Instrucciones para ver ‘La vida de Brian’ para un ‘gen Z’ que viene al mundo

Publicado por y Rubén Díaz Caviedes
la vida de Brian gen z
Life of Brian, 1979. Fotografía: HandMade Films / Python Pictures.

Queride gen Z:

Confiamos en encontrarle durante la etapa formativa de la vida. A fin de cuentas, usted nació entre 1995 y 2005 y ahora mismo tiene entre dieciséis y veintiséis años. Siempre existe la posibilidad, sin embargo, de que esté leyendo estas líneas dentro de muchos años, en la década de 2030 o 2040, después de encontrar este artículo por error en internet, copipegado en un subforo perdido o algo parecido. En ese caso será usted un gen Z plenamente adulto, algo que todavía no existe en 2022, y ya no resultará pertinente comerle la oreja. Le enviamos, pues, un saludo cordial desde el pasado y le invitamos a que interrumpa la lectura en este punto. No pierda el tiempo con este artículo; todo lo que le contamos en él usted ya lo ha aprendido.

¿Sigue ahí? Bien. Le escribimos porque sabemos que La vida de Brian ha dejado de formar parte del canon de grandes películas que se suelen descubrir precisamente en ese tramo de la vida que atraviesa usted en este momento, entre el final de la adolescencia y la primera juventud. Y eso es algo que ocurre ahora por vez primera. Para los millennials como nosotros (los nacidos entre 1985 y 1995 aproximadamente) La vida de Brian era un must cuando teníamos esa edad que tiene usted y antes que eso lo fue para los últimos miembros de la cohorte demográfica previa, la generación X. Ustedes, en cambio, los gen Z, han llegado ya al momento de descubrir La vida de Brian, pero parece ser que la han pasado por alto. Donde nosotros vimos una comedia existencialista y un clásico gamberro insuperable, ustedes han visto un cosplay de Aladdin protagonizado por gente que tiene los dientes regu y que va vestida como los pajes de las cabalgatas. Y se han dicho: wat. (Contexto: nosotros habríamos dicho «WTF», pero tenemos entendido que «WTF» ya resulta viejuno y que ahora se dice «wat», sin hache intercalada y sin signo de interrogación. Contexto del contexto: «viejuno» es también viejuno, ya lo sabemos).

Antes de continuar, una aclaración: no hemos venido a lamentarlo ni a lanzarle a usted reproches. No nos dedique todavía un «OK boomer» de los suyos, que podemos imaginar que debe tenerlo ya calentito en la boca. Estas cosas 1) pasan y 2) tienen que pasar, eso es un fact de la vida misma (o una verdad como un templo, como decíamos en la Antigüedad). Le ponemos un ejemplo para que usted vea que le entendemos: a nosotros, los millennials, nos pasó igual con El guardián entre el centeno. En nuestra época todavía regían muchos Grandes Principios Incuestionables y uno de ellos era que a cierta edad, sí o sí, tenía que conquistarte El guardián entre el centeno. Nosotros nos sentamos cumplidamente a leerlo, lo acabamos en dos tardes y al hacerlo nos quedamos igual que estábamos al principio. En otras palabras: que nos dio igual muy fuerte.

Algunos vivimos aquello con vergüenza, ya que aquel fracaso al completar el rito de paso a la edad adulta parecía probar nuestra falta de madurez o, peor aún, nuestra falta de inteligencia. Luego, con la edad, nos fuimos cayendo del guindo poco a poco y finalmente fuimos capaz de reconciliarnos con la idea de que no nos conquistase particularmente El guardián entre el centeno. Era una novela demasiado antigua para nosotros, tan sencillo como eso. Tenía sus temas universales y sus movidas superguapas, pero el mundo que retrataba había desaparecido hacía ya bastante tiempo y casi cualquier tabú que contenía había dejado de serlo antes incluso de haber nacido nosotros, no digamos ya a principios de los años 2000, en la época de nuestra adolescencia. Aquella novela podría gustarnos al leerla por primera vez o incluso gustarnos mucho, eso es siempre una opción; pero no iba a PETARNOS la cabeza, como les ocurrió a los boomers en su momento. Ya no podía hacerlo. 

