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Ilmiodesign: historias a color, lugares de destino

Ilmiodesign
Michele Corbani y Andrea Spada. Fotografía cortesía de Ilmiodesign.

Jot Down para Ilmiodesign

Ustedes lo saben… Sabemos que saben lo difícil que es hacer encajar ese sofá, tan bonito en el catálogo, con aquella mesa comprada por internet y que, en realidad, se parece bastante poco a la que creían haber elegido, pero da igual, porque tampoco están seguros de que quedase bien con el conjunto de sillas heredadas, los cables de la luz colgando y el papel pintado que llena su salón; porque todas las horas dedicadas a jugar a Los Sims se revelan como inútiles al ponerlas en práctica a escala 1:1. Y nosotros creemos saber el porqué: ni en el juego de Electronic Arts, ni en las revistas de las tiendas de muebles, ni siquiera en muchas de aquellas otras dedicadas a diseccionar los interiores de las casas del momento (de los ricos y famosos del momento) se nos explica que las casas no son un decorado para las historias que suceden dentro, sino que pueden, deben contar historias por sí mismas. 

Bien es cierto que con esta información sucede algo parecido a lo del sofá que les decíamos hace un instante, que, por mucho que cambie nuestra perspectiva, no estamos seguros de poder mejorar la composición, pero consuela. Consuela porque significa que hay una ciencia detrás, una que combina el conocimiento estético con la imaginación; que, si el resultado final de otros lugares nos resulta agradable, casi una composición orgánica, es porque hay personas muy formadas dedicadas en cuerpo y alma al proyecto —igual que al ver un cuadro de arte contemporáneo pensamos que nuestro sobrino de tres años podría hacerlo incluso mejor, o que escribir una novela es juntar una letra tras otra, y sí, pero no—. La cosa se vuelve aún más peliaguda cuando hablamos de esos lugares que nos hacen temporalmente de hogar cuando estamos lejos del nuestro, es decir, los hoteles, porque… bueno, de eso nos va a hablar luego Andrea Spada, pero antes tenemos que presentárselo. 

Andrea Spada es diseñador industrial y socio fundador, junto con el arquitecto Michele Corbani, de Ilmiodesign. Ambos, de origen italiano, formados en el Politécnico Milán, decidieron —cada cual por su lado— que Salamanca sería un buen lugar para pasar un año de Erasmus, y allí empezó todo. En su web nos lo cuentan haciendo referencia a la película dirigida por Vittorio De Sica y protagonizada por Sophia Loren, Matrimonio a la italiana, algo que nos permite empezar a entender a qué se refiere Spada cuando, en nuestro encuentro con él, recalca que toda su cultura es visual. Tras coincidir en la ciudad que no presta lo que la naturaleza no da, decidieron abrir su estudio en el año 2009, en el llamado Paseo del Arte de Madrid. Desde entonces han materializado más de cien proyectos de restaurantes (SLVJ Marbella Beach Club, Arrogante, Tatel, Baiben, VIPS, Ginos), oficinas y negocios varios (Six Harmonies, Sastrería JF Prats, Oficina Concept Group), espacios y casas de particulares, y hoteles (Tropicana, Allegro Isora, Dorado Ibiza, Interihotel, Cubanito, Grand Paradiso, Barceló Málaga, Paradiso Ibiza Art, Romeo’s Motel & Diner) con muchas habitaciones. «Solo este año vamos a abrir siete hoteles, mil doscientas habitaciones, en todo el territorio nacional», nos confiesa modestamente Andrea Spada. Casi nada.

Pero, por muy impresionantes que sean las cifras (que lo son), aquello que hace destacar a Ilmiodesign no son los números, sino una mezcla de factores y valores presentes a lo largo de todo el recorrido creativo, empezando por el estudio. Una planta de techos altos hasta los cuales ascienden las molduras presentes en las paredes, decoradas con la finalidad de crear ambientes distintos en cada rincón a través de pequeños detalles, tanto en las oficinas, donde el equipo se concentra en sus tareas individuales rodeados de cuadros con diversos tonos de rojo, impidiendo que el blanco roto de la pintura evoque a la monotonía, como en la recepción, con dos sillones verde menta, acompañados por los elementos dorados de una lámpara de pared minimalista, o en el borde de un espejo que nos devuelve los tres pilares del estudio, escritos con letras también verdes, de tipografía redondeada: «Eclecticismo italiano. El lujo está en el color. Ideas y soluciones». Andrea Spada nos desglosará cada uno de estos puntos en una de las salas dedicadas a las reuniones del equipo, conformado por doce profesionales que hacen posibles las ideas de los clientes, junto con los dos socios fundadores. Allí el mobiliario es predominantemente azul y bronce, custodiando a la pieza central, una gran mesa de madera robusta que mantiene su tono cálido, pero con las vetas entremezcladas en pequeños cuadrados, rompiendo su orden original, creando formas geométricas nuevas. Todo apunta a una misma dirección: conseguir maridar lo clásico con lo nuevo, lo artesano con lo moderno, y que parezca natural, como si, de entre todas las combinaciones posibles, ninguna pudiese mejorar a la realizada; y a fomentar la creatividad, alcanzando el equilibrio entre mantener el estilo característico del estudio, pero que, a la vez, todo parezca —y sea— siempre algo nuevo.

