
Inmaculada Gil Rabadán (Madrid, 1964) habla con la experiencia que le otorgan sus más de tres décadas de dedicación profesional a la industria farmacéutica. Visita la Universitat Jaume I de Castellón con motivo de la firma de la Cátedra de Investigación Farmacéutica de Enfermedades Crónicas, y, durante su sosegada conversación, nos ofrece un profundo recorrido sobre la situación del desarrollo farmacéutico postpandemia, extrayendo los aprendizajes de toda una vida, pero sin renunciar a afrontar los problemas de una industria que vive en perpetuo cambio y cuya principal misión es mejorar la calidad y la cantidad de vida. Inmaculada es Licenciada en Bioquímica y Biología Molecular por la Universidad Autónoma de Madrid y MBA por la Universidad de Navarra, aparte de ser titulada en Diseño de Moda por la Escuela Española de Diseño y Moda. Ha desarrollado puestos de responsabilidad en varias compañías farmacéuticas de primer nivel, y lleva más de quince años como Directora General de Daiichi-Sankyo España, uno de los veinte laboratorios farmacéuticos más grandes del mundo. Charlamos con ella en la emblemática Sala de Juntas del Rectorado de la Universitat Jaume I.
¿Llevas más de quince años al frente de Daiichi-Sankyo en España? Lo tuyo es fidelidad.
Sí, lo mío es fidelidad. Llevo treinta y cuatro años en el área de la salud, desde 1989. Y sí, soy fiel, pero también me dejo llevar por el corazón, y por ser feliz trabajando, con lo que haces, con dónde estás y con quién lo haces. En mi carrera profesional ha habido cambios, cambios drásticos a veces. Y siempre vas buscando tu lugar. Y buscas dónde puedes aportar más y dónde puedes ser más feliz aportando.
Te lo decía porque he visto que también has trabajado en otras empresas farmacéuticas, como BMS, DuPont o Roche. Es una larga experiencia.
Pues fíjate que yo pensaba que me iba a dedicar a la moda. Vengo de familia numerosa y para cambiar de vestido no había recursos suficientes. Mi abuela era modista y a mí me gustaba la moda. Me resultaba fácil, me divertía, me inventaba cosas… Y por eso estudié diseño de modas, pensando que era algo que me iba a dar un modo de vida, con lo que yo iba a poder vivir. Y a la vez estudié Biología, con la especialidad de Bioquímica Molecular y Genética, que era lo que me apetecía estudiar. Aunque yo me planteaba que para desarrollarme y para ganarme la vida no iba a necesitar estudios universitarios. Pero mis padres me dijeron que lo pensara. Y lo pensé. Y cuando terminé mis estudios mandé unos currículums, y me entrevistaron en Roche Diagnóstico, y descubrí el trabajo con el virus del VIH, todas las reacciones enzimáticas que respondían a una realidad, que esta compañía multinacional se dedicaba a desarrollar elementos, productos y máquinas que ayudaban al diagnóstico de las enfermedades. Era algo de perogrullo, pero a mí nadie me había explicado que podía tener esta salida profesional. Y ya tenía montada mi empresita, porque yo ya me había buscado un porvenir. Y cuando de repente descubro este mundo de la salud me quedo fascinada. Y en enero del 89 empecé.
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