don Manuel, se lo ruego encarizadamente: escriba YA otro artículo

  11. Aquí donde vivo, en la Triple Frontera las barbas y velos son una plaga y procuran expandir su locura. Y no andan en actividades tan santas, hay acusaciones de que apoyan a grupos extremistas, otras de haber tenido participación en los ataques terroristas de los años ’90 en Argentina y hasta se habló de que el Osama anduvo de vacaciones por aquí.

    La mujer és algo sagrado para mi, y esos grupos me revuelven. Alguna señora turca protestó energicamente porque no se reservó un sitio publico (piscina) solo para su grupo porque según decía “no puede tirar el velo frente a personas fuera de su comunidad”. Esto és Brasil, no Turcomenistán ni Bin-Landia.

    Ya tenía 16 años en aquel 2001, y años después me dió por querer entrar a la división anti-terrorismo de la Polícia, más no fuí admitido por no ser nacido en el país, o por venir de un país libre de religión. Ni siquiera la ciudadanía por sangre adquirida por el consulado brasilero de Berlin prestó, para la fuerza debo ser considerado leal a la Stasi.

  12. Cuando leo todos estos comentarios que quieren defender a esas mujeres oprimidas sin importarles una mierda lo que piensen las susodichas, no puedo dejar de pensar que ese mismo perfil de persona en otros países y otras circunstancias es el que obliga a esas mismas mujeres a llevar velo. Os retratáis solos.

    • A mí particularmente me importa un carajo como va vestida la gente. No seré yo quien emprenda una cruzada para liberar a todas estas señoras del velo que las cubre. Lo que no trago es que se me venda lo que no deja de ser una mezcla de superstición y sumisión perruna al varón, como el súmmum de la libertad individual y de la progresía molona por parte del articulista.
      Es curioso que en las múltiples y variadas formas que se nombran como violencia machista esté contemplado el control de la vestimenta de las mujeres por parte del hombre, y en este caso la ministra y sus palmeros callen como muertos. Que igual muchas seguirían llevando el velo, no digo que no, pero si no hubiera presión probablemente más de una lo mandaría a paseo….

    • No es que no importe lo que piensen. El problema es la imposición y lavado de cerebro desde niñas. Si alguna osa rebelarse contra ello es repudiada en el mejor de los casos, por lo que la mayoría ni lo intentan. Te recomiendo que leas los artículos al respecto de Najat el Hachmi o Ayaan Hirsi Ali que conocen de primera mano el asunto. No se trata de paternalismo como pareces insinuar.

  13. En mi opinión las costumbres sociales locales sean correctas o no desde un punto de vista externo son fruto de una evolución histórica y por lo tanto propiedad de esa sociedad. En el momento que un individuo cambia de sociedad y por lo tanto se sumerge en otra perspectiva tiene la oportunidad de comparar y analizar los pros y los contras. Y lo valioso, creo, es la oportunidad de comparar y enriquecerse desde el análisis personal, donde se da oportunidad al cambio y a la evolución.

  14. En mi opinión las costumbres sociales locales sean correctas o no desde un punto de vista externo son fruto de una evolución histórica y por lo tanto propiedad de esa sociedad. En el momento que un individuo cambia de sociedad y por lo tanto se sumerge en otra perspectiva tiene la oportunidad de comparar y analizar los pros y los contras. Y lo valioso, creo, es la oportunidad de comparar y enriquecerse desde el análisis personal, donde se da oportunidad al cambio y a la evolución.

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