Una forma de conseguirlo es diseñando su propio mobiliario cuando no existe esa pieza ideal en la que habían pensado, algo que sucedió, por ejemplo, mientras trabajaban en ese sueño para los amantes de los años cincuenta del siglo XX y de lo kitsch llamado Paradiso Ibiza Art Hotel: 

—Queríamos reproducir un hotel en cada habitación, y no había nada que nos gustara. Entonces diseñamos un taburete, encontramos una marca que quería producirlo [iSiMAR] y, desde ahí, desarrollamos toda una familia de productos para esa marca, que se llama Paradiso, justo porque nació en el proyecto de ese hotel. Nuestras necesidades como interioristas y como arquitectos nos llevan a saber exactamente lo que queremos.

Sin embargo, en otras ocasiones, la originalidad no radica en contar una narración novísima para él, sino el modo de reorganizar lo ya presente, en el pasado, en la localización por diseñar, algo demostrado recientemente en el Hotel Canfranc Estación. En este caso llegaron para reformar (y reformular) una antigua estación de tren, inaugurada en 1928, con una arquitectura industrial emblemática, rodeada de un paisaje sobrecogedor y con cientos de historias vividas, algunas más problemáticas políticamente que otras. Corbani y Spada decidieron quedarse con la que engloba a más personas, con la historia y la categoría que todos compartieron al entrar en dicha estación: la de los viajeros. Deciden hacer realidad las fantasías que más de una vez hemos tenido al leer a Agatha Christie o al ver esas películas en las que ciertos afortunados se trasladan en trenes de lujo, donde lo importante no es a dónde se va, sino el viaje en sí. Y lo consiguen, una vez más, gracias a los detalles: la inspiración del art déco, la combinación de los adornos dorados junto a los techos blancos y la aparición del azul marino entre la madera caoba, como en el famoso Orient Express; o el verde de las puertas y el mostrador, ese verde capaz de trasladarnos automáticamente a otra década, a otro siglo, a todas las estaciones de tren, antes de ser vestidas del mismo metal frío y reflectante. 

Pero, a la vez, han respetado el artesonado y las escaleras de entrada originales, y las losetas que han podido salvarse del paso del tiempo en el gran vestíbulo, para que nosotros nos transportemos a través de él, del tiempo, y de los accesos que conectan con el exterior y con las habitaciones/vagones, porque en ese vestíbulo es «de donde parte la puesta en escena, como si el huésped estuviese reproduciendo el viaje antiguo». De allí también han rescatado las pequeñas ventanas que antes aislaban del frío para que, ahora, los viajeros/huéspedes sientan cierto calor hogareño al gozar de un pedazo de historia-pieza de arte en sus habitaciones. Ilmiodesign innova al recuperar la —cada vez más en desuso— tradición del arreglo frente a la tendencia del recambio, por mucho esfuerzo añadido que ello conlleve, transmitiéndonos el respeto hacia el espacio y, consecuentemente, hacia quienes pasan por él, dejando claro que en ese lugar no existe la noción de mercancía, sino de experiencia compartida. Podemos comprobarlo, además de en todo lo anteriormente citado, en la intervención de los vagones que nos reciben a la llegada del hotel, y en la expresión ilusionada de Spada cuando nos enseña las fotografías y vídeos del proceso. Nos relata cómo las estructuras fueron llevadas hasta Manzanares el Real para restaurarlas por fuera y por dentro con el fin de convertirlas en vagones restaurante de lujo, siguiendo la misma línea de diseño que en el hotel, y nos explica el periplo que supuso devolverlos a Canfranc, en un viaje de más de veinticuatro horas que terminó con otras operaciones de maquinaria pesada para retirar la nieve que cubría los raíles. 

