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Una cuestión moral: ‘La sociedad de la nieve’

La sociedad de la nieve. Imagen Apaches Entertainment.
La sociedad de la nieve. Imagen: Apaches Entertainment.

Dos pensamientos iniciales. El primero: hace unos días circulaba por internet la imagen de un discurso mecanografiado de Pedro Sánchez en la que se veían las correcciones del propio presidente del gobierno marcadas en rojo, con pulcra letra manuscrita. Y surgieron algunas reflexiones interesantes en torno a una de las enmiendas: donde el texto original decía «Discutamos sobre ello», Sánchez había tachado la primera palabra para sustituirla por «debatamos». El matiz, se comentaba, era pequeño, pero importante. Quizá decisivo, por cuanto reemplazaba un verbo beligerante por otro que primaba el diálogo por encima de la confrontación. Cuestión de actitud, de perspectiva, de mirada hacia el mundo.

Segundo pensamiento: En 1948, el teórico, crítico y cineasta francés Alexandre Astruc publicó en la revista L’Ecran Français un artículo cuyo título real («El nacimiento de una nueva vanguardia») hoy poca gente recuerda, pero que ha pasado a la historia como el manifiesto de la caméra-stylo, o la cámara-bolígrafo. En él, Astruc defendía que «si el escritor escribe con una pluma o bolígrafo, el director de cine escribe con la cámara». Esto es: los matices decisivos que revelan el significado profundo de cualquier discurso cinematográfico no se encuentran en la palabra, sino en la imagen. En la decisión de situar la cámara más cerca o más lejos del sujeto filmado; en la apuesta del cineasta por desplazar o no el encuadre unos centímetros a izquierda o derecha. Es por eso que un travelling, decía Jean-Luc Godard, es en última instancia una cuestión moral.

En La sociedad de la nieve, J. A. Bayona compone lo que en la superficie parece una película intachable. Un retrato fiel y honesto de la célebre tragedia de los Andes de 1972, en la que un grupo de jóvenes uruguayos hizo lo imposible por sobrevivir al accidente aéreo que los dejó varados durante más de setenta días en la montaña, a miles de metros de altitud y sin más recursos que los que podían encontrar entre los restos del fuselaje del avión estrellado. No es, ni de lejos, el primer relato de aquella odisea sobrehumana: solo habían pasado unos meses desde el rescate de los dieciséis supervivientes cuando apareció el primer libro (Survive, de Clay Blair Jr.; 1973); tres años después, se estrenó la primera película (Supervivientes de los Andes, René Cardona, 1976). Desde entonces se han sucedido los relatos escritos y audiovisuales, a cargo de cineastas, documentalistas, periodistas e incluso un buen número de los propios protagonistas del suceso. De todos ellos, los más célebres son el libro Viven, escrito por Piers Paul Read en 1974 a partir de largas entrevistas con todos los supervivientes, y la adaptación hollywoodiense del mismo realizada por Frank Marshall en 1993. Frente a esta última, la película de Bayona cuenta con unas cuantas bazas a su favor, especialmente en cuanto a la fiel recreación histórica: actores hispanoablantes, un diseño de producción tan apabullante como meticuloso, un sobresaliente trabajo en los departamentos de arte, maquillaje o peluquería y, por supuesto, unos medios técnicos del siglo XXI que permiten que el espectador sienta el accidente en sus propias carnes.

Y, sin embargo, es en los detalles donde cabe cuestionarse la moralidad que se esconde tras la caligrafía audiovisual del director. Porque el autor de Lo imposible es más proclive a realizar con su cámara el tachón inverso al de Pedro Sánchez, sustituyendo el matiz por el tremendismo, subrayando con la imagen o el sonido la parte más truculenta de la historia, por más que el conjunto parezca diseñado expresamente para obtener del público el temible calificativo de «película bonita». Así, resulta revelador que en una filmografía como la de Bayona, caracterizada por el exceso musical, donde la orquesta no descansa jamás en su empeño por realzar el carácter melodramático de las escenas, de pronto aquí la partitura calla intencionadamente para dejar espacio al sonido de la carne humana al ser manipulada y masticada por los protagonistas. 

