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James Barry y la i prohibida

James Barry y la i prohibida
James Barry ca. 1820. Imagen: Anon. / Wellcome Images (DP).

Este texto es un adelanto de nuestra trimestral Jot Down nº 45 «Irlanda»

We will never know all we want to about James Barry, for the simple reason that he did not wish us to know.

(Rachel Holmes, The Secret Life of Dr. James Barry)

Mialgia, astenia, fiebre, diarrea sanguinolenta, tenesmo… El doctor James Barry conoce los síntomas. Lleva cincuenta años ejerciendo la medicina y ha visto el mismo cuadro muchas veces. De hecho, pocos médicos de Londres conocen la enfermedad mejor que él. En su juventud estuvo destinado en Ciudad del Cabo y fue testigo del primer brote que ocurrió fuera del subcontinente indio: el de isla Mauricio de 1820. Ahora, en julio de 1865, se ha propagado por todo el globo. Es cólera. No lleva tratamiento. Láudano, baños calientes y poco más.

Normalmente, los pacientes del doctor Barry pueden considerarse afortunados. Todavía no se sabe que los gérmenes causan enfermedades, pero Barry tiene intuición para estas cosas. Da mucha importancia a la higiene, al aseo, a la ventilación y a la dieta. Él mismo es abstemio y lactovegetariano. Son puntos de vista modernísimos para la época. Otra rareza suya: trata a los pacientes con delicadeza. No es algo habitual en los médicos y en él resulta más chocante todavía: fuera de la consulta, es un hombre arisco, vociferante y poco menos que intratable. Pero tiene la convicción de que un paciente tranquilo y esperanzado sana con más facilidad que uno ansioso y desmoralizado.

Lamentablemente, el propio Barry tiene pocas razones para sentirse afortunado. Esta vez el enfermo es él. Y Londres atraviesa una ola de calor inclemente. El pronóstico de la enfermedad, él lo sabe, empeora cuando suben las temperaturas. Además, se necesita vigor para sobrevivir al cólera. Es decir, juventud. Y la suya no es tanta como piensan los demás. Ha convencido al mundo de que tiene sesenta y seis años, pero tiene setenta y seis. Es solo uno de los muchos secretos que guarda. 

Ay, los secretos. Le preocupan terriblemente. Quizá deba sentirse aliviado por ello: significa que todavía no ha perdido la cabeza. Incluso ha dejado dicho que no lo desvistan ni lo amortajen después de muerto, como exigen las normas del decoro de la era victoriana. Deben meterlo en un ataúd, envuelto en las sábanas en las que haya muerto y enterrarlo sin más trámite. Quiere pasar a la historia como James Miranda Steuart Barry, cirujano reputadísimo, médico del Estado Mayor del Ejército británico, miembro de honor de la Royal Society e inspector general de Hospitales de su Majestad Británica. Y para ello necesita que nadie descubra la verdad. A su criado apenas lo deja entrar en su habitación, lo justo para que traiga seis toallas nuevas cada mañana. Tampoco ha permitido que su propio médico, el doctor David McKinnon, lo examine en profundidad.

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4 comentarios

  1. Antonio Yelo

    Hace 2 años, visitando la universidad de Edimburgo, un guía turístico muy profesional me contó los principales datos de la vida de la «señora» Barry. Me interesó mucho y me prometí leer sobre «ella». Este trabajo, tan bien documentado (ver las notas, fuente de nuevas lecturas sobre el asunto), sacia mi curiosidad pero, a su vez, abre un debate que habla más sobre nuestro tiempo (con sus disquisiciones sobre la identidad sexual) que sobre el de la Gran Bretaña colonial del siglo XIX
    El análisis final sobre la posible intersexualidad del personaje es ilustrador y necesario.

  2. Garrulo Princip

    Felicidades al autor, por este fantástico texto que me ha atrapado desde el principio, y cuyo desarrollo y reflexión y denuncia final me ha dejado dando vueltas al tema. Qué fácil lo tenemos quienes somos lo que se espera que (biológicamente) seamos. Ojalá llegue a mucha gente este texto.

  3. Felicidades por el artículo. El dato de que «hay tantas personas intersexuales como pelirrojas» es muy clarificador de lo poco que sabemos y se habla de estas personas. Todos conocemos o hemos conocido a gente pelirroja.

  4. Pingback: Jot Down News #3 2024 - Jot Down Cultural Magazine

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