Dicho esto, deje que le cuente a usted los basics sobre La vida de Brian. La vida de Brian es una película británica que se estrenó en la Antigüedad (1979) y que se ha venido considerando desde entonces como una de las mejores comedias jamás filmadas, si no la mejor de todas. La hicieron los Monty Python, un grupo de comediantes que quizá le suenen a usted por un GIF muy socorrido en el que entran atropelladamente en una habitación y gritan: «Nobody expects the Spanish Inquisition!». A lo mejor le suena en particular uno de sus miembros, John Cleese, porque fue quien puso la voz al padre de Fiona en Shrek (uno de los grandes villanos de la mitología gen Z, según tenemos entendido) y además defiende en Twitter a J. K. Rowling (otra que tal baila). La vida de Brian va sobre un judío que nace en Belén el mismo día que Jesucristo al que sus coetáneos confunden frecuentemente con él, esperando que haga milagros y cosas por el estilo. (Contexto: Jesucristo fue el hijo de Dios. Twitter era una red social de la Antigüedad. A J. K. Rowling ya la conoce usted, no hace falta que se la presente).

Aunque se trata de una película de humor, La vida de Brian se celebra por las lecciones que imparte sobre la esencia misma de la vida, que quizá se pueden resumir así: que no hay nada ni nadie verdaderamente sagrado y que todo, por lo tanto, es risible por principio. Tanto que la película no hace escarnio solamente de la religión, encarnada por los cristianos y los judíos de la película, o del imperialismo y el colonialismo, encarnado por los romanos; también lo hace del activismo político de izquierda, encarnado por el Frente Popular de Judea. 

No debe extrañarle, por tanto, que los miembros más jóvenes de la generación X y los millennials que vinimos después viésemos La vida de Brian durante la adolescencia o la primera juventud y nos quedásemos completamente shooketh. Como le decíamos un poquito más arriba, en la época de nuestra crianza todavía había Grandes Principios Incuestionables y otras convenciones de esa misma naturaleza. Entonces se creía en lo sagrado y a todos nosotros se nos obligó a tomar parte en sus liturgias y a respetar su gravedad. Había espacios sagrados, conceptos sagrados y personalidades sagradas.

A veces (las menos) esas cosas eran sagradas literalmente y otras veces (las más) eran sagradas figuradamente, pero eso daba igual; todas eran inviolables y reírse de ellas no era una posibilidad. Por eso tuvimos que aprender fuera de casa que reírnos de ellas sí era una posibilidad, por supuesto que lo era, y cuando lo hicimos aquello nos restalló en el cerebro con la fuerza de una revelación. Imagine usted la alegría que nos llevamos al ver caerse los yugos al suelo por todo el espectro que va desde la religión hasta El guardián entre el centeno. Respirar, ver la luz, dejar de poner mayúsculas: eso fue para nosotros La vida de Brian

Usted se crio con muchos de esos yugos ya apilados en el suelo, así que puede ver la misma película que vimos nosotros, pero no atravesar la misma experiencia que atravesamos nosotros gracias a ella. Y en el caso de su generación, además, La vida de Brian presenta problemas que no tienen que ver meramente con su antigüedad, sino con una transformación en el modo de pensar de la que ustedes son protagonistas. Si usted ya la ha visto, entonces sabrá cuáles son estos problemas, pero deje que los verbalicemos aquí para aquellos lectores no gen Z que también lean estas líneas (dese cuenta de que esto, que es muy obvio para usted, no lo es tanto para ellos).

La vida de Brian es una comedia decididamente progresista, hasta podría calificarse como extremista en este sentido, pero solamente lo es en lo tocante a la religión, la política y las grandes ideologías. En esta cinta escrita y protagonizada por cinco hombres, por el contrario, la dominación masculina del mundo no se somete a demasiados chistes, el feminismo no comparece y de las minorías sexuales es que mejor ni hablamos. Incluso hay un personaje, Stan, que expresa su deseo de que se refieran a ella como Loretta y aquello da lugar a un ciclo de chistecitos que durará toda la película. Ustedes, los gen Z, han dejado de reírse de estas cosas. Al menos, muchos de ustedes. No es que quieran hacerlo y contengan las ganas o que no tengan sentido del humor, como reza una acusación particularmente absurda que se le hace a su generación con frecuencia; es que, simple y llanamente, no les resultan graciosas. 

