Música

John Williams: cincuenta y dos veces sí 

John Williams
John Williams. Foto: Cordon Press.

Si preguntáramos a un purista o a un estudioso del séptimo arte, probablemente lo negaría, pero abramos debate: el cine le debe a la música (casi) tanto como a la imagen.

Ya sea en presencia o en ausencia, se ha convertido en parte de su lenguaje. El uso que se hace de ella marca la diferencia entre una secuencia épica y una mediocre, y esto nos tienta a pensar que muchas películas han conseguido brillar por la música que las acompañaba. 

Es tentador también pensar que alguien le hubiera dado, alguna vez, el consejo de brillar a John Williams. Como si una persona, un ser de carne y hueso, pudiera desarrollar la capacidad de, literalmente, irradiar luz o reflejarla de algún modo. Según la RAE, se admitiría también como definición «sobresalir en talento» si es que hablamos, y es el caso, de una persona. 

Pero no seamos ilusos, no se trata solo de una cuestión de talento —aunque también—. Naturalmente, cuando uno está bien educado, bien cuidado y, por qué no decirlo, bien nacido, todo en la vida es un poco más fácil. John Williams nació con la música «en las venas», como se diría coloquialmente. Y es bonito pensar que la magia de la genética tuviera la capacidad de perpetuar generaciones de músicos en cada familia, pero lo cierto es que se trata más bien de una cuestión ambiental. 

En concreto, su padre, Johnny Williams, era un reconocido baterista y vivía de la música junto al icónico quinteto de Raymond Scott. La influencia de un músico apasionado daría, a su vez, lugar a una nueva generación de músicos. Así, dos de los tres hermanos de John decidieron en algún momento dedicarse a la percusión de forma profesional, y él, a los cinco años, tuvo la oportunidad de ingresar en la eminente escuela de música Julliard de Nueva York, donde dio ya claras muestras de una gran destreza musical. Otro pequeño aporte de la estirpe: su hijo, Joseph Williams, ha sido vocalista de la banda Toto intermitentemente.

Mientras empezaba su formación en el arte que lo llevaría al estrellato, tuvo su primer contacto con otro mundo que le sería bien conocido en un futuro próximo: el cine. 

A los seis años pisó por primera vez un estudio de grabación de Hollywood cuando acompañó a su padre a la grabación de la música de la película Rebecca of Sunnybrook Farm (1938) en el 20th Century Fox Scoring Stage. Veinte años después volvería a pisar un estudio para grabar la música de Daddy-O (1958).

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7 comentarios

  1. «Aun así, ser el hombre vivo con más nominaciones a los Óscar —cincuenta y dos, nada menos, solo superado por Walt Disney— »

    ¿Eso de incluir a Disney entre los vivos es porque está congelado, no?

  2. Williams es un genio, en el futuro sus composiciones van a ser clásicos, Star Wars es una genialidad insuperable. Otra cosa, king Kong efectos pobres? Una puta maravilla para la época, siga hablando de música, hombre

    • Pero como que hombre? ¿Pilar R. Laguna es un hombre, animál? Eso si lo que no veo yo claro es lo del congunto Los Planetas. Creo que no exsistian por entonces en 1977.

  3. He leído por ahí que cuando Spielberg le pidió la música para La lista de Schlinder, Williams le contestó que necesita un compostor mejor para aquellas imágenes. Lo sé, dijo Spielberg, pero están todos muertos. Y Williams hizo la maravilla que hizo.

  4. Para los degustadores de rarezas, este es uno de los siete discos que grabó a su nombre Johnny Williams, el padre de John Williams. Como se puede apreciar, era muy buen batería.
    https://www.youtube.com/watch?v=0vgIItP41CY

  5. Buen artículo, pero, en serio, ¿King Kong efectos visuales pobres? Pocos efectos más icónicos hay en la historia del cine.

  6. Diego Lorente Morales

    Me sigo quedando con el legendario,y muy añorado, Jerry Goldsmith.

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