Humor snob Ocio y Vicio

Los anti-Nobel

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Esta foto tiene una explicación, pero se encuentra al final del texto. Imagen: Linnaea Mallette (DP).

A mediados de los años sesenta el doctor Cecil Jacobson, la persona que comandaba la Unidad de Genética Reproductiva en la Facultad de Medicina de la Universidad George Washington, llevó a cabo una proeza médica increíble: consiguió dejar embarazado a un mono babuino macho colocándole en la cavidad abdominal el óvulo fertilizado de una hembra. O al menos eso es lo que dice él, porque dicho logro nunca se divulgó en publicaciones científicas, no existen pruebas sobre la hazaña y supuestamente Jacobson decidió abortar el embarazo del mono a los cuatro meses (la gestación en los babuinos dura siete).

En aquella época el doctor era una figura respetable al ser un pionero de la amniocentesis y el principal consultor de las mejores clínicas de fecundación in vitro de Estados Unidos. Pero a finales de los ochenta las cosas se le torcieron un poco al descubrirse que había engañado a varias de las pacientes, que se sometieron a sus métodos de inseminación artificial, haciéndoles creer que estaban embarazadas cuando no era cierto (el doctor mostraba en las ecografías diversos órganos internos o materias fecales y aseguraba que aquellos borrones eran el feto).

Las investigaciones provocadas por las denuncias de sus clientas revelaron algo incluso más jodido: que Jacobson se había dedicado durante años a inseminar con su propio semen a varias de sus pacientes. Las pruebas de ADN confirmaron que el doctor era el padre de quince de las criaturas nacidas gracias a la inseminación artificial en su clínica, pero las sospechas apuntaban a que en realidad el hombre era el progenitor de al menos sesenta niños más. En la mayoría de aquellos casos Jacobson engañó a las mujeres aseverando que el semen provenía de donantes anónimos. En un caso concreto el doctor sustituyó los espermatozoides del marido de su paciente por los suyos propios.

En 1992 una asociación muy respetable decidió premiar los esfuerzos de Cecil Jacobson al concederle un galardón en el campo de la biología por ser un «implacable y generoso donante de semen, un patriarca prolífico del banco de esperma y el inventor de un sencillo método de control de calidad que puede ser llevado a cabo con solo una mano».

Durante el ocaso de la década ochentera un curioso anuncio comenzó a aparecer en las contraportadas de revistas como Harper’s o Mother Jones promocionando una «excepcional litografía de calidad, ideal para ser enmarcada y exhibida, que proporcionará muchas horas de fascinación y disfrute». Se trataba de un maravilloso póster de penes de animales titulado Penises of the Animal Kingdom. Doce falos de diferentes especies dibujados a mano por un caballero llamado Jim Knowlton y colocados por tamaño (de mayor a menor) en el siguiente orden: cachalote, elefante, jirafa, toro, caballo, cerdo, marsopa, carnero, cabra, hiena, perro y por último humano. Una fabulosa pieza que por tan solo nueve dólares cualquiera podía colgar en salón ante el regocijo de la familia cercana para provocar enriquecedores debates sobre qué clase de perro superdotado tenía Knowlton en su casa.

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10 comentarios

  1. Excelente! Me he reído de buena gana. Propongo un Ig Nobel a los recopiladores y divulgadores de tamaños descubrimientos que, realmente, algunos obligan a reflexionar.

  2. Hugo Sosa Ferreyra

    Faltó mencionar uno de hace varios años que decía algo así como «La gran efectividad para quitar el hipo introduciendo el dedo índice por el ano …» Siempre he querido saber cómo es que nació la hipótesis y cuantas pruebas experimentales habrán realizado.

  3. Qué risa!

  4. Gracias por el artículo,me he reído un montón.

  5. María Teresa González Linaje

    Gracias por esta maravillosa relación de locuras, creo que nunca me había reído tanto, toda una medicina antiestrés.

  6. Susana Sugrañes

    Estupendo y divertido artículo.

  7. Susana Sugrañes

    Por cierto, ¿alguien sabe dónde venden el repelente sónico de adolescentes?

  8. Siendo científico como soy, me he reído un buen rato con este artículo. Peeero, algunos de los Ig Nobel que se han dado no han sido precisamente invesigaciones que pudiéramos considerar completamente absurdas e inútiles, por ejemplo, demostrar que los machos de cierta especie de escarabajos «copulan» con botellas de cerveza de color ambar que se han dejado tiradas en el campo. Este experimento se ha hecho famoso y yo lo he visto ya referenciado en al menos 2 libros completamente serios sobre etiología y las bases de la atracción sexual en diferentes especies. Las hembras de esta especie tienen un color ambar en época de celo, y vistas desde atrás (algo que también hacemos los humanos cuando tenemos ciertas intenciones…) la forma de su abdomen no es muy diferente a la de las botellas de esa marca de cerveza, por tanto se demostró que en el caso de esos escarabajos las feromonas no jugaban un papel importante en la atracción sexual, echando por tierra las teorías que decían que en el mundo de los insectos estas eran insustituibles como atractores sexuales.

  9. Francisco J Yebra Ferro

    Magnífico artículo. Solo un ‘pero’. Traduce mal la expresión ‘Fluid dynamics’: en física, se refiere a ‘dinámica de fluidos’, y no a ‘fluidos dinámicos’ como indica en la investigación de las heces de los pingüinos y de caminar con una taza de café.

  10. Algunos suenan como ciencia bastante avanzada. Recuerdo que hace unos años un chileno ganó el de Física por un estudio sobre cómo la forma en que un material se arruga sirve para predecir algunas de sus propiedades. La lista es muy graciosa, pero faltan algunos «clásicos», como el de la «Simetría escrotal en las estatuas renacentistas» o «Probabilidad de TEC por caída de cocos en una ciudad del trópico».

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