Y si entramos, ya sí, en consideraciones ideológicas y políticas, la cosa tampoco mejora. Al contrario. La vida de Brian constituye un ejemplo paradigmático de cierto modo de pensar que su generación se distingue ya por cuestionar abiertamente: ese progresismo anticuado y coñón liderado por una tropa de hombres que se santifica a sí mismo más que a sus propias causas y que no cuenta entre ellas, no de verdad, ni al feminismo ni a la igualdad radical entre géneros, identidades y orientaciones sexuales; ese inconformismo más escenificado que real, tan característicamente boomer y masculino, que está conforme íntimamente con una parte importante de las tiranías del mundo, las que tienen que ver con lo que llevamos cada cual entre las piernas o con lo que hacemos con ello. Ese progresismo, en resumen, que ustedes, poco a poco, están dejando de considerar tal cosa. Para ustedes, La vida de Brian ya no tiene ese valor que tenía para nosotros: que se reía de todo y al hacerlo contribuía a ponerle solución. Para ustedes, La vida de Brian guarda silencio precisamente en los temas de los que es más urgente reírse hoy y al hacerlo contribuye a su perpetuación. 

la vida de Brian gen z
Life of Brian, 1979.
Fotografía: HandMade Films / Python Pictures.

Ahora está el panorama embarullado con palabras gruesas en torno a LOS LÍMITES DEL HUMOR *truenos*, la CULTURA DE LA CANCELACIÓN *relámpagos* y otros nombres rimbombantes para referirse a cosas que son más viejas que un bosque. Nosotros, ya nos ve, somos repipis y relamidos, pero no hemos venido a ponernos estupendos en esos temas. No es en esta ventanilla. Lo que hemos venido a decirle aquí es que si, por azar o desdicha, acaba viendo La vida de Brian, no debe pensar que usted y nosotros venimos de planetas distintos; solo de épocas diferentes. Y que debe tener en cuenta que, a diferencia de lo que ocurría unas cuantas líneas más arriba, también existen cosas que son obvias para los demás, los que son mayores que usted, y que a usted, jovencite, le pasan desapercibidas. ¿Quiere saber una? Ahí va: dos épocas distintas, incluso si son sucesivas y cercanas en el tiempo, a veces son de naturaleza más desigual de lo que lo serían dos planetas. De momento, tendrá que fiarse de nuestra palabra. Lo comprenderá plenamente cuando haya tenido tiempo de verlo con sus propios ojos, cuando el mundo cambie una vez más y usted entre en la segunda época de su vida. Cuando deje de celebrar todos los yugos que ha tirado y empiece a percatarse de todos los que ha pasado por alto. Ya verá, ya. Ya verá qué risa. 

En La vida de Brian, Matías, hijo de Deuteronomio de Gaza, le decía a su mujer que el lenguado de la cena era digno del mismo Jehová y la cosa acababa en una concatenación de lapidaciones: la suya, la del rabino que dictaba la sentencia y la de una voluntariosa lapidadora ataviada con barba postiza. Esta secuencia retrata con exactitud lo que nos pasa a los seres humanos cuando damos ese salto mental que tanto nos pide el cuerpo y pasamos de estar convencidos de algo a creerlo sin cuestionamiento: que dejamos de hacer pie y acabamos rezando a una sandalia. A nosotros nos aterra un poco convertirnos en eso, ya lo habrá notado. Y usted haría bien en albergar ese mismo miedo. Tiene usted el mismo problema que tuvimos nosotros en su momento y que suelen tener, una tras otra, todas las generaciones de jóvenes que se van sucediendo en el mundo: que tienen la razón. Y al dogmatismo solo se llega así, teniendo la razón al principio. 