Y es que, salvo la muy objetable película de Cardona, que se decantaba por el sensacionalismo más escabroso, el resto de crónicas han compartido casi sin excepción un elemento fundamental: aunque no obvian el hecho de que los jóvenes recurrieron a la carne de los fallecidos para alimentarse, tampoco convierten la antropofagia en el principal centro de interés de sus relatos. Particularmente, la reconstrucción de Piers Paul Read funciona como una mirada desapasionada (y, precisamente por ello, mucho más apasionante) a aquellos más de dos meses de supervivencia, haciendo especial hincapié en la forma en que los pasajeros crearon su propia nueva normalidad, repartiendo tareas, instaurando rutinas, encontrando entre la desesperación momentos de sosiego, compañerismo e incluso algún que otro resquicio de improbable felicidad. Para Bayona, parece, todo eso no es una opción suficientemente interesante: sus películas basculan hacia lo emotivo, pero para realzarlo necesitan, por contraste exacerbado, el tremendismo de lo macabro. Por eso, donde el libro de Read y la película de Marshall oxigenaban los pasajes de mayor desesperación con otros de pura convivencia, aquí el cineasta toma la vía opuesta, y la única vez que ofrece un instante de luminosidad (cuando los supervivientes, de noche, juegan a hacer rimas sobre su situación) lo hace solo para exhibir justo a continuación el alud devastador que se llevó la vida de otras ocho personas a los diecisiete días del accidente. Bayona quiere llevar a sus personajes hacia la salvación a través del sufrimiento (un sufrimiento enfatizado por asfixiantes y omnipresentes primerísimos planos), haciendo de La sociedad de la nieve una película de sustrato mucho más intensamente católico que la ya muy católica cinta del 93.

Pero quizá el momento más elocuente del film, y el que más revela la importancia del gesto cinematográfico (de esa «cuestión moral» de Godard), es la escena en que se produce el primer acto de antropofagia. En ¡Viven!, Marshall escogía centrar su mirada en el dolor de los jóvenes ante su inevitable decisión, alternando entre el rostro de Roberto Canessa (que realiza el primer corte de la carne de un cadáver) y el plano general de sus compañeros contemplándolo sin asomo de condena. Por su parte, Bayona recurre a la gramática del cine de terror, con una cámara acechante que observa el acto a través de una ventanilla desde el interior del fuselaje, mientras en el exterior varias siluetas se inclinan sobre los cuerpos como si se tratase de aves carroñeras. La actitud empática de Marshall es sustituida por la curiosidad morbosa. 

Y tampoco es casualidad el desplazamiento del punto de vista. De la coralidad de los libros de Read o de Pablo Vierci (en el que dice basarse el nuevo film) o la predominancia de los personajes de Canessa y Nando Parrado en la cinta de los noventa, en consonancia con las exigencias dramáticas de los manuales de guion hollywoodienses, se pasa aquí (y de forma algo tramposa) a dar la visión de otro de los pasajeros, Numa Turcatti: no por casualidad, uno de los que más objeciones pusieron a cruzar aquella línea aparentemente infranqueable. Por eso, por más que el guion regrese una y otra vez a las proezas que condujeron a la salvación de los supervivientes, en todo momento pende inevitablemente sobre el relato la sombra del canibalismo. Y así, lo que debería haber sido una crónica de hermandad y supervivencia se tiñe una y otra vez de sensacionalismo, realzado incluso por la imagen de algún que otro costillar humano vislumbrado de pasada, pero en un significativo primer término. Al final cada decisión de puesta en escena es, como aquel minúsculo tachón en el discurso del presidente, una cuestión de actitud, de perspectiva y de mirada hacia el mundo.

Pero qué sé yo. Quizá en un siglo XXI saturado de pantallas, cámaras, stories de Instagram y vídeos de TikTok, resulte del todo estéril pretender reivindicar ningún tipo de ética de las imágenes. O, quizá precisamente por ello, sea hoy más necesario que nunca. En cualquier caso: debatamos sobre ello.

