
Quiero suponer que Charles Ginsburg murió feliz. El buen hombre, que contaba setenta y un años cuando le llegó el infortunado momento del óbito, dejó tras de sí una huella que debía de considerar imborrable. El planeta Tierra estaba todavía dominado por su gran invento, el artefacto que le había dado sentido a su existencia, el que constituía su más generosa herencia para la raza humana: la cinta de vídeo.
Que no era imborrable, sino borrable, endeble, plegable, arrugable y, en definitiva, detestable.
No quiero quitarle méritos a Ginsburg. Su invento fue muy meritorio por cuándo y cómo fue desarrollado. A principios de los años cincuenta, una modesta empresa estadounidense llamada Ampex contrató a Ginsburg y lo puso al frente de un equipo de seis personas con el objetivo de crear una cinta magnética que fuese capaz de registrar imágenes en movimiento con una calidad aceptable. Algo que no había conseguido nadie, pese a que ya se habían producido diversas (y a veces cómicas) intentonas, pues varios gigantes tecnológicos andaban detrás del invento.
Las cadenas televisivas estaban ansiosas por comprar una cinta de vídeo útil porque no podían grabar sus propios programas, salvo usando cámaras de cine muy caras y película de celuloide también muy cara (y, aún peor, no reutilizable). La carrera por desarrollar la primera cinta de vídeo digna de tal nombre había dejado hilarantes experimentos propios del doctor Bacterio en los que se había usado cinta magnetofónica, que ya estaba inventada. Dado que la imagen contiene más información que el sonido y un factor importante para la cantidad de información que una cinta podía almacenar era la velocidad a la que pasaba por los cabezales de una grabadora, se aceleraban las bobinas hasta ponerlas al borde del incendio. Solo se conseguía una imagen desvaída e inutilizable. La idea era estúpida, vista desde hoy, pero había que intentarlo.
El equipo que Ginsburg dirigía en Ampex era pequeño, si bien incluía mentes tan preclaras como la de Ray M. Dolby; sí, el mismo Dolby que inventó el sistema de sonido Dolby. Consiguieron desarrollar la primera cinta de vídeo funcional y nuestro sonriente amigo Ginsburg vivió de ello, merecidamente, toda su vida. Jamás dejó de trabajar en Ampex hasta que se jubiló y siempre aparecía en las fotos con expresión de plácida satisfacción. Al empezar la década de los noventa, etapa cumbre del negocio videográfico, Ginsburg recibió numerosas distinciones y medallas. Efectuó su definitiva transición al mundo de los fantasmas en 1992 (por cierto, en este texto hablaré también de otro tipo de fantasmas), cuando el videocassette era todavía un puntal de la cultura colectiva. Blockbuster, la cadena de videoclubs por antonomasia, gestionaba casi tres mil tiendas en todo el mundo. El negocio global de alquiler de cintas de vídeo superaba los diez mil millones de dólares y las ventas directas sumaban otros seis mil millones. Para hacernos una idea de la enormidad de estas cifras, los videoclubs movían más dinero en un año que la recaudación de los cien estrenos más exitosos de ese mismo año, ¡contando lo recaudado en las salas de cine de todo el mundo! El vídeo doméstico, pues, reinaba sin oposición.
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Gracias al teleclub cochambroso de barrio tenemos a la planetaria cochambrosa de netflix (o si)
Gracias Emilio!
Pretendía, en mi ignorancia, aportar algo a tu tan descacharrante, veraz y olvidada Historia, pero chico, es imposible…Si Netflix, HBo o alguno de esos Megablockbusters de ahora,
crearan un apartado en sus mareantes catálogos a la Basura Más Grande Jamás Rodada, aún a riesgo de que en casa me considerarán MÁS friky todavía, pagaba con gusto los ratazos que me iba a pegar…
Ffwd & Rwd
De nuevo
Gracias
No sólo he reído como una hiena … y en el metro, lo que ha sido «llamativo», sino que también he vuelto a los ochenta, cuando era joven y tenía un futuro y muchas esperanzas :-)
Muchas gracias, don Emilio
«Si usted poseyó un Video 2000, déjenos su testimonio porque es usted una rareza, como un superviviente del Titanic.»
Ay, Don Emilio… el primer reproductor de video que tuvimos en casa fue, me temo, un 2000. A mi padre se la metieron por la escuadra. Ni dos meses anduvo por casa que tuvimos que deshacernos de él por no encontrar películas en ese formato. Sniff.
la ultima fase fueron maquinas expendedoras de cintas en un last stand para reducir costes a la min expresion…
pues yo soy poseedor de uno de estos negocios que tu llamas cochambroso y chico, no t entiendo porque escribes mucho y al fin y a la postre nose si te gustan o t desagradan, pero bueno, en mi videoclub no comeras en el suelo pero de mierda la justa, si es x suciedad lo de cochambroso, si es x arcaico, bueno si,tengo rarezas y cosas que muchos ki sabrán que existen,pero ya t digo q ni 1000 Netflix tendrán un ínfima parte se arte se la que tengo yo en mi negocio, eso si q es cochambroso (por lo malo de su producto) ya q el 95% de su plataforma es pura basura, no obstante como decía nose quien es bueno q hable de uno,aunq sea para mal
P.D
Si alguien me pregunta por una película le doy mi más sincera opinión y desde luego NUNCA JAMAS le diré q es un joya si es una mierda, para recomendarle cosas «chulas» ya está el ALGORITMO de Netflix, ah, y yo si veo prácticamente todas mis peliculas
Y recuerdo que… Por lo menos en mi barrio… Existia un videoclub que copiaba peliculas de estreno grabadas en la sala con camaras de Vhs y pasadas en cinta para su alquiler….aquel hombre era un pirata, de los 80’s precursor de la Pirateria digital….pero que placer ver peliculas en Vhs una semana despues de los estrenos en cines… Esperabamos como agua, de mayo los lunes despues del cole llegarnos al mostrador y preguntar si ya la tenia grabada…. Eso si… Con una calidad estercolera… Pero como bien dice el articulista… A quien le importaba….por 150 pesetas tenias el peliculon en casa.
ese si era cochambroso y ese y otros como ese bien q nos jodieron a loq hacemos bien las cosas
Lo que voy a escribir a continuacion, debe leerse e interpretarse con el orgullo y la prepotencia como si fuera Rutger Hauer en las escenas finales de «Blade Runner», (He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser… y tal)
Yo de joven, trabaje en una distribuidora de videos cutres de Barcelona, yo he visto vender lotes de mas de 100 copias de «Apocalipse Canibal», yo etiquete y coloque caratulas a mas de 1000 copias de esta pelicula y otras basuras infectas similares, todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.
El dueño del video club de mi barrio, que no usaba camisas hawaianas pero no tenia la menor idea de lo que vendía, transformó su local en una casa de apuestas. Tengo una colección de VHS que no sé donde irán a parar. Me he reído de lo lindo. Gracias.
Es curiosa la confusión que tantos lectores tienen acerca de Emilio de Gorgot. Señores, este artículo está escrito por E.J.Rodríguez y he detectado a tres opinantes interpelando al Sr. Emilio. ¡Y lo recalco porque a mí me pasó lo mismo en un artículo sobre las franquicias de Hollywood! ¡Aquí algunos nos hemos creído que solo puede escribir sobre cine y televisión Emilio de Gorgot!