Ocio y Vicio Destinos

Mostar, be water, my friend

La estatua de Bruce Lee en Mostar con guantes y mascarilla durante la pandemia de covid, 2020. Fotografía: Getty.
La estatua de Bruce Lee en Mostar con guantes y mascarilla durante la pandemia de covid, 2020. Fotografía: Getty.

Este artículo es un adelanto de nuestra trimestral Jot Down nº 43 «Europa»

En Mostar, al sur de Herzegovina, todo o casi todo lleva la letra d de división por delante. Cualquier cosa o asunto aparece dividido, desde la vida cotidiana a los señuelos étnicos y políticos que sugieren los montes que rodean la ciudad. Y quien dice división dice también divergencia, disociación, disfunción, diferencia, discordia, desunión, desavenencia, disimilitud… Lo dicho, la letra d manda en Mostar.

Hoy por hoy, cumplidos treinta años del final de la horrible guerra civil (1992-1995), Mostar sigue siendo la ciudad más fraccionada de Bosnia y uno de los lugares en los que Europa no ha resuelto, a ojos del visitante, el problema de la división física (aparte de Nicosia y, en cierto modo, Belfast). Primera muestra. Una travesía urbana, en forma de bulevar, divide como un cúter la zona este (bosniaca musulmana) de la parte oeste (bosniocroata y católica). El curso del verdísimo Neretva, bajo el celebérrimo puente viejo otomano, discurre paralelo al bulevar, que era la línea del frente que en 1993 dividía las posiciones que el ejército bosnio (Armija) y el Consejo de Defensa Croata (HVO) defendían a cara de perro con trincheras y artillería.

La historia en Mostar es conocida. O no tanto. La guerra entre bosnios musulmanes y croatas ocurrió después de que ambos combatieran juntos contra el enemigo común, el ejército yugoslavo (JNA), dirigido por los serbios. El JNA asedió Mostar hasta su fracaso militar, bien entrado 1992, con la posterior huida de todos los serbobosnios y la destrucción total de sus enseres y su legado ortodoxo en los barrios de Konak y Bjelušine-Brankovac. A partir de aquí, las otras dos etnias se dividen la ciudad. Para ti, el este, y para mí, el oeste. En medio, una paz más que precaria, que derivará en tensión y en una guerra de extinción mutua. La ONU y sus cascos azules impusieron el alto el fuego sobre la impresionante maqueta rota del Stari Most, el puente viejo, destruido por la artillería croata el inolvidable 9 de noviembre de 1993.

Todo fue división en Mostar y, sin disparos al aire, todo sigue siéndolo hoy. Una bisectriz visible e invisible separa dos formas de entender el día a día. Hay una ciudad dopada por el turismo (más de quinientos mil turistas al año) y otra ciudad rutinaria, medio recompuesta a duras penas tras la guerra, pero donde el doblez físico y mental asoma por todas partes. A un lado (el oeste), se anima a un equipo  de fútbol: el HŠK Zrinjski (aquí jugó el gran Luka Modrić su primer partido como futbolista profesional). En el otro lado (el este) —véanse las pintadas y grafitos— se anima al FK Velež (para los muy futboleros, aquí jugó Meho Kodro, oriundo de Mostar, hasta que la guerra lo obligó a emigrar a la Real Sociedad). El cañón rocoso que marca el Neretva va dejando a un lado y a otro macizos, estribaciones, montes ásperos y de piel cárstica. Con sus destellos de esmeralda, el Neretva es el único río que da al mar Adriático y no al gran Danubio, en la frontera norte con Croacia, como hacen el resto de los muchos ríos que surcan este país bendecido por las náyades.

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3 comentarios

  1. Lo que no cuenta el enésimo artículo sobre esa región de esta publicacion es un detalle fundamental en la historia. Hay otro grupo étnico en la ciudad que también votó y que eligió a Bruce Lee como número 1 en su lista: los gitanos. Bruce Lee salió elegido precisamente gracias a ellos, ya que fue la primera personalidad conjunta en las 4 votaciones. Pero no le pidas a un turista nada más profundo.
    Bruce Lee es extremadamente popular entre los gitanos de la ex Yugoslavia principalmente porque veian en sus películas una autoafirmación: el protagonista débil que supera a enemigos más fuertes de forma heroica. Hay varios artículos académicos sobre el tema. Yo dejo aquí esta canción:
    https://youtu.be/TTPbWFImhco

  2. Es una pena que el artículo no trate el papel y la relación de los gitanos con Bruce Lee, no sólo en Mostar, donde fueron los «artífices» de que ganase la elección.
    Otro tema fue el robo del nunchaku de la estatua y el trato que se le dio en la prensa precisamente por la relación de los gitanos y Bruce Lee.
    Lo de la elección por parte de la juventud de nombres de obras de infraestructuras o los temas de estatuas era relativamente normal en el este de Europa, pero fue cayendo en desuso. Si se hubiera respetado, Budapest tendría hoy un puente llamado Chuck Norris.

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