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24 Comentarios

  1. Miguelón

    Magnífico artículo que refleja la perfección lo que sentí viendo la película. Tuve ganas de salirme del cine desde muy pronto, y aguanté lo indecible, hasta que pasada 1 hora y pico de sufrimiento y sensacionalismo, ahondando en el mismo escabroso tema, salí de la sala aliviado. Las historias que ponen al límite a la naturaleza humana suelen ser interesantes para cualquiera, pero en este caso no puedo estar más de acuerdo con Juanma: Bayona se regodea en lo más morboso de la historia, haciendo una película desagradable y truculenta a más no poder.

  2. Manuel RS

    El éxito de otros siempre encuentra mentes retorcidas dispuestas a denostar una obra de arte. Esta película mejora la cinta de Marshall en la medida en que transmite mucho mejor el permanente sufrimiento de los protagonistas que, recordémoslo, no volvían a casa cada día para cenar y descansar. La película es dura porque la situación fue dura. No podemos denominar morbo al hecho de que Bayona difumine tras un cristal las imágenes de determinados actos que, siendo elemento fundamental de la historia, no son la esencia de lo que la película pretende reflejar, más centrada en el sentir individual de los miembros del grupo (y digo grupo en el sentido de equipo, de conjunto coordinado de personas enfocadas en un fin: sobrevivir).
    Críticas negativas como esta surgirán muchas. Y muchas más cuantos más galardones obtenga la película.

    • Completamente de acuerdo. La encontré más humana, necesaria y de comunión entre los fallecidos y los superviventes.

    • Lo refleja mejor, no mucho mejor.

      pero le diré, además, que sin la injustamente denostada y devaluada Viven de Frank Marshall, el filme de Bayona simplemente NO HABRÍA SIDO POSIBLE. Viven es la referencia.

  3. Creo que esta crítica se queda en la superficie, en eso mismo que le critica a la película, el morbo. No se molesta ir más allá.
    La película muestra el agobio y miedo constante que esta gente soporto. La versión de Marshall muchas veces parece ser una excursión de unos días por la montaña y no muestra la gravedad de la situación.
    El libro de Paul Read es mucho más morboso con la antropofagia, mostrando pasajes en los que Canessa se peleaba con el resto por comer un trozo más de hígado… Aquí es mucho más sutil y más real, incluso los mismos supervivientes son mucho más explícitos en el hecho, mostrando que se convirtió en su cotidianidad.
    Por otra partes los encuadres de primer plano ayudan a la sensación claustrofobia y agobio y en cuanto a si se basa o no en el libro de Pablo Vierci, este mismo estuvo durante la filmación siendo un nexo entre el director y los supervivientes.

  4. Querer eliminar una parte esencial de la historia y no reflejar el sufrimiento es lo que me parecería pasteloso, en una historia en la que omitir parte de la realidad sería algo cercano a una «fake news»

    Si la cinta refleja lo duro de la situación es que lo hace bien, porque fue una situación extrema. Al mismo tiempo a mi me transmitió la solidaridad y las dudas lógicas.

    ¿Los rugbiers deberían haber debatido en lugar de discutido si comer o morir de inanición?

    Criticar esta película ensalzando el pastiche gringo del 93….no sé, Rick.

    • Vd pertenece tb al grupo de los que injustamente desprecian la película de Marshall. Pastiche gringo dice, o sea que según Vd Viven no transmite el terrible sufrimiento de los protagonistas y no es emotiva (su BSO además es espectacular). Al tiempo que ensalza y subraya el liderazgo crucial de Nando Parrado.

      No comprendo por qué para alabar la excelente película de Pablo Bayona necesariamente hay que cocear y arrastrar por el lodo una magnífica pelicula como Viven, precedente sin el cual Bayona no hubiera podido rodar su película, pura y simplemente.