En conjunto, lo que el estudio de Michele Corbani y Andrea Spada consiguen es que los lugares de visita sean lugares de destino, donde no falta la comodidad (factor imprescindible), pero esta no se obtiene a costa de la experiencia estética, ni ética. Por el contrario, ofrecen una comodidad que trasciende a lo físico, incluso al simple buen gusto, lo cual los convierte en guionistas de las historias pretéritas y de las infinitas posibilidades de futuro, siguiendo una línea continua, al poner en el centro a las personas.

La clave está en eso que ellos definen como su «italianidad»:

—Yo lo veo un poco en el espíritu de la formación académica. Los arquitectos en Italia son una figura más creativa, entonces, siempre han sido también diseñadores. Pensemos en figuras míticas: Gio Ponti, Boeri… todos los diseñadores de interior en los tiempos de hoy, como Piero Lissoni, son arquitectos. No existe la figura del decorador en Italia. Esa italianidad se ve a la hora de proyectar porque, aunque tengamos una formación técnica, luego sí que somos diseñadores. Tanto yo, que estoy más enfocado al producto, como Michele, que es más arquitecto. Pero los proyectos siempre tienen una solidez debido al hecho de que tenemos esa base técnica, y, a la vez, también tenemos esa parte creativa, que es un poco de esa escuela italiana que digo. Aquí en España, por lo que yo he visto hasta 2007-2008, los arquitectos eran puros arquitectos. Aquí, la carrera es más difícil, y eran diseñadores de edificios, ingenieros. En Italia, el arquitecto no es capaz de hacer una estructura, porque se tiene que apoyar en un ingeniero. Aquí, el arquitecto es la persona que diseña el exterior del edificio, y siempre vi que, hasta hace quince años, se consideraba la parte del interior más secundaria, menos importante. Ahora los arquitectos en España se han tenido que reciclar y se están metiendo también en el interiorismo, de ahí tantos másteres. Pero su formación académica está muy dedicada a la estructura, y ahí está un poco la diferencia con lo que nosotros hacemos y ofrecemos. 

Y en esa misma sintonía se manifiesta su gusto por el eclecticismo («italiano», según aparece proyectado en el espejo de la entrada del estudio), puesto que abarca desde su formación hasta los resultados finales de esos cien proyectos llevados a término, y, ante todo, implica al proceso de creación, en el que los fundadores de Ilmiodesign participan de principio a fin, pero colocándose en un espacio de comunicación horizontal con los clientes, para adaptarse a sus peticiones e ideas, y con el equipo, para hacer dichas ideas realidad siguiendo un plan de trabajo organizado: 

Michele y yo estamos a la cabeza de los proyectos, pero, si hablamos, por ejemplo, de un proyecto hotelero, lo empezamos a partir del briefing del cliente, se desarrollan unos concepts, que son 3D, realizados internamente, y ahí interviene nuestro equipo de interiorismo, con una impresora en 3D, con mi supervisión y aportando mis ideas. La fase creativa es la que más nos gusta a todos, y es la que nunca tenemos que perder, porque es nuestra identidad. Una vez que el proyecto gusta, se sigue con la parte ejecutiva, donde interviene nuestro equipo de delineantes y aparejadores, y también la parte de producción, porque, cuando ves el proyecto en papel es muy bonito, pero, luego, cada cosa hay que definirla, buscar precios, llamar para pedir muestras… Por un lado, estamos muy cómodos de adaptarnos a las exigencias de cada cliente. Creemos que es un valor, un punto de fuerza, porque puede abrirte más posibilidades de negocio para hacer proyectos; pero, por otro lado, es mucho más difícil trabajar en esta línea, porque cada vez que haces un proyecto tienes que empezar de cero.

Y difícil es, igualmente, alcanzar la complicada armonía como si se tratase de algo sencillo, y hacernos mirar a los objetos no como tales, sino como un conjunto de voces de otras historias todavía por contar. No es una cualidad que esté al alcance de cualquiera, pero, por suerte, podemos dejarnos inspirar al escuchar y pasear esos interiores con alma diseñados por Michele Corbani y Andrea Spada. 

Salimos del estudio y sonreímos al espejo, porque ahora sabemos ver la verdad que habita en sus palabras y en sus colores.

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Una habitación en Hotel Canfranc Estación. Fotografía: Manolo Yllera. Cortesía de Ilmiodesign.

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