Entrevistas Cine y TV

Juan José Campanella: «¿Qué va a pasar con el cine? No tengo la menor idea. A mí hacer cine para la televisión no me interesa»

Juan José Campanella para Jot Down

Juan José Campanella (Buenos Aires, 1959) es uno de los directores más exitosos de la historia del cine argentino. Con El mismo amor, la misma lluvia (1999), El hijo de la novia (2001) y Luna de Avellaneda (2004) desarrolló un cine popular, representativo del sentir de la clase media porteña, sentimental y oscuro al mismo tiempo. En 2006 realizó para la televisión la miniserie Vientos de agua, de las mismas características. Con El secreto de sus ojos (2009), una obra mucho más sombría y política que las anteriores, ese suceso alcanzó ribetes muy superiores: casi tres millones de espectadores en su país, la celebración unánime de la crítica, la consagración del Óscar a la mejor película extranjera y hasta una versión —olvidable—realizada en Hollywood.

Luego de semejante espaldarazo, Campanella no intentó convertir el éxito en fórmula y exploró nuevos caminos: desde la realización de una ambiciosa película de animación (Metegol, 2013; estrenada en España como Futbolín), pasando por realizaciones para la televisión como El hombre de tu vida (2011) hasta su incursión en el teatro, dirigiendo obras como Parque Lezama y ¿Qué hacemos con Walter?

Alternando con su variada obra artística, Campanella encontró en la dirección de capítulos de series norteamericanas la posibilidad de expandir su ámbito laboral y, al mismo tiempo, un medio en donde podía explorar estéticamente. Así, dirigió capítulos de House, Ley y orden, Halt and Catch Fire y Night Sky, entre otras.

Amable y distendido, Campanella nos recibió en el moderno y bello teatro Politeama, en el centro de la ciudad de Buenos Aires, un espacio pensado por él y sus socios a partir de un terreno baldío. Hablamos en una tranquila tarde de domingo de la transformación del consumo de productos audiovisuales, de cómo dirigir teatro comparado con el cine y de su creciente participación en la política argentina.

Tenés una carrera de varios años, que surgió cuando no había ningún tipo de consumo hogareño alternativo al cine y después convivió con el VHS y el DVD, y continúa en la actualidad, cuando hubo una revolución en el consumo y es muy difícil sacar a la gente de casa, ¿cómo vivís eso?

Me genera una crisis personal muy fuerte, fuera de joda. Como realizador, el cine siempre sufrió estas amenazas: de la televisión en los cincuenta —la pelearon con el cinemascope— y del video cuando salió en los ochenta. Ahora está amenazado como nunca, porque realmente cambió el hábito de consumo. Las plataformas fueron la verdadera revolución. Creo que fue el golpe más fuerte hasta ahora que recibió el cine. Veremos si hay una reacción o no. ¿Por qué? Primero vamos a aclarar cuál es la crisis del cine. Yo por cine no me refiero a un largometraje sino al lugar de reunión de trescientas personas. La crisis había empezado ya en los noventa cuando Hollywood se empieza a volcar más de lleno en el cine de entretenimiento, de acción, de jóvenes, y muchos autores migran a la televisión, donde tienen un público mayor y empiezan a tener libertad. Crece la figura del showrunner. Entonces, la industria se empezó a complicar ya desde los noventa, de a poquito. Después emergen las plataformas (2010, 2011) y lentamente comienzan a producir. La gente empieza a consumir televisión como antes consumía libros; es decir, a su ritmo y a su horario: un día lee medio capítulo y otro día se termina el libro. Y eso es bárbaro. Como espectador, cero crisis. Todo bárbaro. Pura ganancia. Sin propagandas. Como realizador de televisión, también es pura ganancia. Yo ya sufría. Había varios condicionamientos como realizador: por ejemplo, que la televisión de aire tenía que durar cuarenta y dos minutos treinta segundos. Entonces, eso te ponía límites, y a veces tenías que agregar cosas que no necesitabas.

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2 comentarios

  1. ‘A mi hacer cine para la televisión no me interesa’, ¿que será lo siguientes?, a mi hacer cine para los pobres no me interesa… puto clasicismo y narcisismo. Anda y que os den mucho por donde amargan los pepinos.

    • ¿Pero bueno, qué locura es esta?, ¿no puede uno dar su opinión?, ¿no puede uno hacer, decir, sentir las cosas de manera distinta a la tuya?

      ¡Anda, pilla tú el pepino y relájate!

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