Sociedad

Bares con tragaperras, qué lugares

El clásico bar con tragaperras. Foto Daniel Lobo (CC)
El clásico bar con tragaperras. Foto: Daniel Lobo (CC)

Gabinete Caligari, «no hay como el calor del amor en un bar»; Nacha Pop «luego al Penta a escuchar canciones para que te pueda amar»; Siniestro Total «vamos al Kwai y al Berberecho y al Palentino», o sea, a tres bares, porque «somos seres racionales, de los que piden las raciones en los bares». De esos locales que describió la música de la movida queda tan poco como la fama de los músicos que los cantaron. El bar ochentero, por llamarlo de alguna manera, es una especie prácticamente en extinción. Su concepto mismo ha sido reconvertido en ese espacio que da servicio a una terraza instalada sobre la acera, o en el lugar para una experiencia bebible y gastronómica. O sea, cara. Queda muy lejos aquel tiempo en que bar y barato eran sinónimos, aunque esta nueva realidad económica tampoco nos asusta. Continuamos siendo el país con más bares del mundo, podemos encerrar a doscientos setenta y cinco habitantes en cada uno de ellos, o repartirlos por sus terrazas, y el resto del territorio y edificios quedarían vacíos. Pero si un rasgo característico está desapareciendo definitivamente con ellos es aquella música electrónica machacona que salía de una máquina instalada contra una pared. La tragaperras. A las que quedan mejor echarles el último vistazo, porque ya no dejan dinero ni a la empresa que las pone ni al bar que las coloca, así que próximamente desaparecerán las últimas. Eso dicen los expertos. No es que la gente haya dejado de usarlas, pero ahora lo hacen online, y ya no se llaman tragaperras sino slots, no hay más que echar un vistazo a slots-online.es para hacerse una idea. La digitalización ha matado aquel universo que fueron los bares clásicos.

Era un mundo con su propio léxico, plagado de figuras retóricas. La metáfora de parroquianos para designar a los clientes, tan fieles al bar como los católicos a la iglesia del barrio. A menudo más. Abundaba el disfemismo, lo opuesto al eufemismo, siempre humorístico y despectivo. A cuántos bares, por pequeños y oscuros no se los llamó garitos, que originalmente se asociaba con lugares de mala fama, de tahúres y fulleros. Disfemismo y eufemismo se alternaban para referirse al lugar donde hacer pis o algo peor, los servicios para designar el cuarto de baño, o el tigre por aquello de su olor: lo llamases como lo llamases siempre al fondo a la derecha. Eufemismos paralingüísticos, el insulto en tono de saludo cariñoso, cómo estás, cabrón; o morfológicos, cabroncete; hasta cultistas, beodo.

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4 comentarios

  1. Me suena que las tragaperras que funcionaban con duros (5 pesetas) eran anteriores a 1981. En cualquier caso me encantó el ejercicio de nostalgia. Hacía mucho que no escuchaba mencionar al tigre. Aquello tenía que dejar ganancias, de eso no hay duda. En su tiempo recuerdo ver gente que iba a su casa a buscar más dinero para seguir jugando, y cambiaban 1000 pesetas en la barra, y otros que se sacaban el “especial” ¡Y seguían jugando! Aquello sí que era ludopatía pura y dura.

  2. Oye, y ya puestos, habría que hacer una Oda a los bares con futbolín.

  3. Sal de Malasaña, que bares ochenteros con tragaperras sigue habiendo a patadas

  4. Joan Ferrer

    Y que poco tardaban en quebrar los bares cuyo dueño cerraba en horas laborables, colgaba el cartelito de «vuelvo en media hora», e intentaba aligerar una tragaperras presuntamente llena…

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