      Lamentable su tremendo desprecio con eso de pastiche gringo. Su desacertada crítica sí que es un pastiche²

  5. No puedo estar más en desacuerdo con esta crítica. He leído sobre la historia, visto documentales, entrevistas y también la película de 1993. Cuando vas al cine con tanta información sobre lo que la película te va a contar y, aún así, te emocionas es que el trabajo está bien hecho y has conseguido transmitir las emociones que sintieron los protagonistas reales de la historia.
    En esta crítica parece que se critica, incluso, que el relato es triste y desagradable (morboso, dice), pero cabe recordar que, pese a ser una historia de supervivencia, la muerte y el sufrimiento abunda, siendo una constante desde que se estrelló el avión.
    No entiendo, por tanto, los palos a Bayona (parece más personal que otra cosa), que ha conseguido, en mi opinión, hacer la mejor película de su filmografía. Cuando lleguen los merecido a premios, que estoy seguro que llegarán, quizá el autor de este texto tenga tiempo de revisionar la película y volver a escribir unas líneas en las que reconozca el mérito de Bayona.

  6. Antonio Jose Fernandez Martin

    Está claro que este hombre no ha visto la misma película que yo. Para mi el morbo es otra cosa. Bayona, que no me ha entusiasmado mucho hasta ahora (ni siquiera en «Lo imposible») ha sabido transmitirme el sufrimiento que vivió esta gente.
    He leido un comentario de alguien que no pudo soportar la película entera y eso es sintomático.
    La situación fue horrible y no veo necesidad de endulzarla o suavizarla para que sea más fácil de ver.
    La de Frank Marshall me pareció una película de aventuras (muy digna, no digo lo contrario) y la de Bayona es otra cosa.
    Por cierto, esta es la definición que la RAE hace del verbo discutir:
    1. Dicho de dos o más personas: Examinar atenta y particularmente una materia.
    2. tr. Contender y alegar razones contra el parecer de alguien. Todos discutían sus decisiones. U. m. c. intr. Discutieron con el contratista sobre el precio de la obra.
    No sé por qué le seguimos dando una connotación negativa que no debería tener. Discutir no es sacarse los ojos por una diferencia de opiniones.
    Y ahora la definición de debatir:
    1. tr. Dicho de dos o más personas: Discutir un tema con opiniones diferentes.
    2. intr. Luchar o combatir. U. t. c. prnl.
    No sé que problema hay en seguir discutiendo. Y debatiendo también, ¿por qué no?

    • Bueno, yo no diría que es una película de aventura Viven, aunque en cierto modo sí tiene algunas connotaciones de ese tipo, pero jamás pierde de vista la esencia, que es el sufrimiento colectivo y elliderazgo y heroicidad de Parrado y Canessa.

      Al menos, Vd no la denosta ni reduce a espectáculo hollywodiense puro como hacen otros. Lo que es lamentable y profundamente irrespetuoso

  7. Juan Jesús Tato

    Gracias por invitarnos al debate.
    Creo que entiendo tu punto de vista acerca de la película de Bayona. A pesar de ello, no lo comparto del todo. Hace mucho tiempo que vi la película Viven. Tendría que verla de nuevo porque no sé si en Viven se muestra con tanta claridad lo que ha sido capaz de transmitir Bayona. Este, en su película, en el inicio de la misma nos recuerda la importancia de pensar y actuar de manera colectiva. Si no pasas la pelota, al final, te acaban derribando y no sumas y/o pierdes el partido. Todo lo Bayona cuenta después de esa escena, sencillamente, es brillante. Aquellas personas que sobreviven gracias a que, ahora sí, se «pasan» la pelota en forma de derretir la nieve para beber, en forma de racionar el chocolate, en forma de distribuir las tareas y funciones (es lo que yo veo ppr ejemplo detrás de la ventana del avión, es decir, unas personas que asumen la función de conseguir la carne humana cuidando a aquellos otros que no eran capaces de hacer esa función).
    Me parece una película formidable que nos recuerda lo brillante que podemos llegar a ser los seres humanos cuando actuamos de manera colectiva.

    • «Tendría que verla de nuevo porque no sé si en Viven se muestra con tanta claridad lo que ha sido capaz de transmitir Bayona».

      Le digo yo que no con tanta claridad, pero sí que lo transmite tb de modo brillante y enfocado. Es una película excelente Viven.

  8. Maravilloso artículo.
    Para mí es la perfecta definición de la esencia del cine de Bayona.
    Magistral.
    Gracias y enhorabuena.

