
La música ya no es lo que era. Todos los discos que se han facturado más allá de los setenta no merecen la pena. Los jóvenes tienen el cerebro tan licuado por las aberraciones sonoras actuales como para no ser capaces de reconocer el virtuosismo musical ni aunque lo tuvieran delante, resoplándoles en los morros. Todas estas son afirmaciones que anuncian una certeza incuestionable: que a aquellos que las proclaman ya les empieza a oler el cuerpo a arena. Y no hay motivo para la alarma, porque las mencionadas aseveraciones son un discurso recurrente y cíclico que se repite generación tras generación. Y también son un síntoma de que quien las dispara ya se ha convertido oficialmente en lo que se considera un Viejo Cascarrabias.
La música pretérita da la impresión de sonar mejor y tener más lustre que la actual. Y no solo los mitómanos se dedican a, en una era marcadamente digital, seguir coleccionando ediciones físicas de éxitos firmados hace ya unas cuantas generaciones. Sino que la juventud también parece gravitar hacia la música del pasado a la hora de rellenar las estanterías. Todo esto, sumado a las quejas habituales que cuestionan el talento de esos nuevos artistas amigos de forrarse con autotune los berridos, o de producir sus temas desde su propia habitación entre murallas de Funkos y sentaditos en una silla gamer, ha propiciado que el consenso general sea el recurrido «la música ya no es lo que era». Pero hay bastante miga que escarbar en esa afirmación.
Awesome Mix
En 2014, la banda sonora de Guardianes de la Galaxia donde se recopilaban los temas que Peter Quill (Chris «Star-Lord» Pratt) portaba en su vetusto walkman, se encaramó a la primera posición de las listas de ventas durante varias semanas. Lo llamativo del asunto es que las canciones del disco no eran temas originales compuestos para la película, ni tampoco producciones contemporáneas del momento del estreno, sino éxitos muy conocidos de los años sesenta y setenta, cuatro décadas antes de que los Guardianes aterrizasen en pantalla, cuando la mayor parte del público de la película de Marvel ni siquiera había nacido.

A principios de 2022, la empresa Luminate Data, dedicada exclusivamente a analizar las cifras de ventas de tonadillas, observó los números que se facturaron en el mundo musical y concluyó que la «música vieja» representaba en dicho momento el setenta por ciento del mercado en el territorio estadounidense. Es cierto que se trata de una afirmación que habría que agarrar con pinzas largas, porque lo que la propia empresa consideraba «música vieja» eran todas aquellas canciones con más de un año y medio de edad. Pero también lo es que aquel porcentaje evidenciaba que en cuanto a consumo, los hits actuales parecen tener las patitas más cortas y que muchísima gente preferían rellenar sus playlists con clásicos del ayer, y con ese otro tema en el que todos estáis pensando. En realidad, lo que vendrían a reflejar aquellos números es que el público seguía consumiendo música de generaciones anteriores. Al mismo tiempo, ciertas vías para estar al tanto de las novedades actuales en la industria parecen haberse desmoronado: la ceremonia de los Grammy Awards ha tenido durante los dos últimos años una media de ocho millones de espectadores, que no solo están muy lejos de los casi diecinueve millones que sumó en 2020, sino que además gravitan a varios años luz de los cuarenta millones que congregaba el mismo evento en 2012.
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De acuerdo en el sentido generacional de la industria musical en tu artículo. Pero lo de
«Quizás no exista demasiada diferencia entre el zagal que no tenía ni idea de afinar y descubre que puede cantar gracias al autotune y el otro chico que, varias décadas atrás, no tenía ni idea de música pero fue consciente de que podía provocar sonidos molones aporreando una guitarra», no hay por dónde cogerlo, el que se cogió una guitarra u otro instrumento tuvo que pasarse malos si no décadas aprendiendo a tocar su instrumento, aprendiendo música y después componer su propia música y arreglos. Mientras que el del autotune copia fragmentos de clásicos (mira tú por dónde) y en media hora hace una canción que dentro de un año o un par de meses nadie recordará, es como comparar a Jimi Hendrix, Page, Miles Davis, Paco de Lucía o Andrés Segovia con Bizarrap o cualquier producto de la industria actual que caerá en el olvido precisamente por carecer de la sofisticación que conlleva el apropio arte musical.
Quería decir años no «malos» y propio no «apropio»
Que si quiere bolsa.
Sí, y póntela sobre la cabeza bien apretada hasta que te ahogues.
¿Qué te hace pensar que hacen las canciones en media hora? Probablemente seleccionar los fragmentos de clásicos y remezclarlos y retocarlos en el ordenador es un proceso bastante complejo y minucioso. Y aprender a usar esas herramientas de forma competente les habrá llevado un tiempo. No sé si más o menos del que cuesta aprender a tocar la guitarra o la batería, pero también depende del talento natural para tocar instrumentos o manejar ordenadores.
