Arte y Letras Historia

El historiador que acabó con la infiltración policial: Hayden White contra el Departamento de Policía de Los Ángeles

Hayden White en 1974. Foto Wesleyan University Archives (DP)
Hayden White en 1974. Foto: Wesleyan University Archives (DP)

Anger: hostility towards the opposition

Anger: hostility towards the opposition

Anger: hostility towards the opposition

Anger: hostility towards the opposition

(Rey Oropeza, downset., «Anger»)

El jefe Davis contra Charles Manson

Si esta historia fuese una película, una de esas de David contra Goliat, del ciudadano contra la institución, del pequeño contra el grande, el jefe de policía de Los Ángeles Edward M. Davis podría ser el villano perfecto. 

Su nombre le sonaba, a finales de los 60, a toda América: era quien figuraba como asesor técnico policial en los créditos de la serie Dragnet, prácticamente creada por su jefe, el histórico William H. Parker, que con ello inventa (atención guionistas) el police procedural moderno, habiendo sido incluso productor de la citada serie. Quizá por ello había Davis entendido desde el principio el poder de la televisión, y decidió dar un golpe de efecto para ganarse del todo el favor del público.

El 10 de agosto de 1969, miembros de la familia Manson irrumpen en el 10050 de Cielo Drive y asesinan a seis personas, entre ellas a Sharon Tate, actriz embarazada de ocho meses y medio. Los días, semanas, meses pasan y la presión policial por resolver los crímenes es tremenda, como Bugliosi y Gentry describen en su clásico Helter Skelter. En el libro también se describe cómo Davis quería convocar una gran conferencia de prensa incluso antes de confirmarse quiénes eran los asesinos; los detalles empiezan a filtrar a la prensa y un enfurecido Davis obliga a todos los que trabajan en el caso a hacerse la prueba del polígrafo. 

Finalmente, a riesgo de perder la exclusiva e incluso sin indicios definitorios, Davis convoca una rueda de prensa ante doscientos periodistas de todo el mundo y anuncia, atribuyéndose de forma indirecta el mérito y obviando cualquier otra colaboración, que el LAPD había resuelto el caso. 

Davis sabía, en efecto, manejar a los medios y no se cortaba en soltar escandalosas declaraciones que le salían gratis: pidió «patíbulos portátiles» para «cuando tengamos de nuevo pena de muerte», despreció abiertamente las cualidades de las mujeres policía y cuando fue invitado a asistir al desfile del Orgullo Gay respondió que prefería apoyar la terapia de conversión.

Henchido de poder y deseando poner en práctica nuevas estrategias y técnicas policiales que reflejaría en su libro Staff One, decide enfrentarse al que, a sus ojos, era el mayor problema de la ciudad: las bandas angelinas.

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2 comentarios

  1. «Edward M. Davis podría ser el villano perfecto…» Creo que aparece bajo el nombre de Duddley Smith en la Trilogía de L.A. del gran James Ellroy, que al final es más un escritor de «novela histórica» que de «novela negra»

  2. Pingback: Richard Bueno Hudson: «Hablar bien y hablar mal, en el mundo de la sociolongüística, es tabú. Eso no es así porque cada uno habla como habla» - Jot Down Cultural Magazine

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