Que nos lo digan a los millennials, que acabamos de aprender precisamente eso. Y ha sido por su culpa gracias a ustedes, los gen Z, después de habernos relevado definitivamente en el trono de la juventud y de hacer que sus puntos de vista empiecen a escucharse. Nosotros, aquí donde nos ve, estábamos convencidos de haber decapitado y echado abajo todas las estatuas del mundo. Estábamos convencidos de que habíamos dinamitado el concepto mismo de lo sagrado al celebrar con júbilo blasfemias como, precisamente, La vida de Brian. Y ahora resulta que llegan ustedes con su TikTok y su Twitch y su querencia incomprensible por las gafas con monturas de alambre a evidenciar que no, que no hemos desacralizado nada. Que sencillamente hemos profanado algunas cosas, pero hemos consagrado otras. Que hemos instalado nuestras propias estatuas en el mundo y que hemos edificado nuestras propias catedrales, como la que tenemos dedicada a los Monty Python. Y que ahora, cuando alguien nuevo se propone dinamitarla, nos hemos atrincherado en ella y nos decimos que no, que no vamos a rendir la plaza.

Y la ironía es tremenda, fíjese bien, cuando se trata precisamente de los Python y de La vida de Brian. Cuando se estrenó la película hubo turbamultas en la puerta de algunos cines para prohibir su proyección. Hubo manifestaciones de monjas en Londres y concentraciones de rabinos en Nueva York. En Noruega estuvo prohibida durante un año. En Irlanda, durante ocho. Ahora, ya ve, a los seguidores de Brian no nos basta con haber hecho la revolución y con haber asaltado el cielo con éxito; ahora aspiramos a la Revolución Permanente. Y a tal efecto vestimos los mismos hábitos que llevaban entonces aquellos rabinos y aquellas monjas y nos enfurruñamos cuando los jóvenes nos dicen que a ellos La vida de Brian les importa un carajo. A.K.A la vida misma. Nada nuevo por aquí. Aunque le digan lo contrario, desde que el mundo es mundo las generaciones precedentes llevan dándose sartenazos con las posteriores porque no les hacen gracia los mismos chistes. Por remoto que le parezca todavía, por más que piense usted que no, créanos: a usted le pasará igual. Llegará también el día en el que usted será el boomer.

Así que, en esta época común que compartimos, le rogamos que llegue usted a una entente cordiale con nosotros: no le pida a usted a una película de hace más de cuarenta años que sea respetuosa con los cánones de la era actual y nosotros no le pediremos a usted ni a su sensibilidad actual que acepte sin objeciones un producto de otra época. Y si acata estos términos y resulta que el karma existe, entonces sus hijos y ustedes lograrán reeditar un acuerdo igual dentro de treinta o cuarenta años y ellos, sus hijos de ustedes, no se dedicarán a pormenorizar todo lo malo que tiene Shrek. Que todavía no sabemos qué es, es imposible saberlo, pero, háganos caso: para entonces, algo malo tendrá.

Y para celebrar que hemos llegado a un entendimiento y que no nos vamos a hacer la guerra, le invitamos a que visite nuestra catedral y a que vea La vida de Brian. Queremos pensar que a esta película le ocurre lo mismo que a las catedrales de verdad: que resultan admirables, aunque uno no sea creyente. Y si después de la visita nuestro culto le resulta a usted ridículo y poco digno de admiración, pues mira, pst, tampoco se va a acabar el mundo. Piense que a nosotros nos pasa igual con los cultos anteriores y que hay gente por la calle ahora mismo con el cráneo pelado y un fondo de pensiones creyendo ser la viva imagen de Holden Caulfield, el protagonista de El guardián entre el centeno. No le guardaremos rencor. No podríamos, aunque quisiésemos. Nos lo impide nuestra religión. Somos el coro bufo de crucificados que compartió suerte con Brian, silboteando como imbéciles el himno que nos legaron los Python y repitiendo Su Palabra, esa que dice que hay que tomárselo todo a chufla: la vida, la muerte y hasta la chufla misma. Hasta la propia Palabra. Así que, si no quiere verla, ¿sabe lo que le decimos? Que no la vea. No es para tanto. Y a los Monty Python, que les follen. ¿Lo ve? Cuando se trata de La vida de Brian, es imposible no estar de acuerdo.

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17 Comentarios

  1. ¿Como que el lenguado de la cena? Lo que era digno del mismo Jehová era el bacalao que me preparó mi mujer

  2. Es cierto que los Python se rieron de la religión en esa peli, pero eso de que no había sitio para las mierdas de género…
    Lotetta es el ejemplo.