Alguien puede hacer canciones en media hora, con el ordenador o con una guitarra, cuando tiene varios años de experiencia usando dicha herramienta. Obras maestras de la música que se han compuesto en diez minutos las hay a patadas, pero porque los que las hicieron ya tenían un conocimiento previo y una experiencia en usar las herramientas de su profesión.
Bueno es que el proceso de seleccionar, retocar y usar aplicaciones informáticas, no es comparable al proceso de aprender y estudiar uno o varios instrumentos, teoría musical, composición y arreglos. Son ámbitos muy diferentes. Me pasé con lo de la media hora, seguro que les lleva más pero también estoy seguro que no les lleva 20 años o una vida de práctica constante y estudios.
No creo que las herramientas informáticas y los instrumentos musicales sean los mismo ambas son herramientas pero con un funcionamiento completamente diferente. Si para tí son los mismo lo respeto tus razones tendrás y todo depende de tus preferencias y de lo que busques o demandes a tus artistas.
La mera equiparacion de todos esos con Andrés Segovia es tan aberrante como hacerla de esos con Bizarrap, otra cosa es que por tus gustos no lo creas.
Intentaba abarcar instrumentistas que destacaron en épocas anteriores, no comparé a Miles Davis con Andrés Segovia. Comparé a esa serie de músicos de con uno actual.
Y si , esto ya no es lo que tendria que
haber sido , señores lo que el personal
necesita es lo mejor , y esto me da la impresión de que no .
Dame lo mejor y ya me iré acostumbrando a descartar lo más malo
Necesitamos algo mínimamente ”cultural-decente,»para ir haciéndonos el cuerpo
y de paso la mente, para no estar cryogenizados en el próximo cambio
Un aspecto que no se ha comentado aquí es la disponibilidad actual e la música. Cualquiera puede acceder en cuestión de segundos a gran parte del catálogo (si no todo) de muchos artistas. Antes, al tener que comprar el soporte o, al menos, conseguirlo prestado, más valía exprimirlo y a base de escuchas podías apreciar propuestas no inmediatas. Ahora se pasa a la siguiente y está. En fin, yo he subido mis cosas a Spotify grabadas desde mi casa (sin el éxito de Quevedo, debo decir) pero también conocí la época de los vinilos y los CDs y cada época tiene sus pros y sus contras. Nada es perfecto.
PD. hasta mi música esta a unos segundos de búsqueda.
«Una clasificación en donde hay que descender hasta la decimoséptima posición para encontrarse con un single de hace tres temporadas: el temazo «Blinding Lights» firmado por The Weeknd»
¿Temazo, Cuevas? ¡Ja, ja, ja! ¡¡Vaya nivelazo!!
Se pasa por alto la incidencia de la élite (ingeniería social) que dirime que discos (músicos) se pueden promocionar y cuales no… Hasta más de uno le sorprendería conocer quienes son realmente los autores de diversas canciones que jamás pensarían que no fuesen del/la genio que aparece en la portada…
Hasta el mismo hecho que supone como se consume la música en nuestros días de formas desaforada y sin consciencia misma (igual que pasa con la comprensión lectora en nuestros días).
Soy músico profesional, y trabajo tanto en sesiones como en directos (un peón en muchos casos de lo que se ha consolidado hoy) y después de rodar por mil sitios y lugares, desde mi perspectiva de observador puedo decir que he conocido auténticos y excepcionales músicos que jamás podrán llegar a dedicarse profesionalmente y tienen que acabar en la calle o realizando trabajos que nada tienen que ver con su verdadera vocación…
Este mundillo por el impacto e incidencia que suponen como herramienta de entretenimiento es un caramelito demasiado dulce que la élite no puede dejar de controlar…
Una auténtica tristeza oír y ver como se ha desvirtuado todo esto…
Muchas gracias, seguiré leyendo.
No voy a jugar con el mensaje de la publicación, no soy quien para valorar o juzgar sobre lo escrito. Es espacio exterior para mí. Soy consumidor de música, lo normal es en vinilo, y cd. Dicho esto, la lectura me ha traído el recuerdo de algo que leí o escuché decir a Phil Collins hablando sobre la crisis de la industria musical. Decía que la crisis empezó con el cambio de formato del vinilo al cd, ahí los artistas dejaron de preocuparse tanto por el sentido de sus discos, de que las dos caras del disco fueran apreciadas por igual, de forma que les obligaba a hacer discos más redondos, coherencias aparte. Según él, ahí empezó la cuesta abajo. Lo dejo aquí.