
Es probable que el lector o lectora haya experimentado en algún momento la extraña sensación de sentirse rodeado de inútiles. Es una percepción que puede antojarse insólita y marciana en un primer momento, pero que en realidad resulta más natural y común en el ser humano de lo que uno podría imaginarse. Sobre todo porque las estadísticas, las experiencias empíricas y los principales estudios sobre el tema demuestran que la mayoría de gente padece de ese problema: el de ser irremediablemente incapaz, torpe e incompetente.
Pero ¿existe algún medio de ponderar la incompetencia? La verdad es que no está muy claro, porque todo el mundo sabe que es el único valor de nuestra especie junto con la estupidez, que siempre tiende a infinito. Lo que sí existe es un hombre que trató de acordonar las razones por las que la ineptitud tenía lugar: el doctor Laurence Johnston Peter (1919-1990). Pero antes de conocer a Peter tenemos que hablar de otro caballero, de un señor ofuscado.
Un hombre huraño
A finales de los años sesenta, el escritor, dramaturgo y periodista canadiense Raymond Hull (1919-1985) vivía enfadado con el mundo. Todo aquello que le rodeaba parecía ser obra de gente bastante cortita que evidentemente no sabía hacer bien su trabajo. Un día, Hull se aventuró en una tienda de muebles para comprar una lámpara y descubrió, tras pedir al dependiente que las enchufase primero, que toda las luces para escritorios a la venta estaban estropeadas y ninguna funcionaba por culpa de unos conmutadores defectuosos.
En otra ocasión, Hull hubo de encargar varios metros cuadrados de aislante para las reformas de su casa, y al hacerlo se molestó en comprobar en persona que los empleados anotasen correctamente la cifra exacta que demandaba. Cuando recibió el pedido, descubrió que no solo le habían enviado una cantidad errónea, sino que además le habían pasado la factura por otra cifra completamente distinta y también equivocadísima.
Al mudarse de domicilio, Hull no fue capaz de lograr que el servicio postal redirigiese su correspondencia a la nueva ubicación, en lugar de eso, los carteros reenviaron durante meses el correo a las diferentes viviendas futuras de los inquilinos que utilizaron el mismo apartamento.
Cuando Hull preparaba ponencias se encontraba con que ningún enchufe en el salón de actos funcionaba. Cuando observaba el panorama educativo, descubría que los universitarios eran incapaces de leer correctamente. Cuando abría el periódico, contemplaba noticias sobre torres y puentes que derrumbaban por culpa de errores humanos de cálculo o previsión. Cuando repasaba la historia bélica del mundo, se topaba con buques cuyos depósitos de agua potable habían sido revestidos con pintura venenosa por algún iluminado, o con decenas de mandos militares rematadamente idiotas a cargo de ejércitos enteros.
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Jot Down ės una maravilla. Por artículos como este. Gracias.
Excelente artículo con sorprendente revelación al final. ¡Muy bueno!
Mi admiración por tan brillante articulo. No solo esta escrito con mucho gusto, también destila una ironía tan elegante como precisa. Gracias
Excelente artículo. Bien documentado, inteligente, brillante y con humor satírico. El final, de 10.Imposible no compartirlo.
Gracias por estas publicaciones. ¡Magnífico!
Me encanta como escribes Diego
Pero hombre, si este artículo es como una sinopsis de la serie «The Office»…
Hace tiempo que un artículo no mantenía mi interés hasta el final, y el final es lo mejor si cabe… a este escitor habría que ascenderlo ?
o descenderlo, a saber !!
Nunca supe como acabó un ejemplar de El Principio de Peter en casa de mi abuelo, que no era de muchos libros, por lo que acabé leyéndolo en uno de esos largos veranos del final de mi infancia. No sé si fue por los teatrales ejemplos de incompetencia que exponía, o por la extrañeza de encontrarme un libro así en una casa de lo que hoy llamaríamos la España vaciada, el caso es que siempre lo he tenido presente en mi vida. Por eso me ha encantado conocer todo lo que hay detrás de ese libro, incluida la sorpresa final, en un artículo tan bien escrito y divertido.
Excelente artículo. Gracias!
Muy buen artículo.
La cita final de Ortega y Gasset, como tantas citas que se pueden leer en internet, parece inventada. La he buscado en sus Obras completas en formato pdf y no aparece por ningún lado. Y en internet nadie da su origen.
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