  9. Pingback: Una cuestión moral: ‘La sociedad de la nieve’ - Multiplode6.com

  10. Maria José Piñeyro Castellanos

    Hola. La peli es buenísima, y una gran diferencia con las anteriores es que aparecen personificados quienes quedaron en la montaña. Lo cual les rinde homenaje, y las flias de aquellos dieron su visto bueno, y ese es el quid del asunto. El film del 93 demasiado hollywood, demasiado yanqui y nosotros somos rioplatense. Otra cabeza, otro estilo. El mate no se revuelve !!!! Este grupo tuvo la ventaja de ser del mismo nivel educativo y social, mismos códigos. Cuando fui al cine, me emocioné y lloré, xq todo lo sucedido fue muy duro. Pero la vida continúa

    • Eso de que es demasiado hollywodiense es sólo una opinión, muy superficial para mí, suya y punto.
      Viven es excelente y es la primera en rendir homenaje, por mucho que ahí no haya cameos de supervivientes, lo cual es un acierto evidente en Bayona.

      Es Vd otras de las que devalúan injustamente una gran película que es emotiva , mucho, y enormemente respetuosa y admirativa de todos los supervivientes y fallecidos. Que se centre más en la acción del grupo (y la heroicidad de parrado) y su cohesión que en cómo vivió cada uno su drama es otra cuestión. Como he indicado, son dos enfoques complementarios y necesarios, y ninguno es mejor que el otro.

      Lo dicho, qué lástima que ahora usted y otros denigren y tiren a la basura un peliculón como Viven, es la típica actitud infantiloide de quien se deja deslumbrar por lo nuevo (sea bueno o malo, en este caso es muy bueno) y le pega una patada a lo antiguo.

  11. José Antonio

    Nunca me ha gustado el cine de Bayona, siempre me ha parecido artificioso y a la vez epidérmico, contara lo que contara.

  12. L.B. "Jeff" Jefferies

    Siempre que he ido al cine ha sido por morbo.

  13. Antonio Castilla

    Se puede ver así, no tengo claro q Bayona haya sido capaz de transmitir realmente su intención, q para mí es no esconder la dureza, crudeza o el mismo debate moral sobre el hecho más delicado. Creo aún así q si desgranamos objetivamente el peso q le da a las dudas y debate entre los mismos supervivientes, la distancia gráfica sin querer ocultarla, etc , no podemos deducir q haya intencionalidad morbosa extra, más allá de q consideremos q si no ocultamos el hecho inevitable tiene el componente de morbo q la vida misma conyeba, ahí está el papel activo del espectador el q ha de darle sentido dentro de si mismo.
    La película me ha resultado brillante a nivel técnico, bien intencionada, aunque creo q no llega a calar profundamente. Quizá un enfoque más psicológico y menos formalista es lo q le he echado en falta

    • De hecho, el debate sobre el canibalismo es MÁS MOSTRADO en Viven que en la sociedad de la nieve, cuando Ethan Hawke (Nando Parrado) reúne a todos y les explica que es la única alternativa, ahí surge la perplejidad de unos y el apoyo de otros, que tb lo habían pensado pero no se habían atrevido a hablar abiertamente de ello.

  14. Quien se haya leído el libro del que tanto habla, entendería el concepto de Morbo. Pelearse por un trozo de hígado o romper los huesos para comerse el tuétano porque es lo que más energía da, no sale de lejos en la película. No se donde veis morbo en esta película, muestra claramente el sufrimiento de unas personas perdidas y sin esperanzas de sobrevivir que hicieron lo que nadie esperaba por el mero hecho de QUERER VIVIR.

  15. Grandioso el apunte sobre Pedro Sánchez. Casi tan mágico como el cine de Bayona…..o como el de los hermanos Marx.

  16. Javier Martinez

    Me parece una crítica tan superficial como la de aquellos que juzgaban a Tarantino a principio de los 90 por la violencia de sus películas, sin entender que algo realmente novedoso se había introducido en el cine hollywoodiense.

