
Viene de «Hijas de Indiana Jones (1)»
Las hijas de Indiana Jones y la amenaza del juego doméstico
Los noventa cinematográficos evidenciaron una notable ausencia de hijas de Indiana Jones. En la pequeña pantalla se intentó rellenar el hueco con la serie juvenil Las aventuras del joven Indiana Jones, un programa que tenía hasta a cuatro actores distintos interpretando a Indy en diferentes etapas de su vida: los jovenzuelos Sean Patrick Flanery y Corey Carrier, el septuagenario George Hall y hasta el propio Harrison Ford asomándose por ahí en un episodio. Pero la serie, a pesar de haber sido ideada por George Lucas, era un coñazo para los que iban buscando aventuras similares a las que resonaban en la sala de cine. Resultaban más emocionantes, incluso más cercanos al espíritu aventurero, los dibujos de Patoaventuras que aquel ladrillo.

Ocurrió que la fedora en lugar de morir del todo, lo que hizo fue importar su espíritu a otro medio: el de los videojuegos. Las peripecias de Indiana ya habían tanteado ese mundo desde el principio de los tiempos, con un cartucho de Atari, Raiders of the Lost Ark (1982), de píxeles gordos como cabezas de ídolo fabuloso. Pero lo más interesante es que se crearon dos corrientes dentro de la marca Jones ™, diferenciadas por su temática. Por un lado, estaban las obras que trasladaban el argumento de las películas al juego. Cosas como la máquina arcade de El templo maldito, las diferentes versiones para consolas y ordenadores de La última cruzada, o el estupendo pero endemoniado Indiana Jones: the Greatest Adventures de Super Nintendo. Un cartucho en donde se empaquetaba toda la trilogía como un juego de acción y plataformas muy variado, con secuencias de conducción a bordo de vagonetas, aviones o lanchas (hinchables y a motor). Por otro lado, estaban los juegos que apostaban por idear tramas originales para el Harrison Ford digital. Indiana Jones in the LostKingdom de Commodore 64 lo enviaba a superar pruebas en un templo misterioso y se presentaba sin manual de instrucciones porque, según rezaba la caja, «Nadie le explicó las reglas a Indiana Jones y nadie te las explicará a ti». La aventura conversacional Indiana Jones in Revenge of the Ancients viajaba por el Tepozteco mexicano y contenía una secuencia en la que Indy saltaba desde un puente a un avión en marcha pilotado por Marian. Indiana Jones and the Fate of Atlantis visitaba la leyenda atlante a golpe de inventario y point ‘n click. E Indiana Jones y sus aventuras de despacho presentaba retos de escasos minutos en Windows, con una vista aérea heredada de los primeros Zelda, un botón de emergencia que permitía ocultar rápidamente el juego cuando el jefe se asomaba por la oficina del usuario, y una misión en la que era necesario localizar una calavera de cristal tolteca doce años antes de la vapuleada cuarta película.
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Gravity es una gran peli estilo Indy, igual que los aguacates son los mejores coches estilo silla.
Te habrás quedado contento con lo de Gravity. Horrible final solo comparable al de Indiana Jones IV
Tanto darle vueltas para buscar hijas de Indiana Jones y se te olvida Parque Jurásico, la primera, con un Indiana Jones con sombrero y todo.
Me gustó el artículo en sus dos entregas, aunque lo de Gravity no tiene sentido y, francamente, con esa misma lógica, el autor del texto podría haber metido al final cualquier cosa, dejando al artículo como esas películas buenas con un final absurdo…
Fui uno de esos críos de principios de los 90 que siempre consideró a «Indiana Jones and the Fate of Atlantis» como la 4a obra de la saga y que soñó, infructuosamente, con verla llevada a la gran pantalla. Pero tuve que conformarme con el telefilm barato de «MacGyver y El tesoro perdido de la Atlántida» (1994), que podría haber sido un buen sustituto de no ser por contar con un presupuesto tan ridículo que no les dió ni para actualizar el peinado ochentero de Richard Dean Anderson.
Posteriormente sí llegó una auténtica heredera del espíritu del videojuego: la entonces desnostada pero muy digna y entretenida película de animación «Atlantis : el imperio perdido» (2001), una verdadera hija no reconocida de Indiana Jones que fracasó en su día por salirse del canon Disney imperante hasta ese momento, que exigía hacer películas excesivamente infantiles y con cancioncitas pegadizas. Hoy, algunos la consideran una película de culto.
Con «Las aventuras de Tintín: el secreto del unicornio», sí que es verdad que volvió a sentirse el alma de las pelis clásicas de Indy en cada fotograma y fue una verdadera lástima que se cancelase el proyecto de Spielberg de continuar la saga del reportero belga en sucesivos films. Pero esa única película basta para quitarse el sombrero ante lo conseguido.
P.D. Lo siento pero lo de «Gravity» no lo veo.