    Y es que el progresismo es un bluf iconoclasta y, precisamente por eso, idólatra e idolátrico.

    Por lo demás… No hay nada que impongan los jóvenes, sino aquello que sus padres les meten (o les quitan) de la cabeza. Y hoy, precisamente hoy, las cabezas están muy muy huecas.
    Y esto te lo dice un Z.

  3. Este artículo ha tenido el efecto de un mazazo sobre mi ser.
    Soy del 84, y me he dado cuenta, de golpe y sopetón, que no soy ni tan siquiera millennial.
    Ha sido como cuando me llamaron señor por primera vez.
    Con respecto a la peli decir que, como obra maestra que es, trasciende toda generación y sensibilidad pasajera.
    Nadie me ha tenido que explicar que quería mostrar en sus películas Kubrick, Kurosawa o Ford, rodadas muchísimo antes de yo nacer, y no creo que a los Z tampoco.
    Lo que si que es viejuno es mirar a las nuevas generaciones como si estuviesen formadas por una caterva de inútiles.

    • Eso es,muy de acuerdo, en sí lo que hace que me piquen los ojos es el hecho de que este artículo exista, aunque me gusta la forma escrita divertida i com gracia. Es ridículo, estamos tan traumatizados que pedimos perdón por cosas tan bonitas como el humor o las risas? El que no tenga la CAPACIDAD de entendimiento, que busque algo que le guste y adiós muy buenas. Los demás seguiremos a la zapatilla…

  4. Tampoco es cuestión de andar haciendo proselitismo. Si no les gusta la peli allá ellos. Al que le ofenda se le manda directamente a paseo por amargado y tan amigos.

  5. ¿Por que se dice lo de “otra que tal baila” sobre JK Rowling? ¿Esta no es la de Harry Potter? ¿Qué tiene que ver con la vida de Bryan? Debo ser pre-millennial, porque no lo pillo.

  6. Precisamente lo sagrado e intocable ahora mismo son las identidades de género, el feminismo etc.
    Y este artículo mismo lo demuestra al remarcar que hemos tirado los yugos de lo sagrado religioso pero que mal el enfoque masculino, la poca representación femenina y los chistecitos de Lotetta. Por qué? Porque es el nuevo inotable. No se rían de eso, que ni os haga gracia.

  7. En sí lo que hace que me piquen los ojos es el hecho de que este artículo exista, aunque me gusta la forma escrita divertida i con gracia. Es ridículo, estamos tan traumatizados que pedimos perdón por cosas tan bonitas como el humor o las risas? El que no tenga la CAPACIDAD de entendimiento, que busque algo que le guste y adiós muy buenas. Los demás seguiremos a la zapatilla…

  8. Me he reído mucho… Pero el resumen del artículo viene a ser: no nos juzgues tan duramente, que mañana te juzgarán a ti.
    Más tolerancia y menos sacralizar. En fin, mentes más abiertas

  9. Me he reído mucho… El resumen del artículo viene a ser: no nos juzgues tan duramente, que mañana te juzgarán a ti.
    Más tolerancia y menos sacralizar. En fin, mentes más abiertas.

  10. Estoy jodido, no soy Z, ni millenial ni X. Ya voy de 4°😓. En fín, me ha hecho gracia lo de las gafas de alambre porque en mi generación un tipo con esas gafas era un psicópata sí o sí. Me dan muy mal rollo. Me viene a la cabeza Mark Chapman o los psicópatas de Harry el Sucio…

  11. Si el autor cree que un gen z va a pasar del primer párrafo de su texto de autojustificación es que no es millenial, es iluso.
    Mi recomendación es que le cambie el título por: A mi me gustó la vida de Brian, tío ¿y a ti? Y ya seguís con la conversación en la sección de comentarios.

  12. Aqui un nacido en el 80, nunca hubiera dicho que se puede hacer un articulo malo o aburrido sobre la vida de brian

  13. No me cabe en la cabeza que a alguien le parezca un mal artículo, cualquier gen Z (incluso algún millennial tardío) con un poco de sed de cultura lo recogerá a bien y quizás comprenda un poquito más como funciona el mundo en el que respiramos. Gracias al autor por su tiempo y saber expresar de forma impecable algo que muchos pensamos. Saludos de un millennial del 88.

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