  17. Tras el justificado y merecido exitazo de La sociedad de la nieve, parece haberse instalado (una comentarista, Débora, es el ejemplo más palpable de ello) la idea de que esta es una película espectacular y la de Frank Marshall, basada en el libro de Piers Paul Read, que leí tb, es poco menos que una mediocridad insustancial. Lamentable conclusión que es completamente ajena a la realidad.

    Típico de cretinos, porque para empezar, AMBAS PELÍCULAS SON EXCELENTES, y ambas contaron tb con el asesoramiento de supervivientes de la tragedia como Nando Parrado y Carlitos Páez, que en el documental de Viven (el cómo se hizo, special features) se muestra emocionado y asombrado con la perfecta reproducción del lugar del accidente realizada por Marshall. Emocionado y hasta en shock, afirmando que es una experiencia desagradable pero una experiencia y que ya se sentía mejor y estaba contento de haber ido.

    Lo segundo, se olvida por lo que veo que Marshall TIENE, 20 AÑOS DESPUÉS DE LA TRAGEDIA (1992) el gesto que DEDICAR UNA PELÍCULA muy bien hilvanada a los supervivientes y a los fallecidos, para homenajearles y expresarles su admiración. 30 años antes que Pablo Bayona.

    A mí me parecen, como digo, 2 FANTÁSTICAS PELÍCULAS, muy emotivas y duras. DEcir como dice Débora que la de Marshall parece muchas veces una «excursión por la nieve» (vamos, que sólo faltan los trineos y el vídeo de Last Christmas de Wham) es no sólo un disparate absoluto sino una falta de respeto al trabajo del. director estadounidense y de todo su equipo.

    Y por cierto, siendo bien buena la BSO de La sociedad de la nieve, tb lo es, Y MEJOR (para mí, mucho mejor porque es de las mejores BSO y más emotivas que he visto), la BSO de Viven de Marshall, que desde aquí REIVINDICO ante la pueril, estúpida e injustísima devaluación que hacen algunos listos y listas. Las 2 películas son excelentes y te emocionan, tb la de Viven de 1993 que ahora es tirada a la basura por Déboras y similares.

    La de Viven se centra más en el grupo, su sufrimiento y su solidaridad colectiva, además de poner el acento en la gesta y el liderazgo de Nando Parrado y Roberto Canessa. Mientras que la de la sociedad de la nieve se focaliza en el sufrimiento individual, a través de la visión de Numa Turcatti, que finalmente falleció, y es en ese sentido más profunda, no se centra tanto en lo heroico como Marshall. Pero de ahí a decir que no es emotiva la de Viven, que es un PELICULÓN, va un mundo. Además, son dos enfoques perfectamente complementarios, y uno no es mejor que el otro.

    Además, la de Pablo Bayona tb refleja con claridad el liderazgo de Nando parrado cuando afirma solemne «yo no voy a morir de hambre en la montaña» y «tenemos que salir nosotros porque los del rescate sólo vienen por cadáveres».

    En definitiva, que tenemos ahora la nueva especie de listo metido a crítico cinematográfico homus criticus (oficio que de por sí está plagado de listillos, yo creo de hecho que son todos o casi todos actores frustrados) que se dedica a NINGUNEAR Y DENOSTAR la película de Viven (que además es el primer homenaje y reconocimiento a los supervivientes y a los fallecidos), poniéndola a la altura poco menos que del betún mientras se deshacen en elogios (la mayoría merecidos eso es cierto) hacia la sociedad de la nieve que, por otro lado, tiene algunos errores importantes. Como NO REFLEJAR LA CARA DE TERROR DE LOS PILOTOS CUANDO VEN QUE SE VAN A ESTRELLAR por su nefasto error de cálculo en la navegación (pensaban que habían sobrepasado ya Los Andes, se confiaron pues ya habían hecho ese trayecto varias veces como experimentados pilotos que eran). Los pilotos tb son víctimas y MARSHALL TIENE EL ACIERTO DE REFLEJAR SU MOMENTO DE INCREDULIDAD Y TERROR ANTE SU MUERTE, Pablo Bayona lo soslaya y a mí eso me parece un error grave. Y es demasiado truculento (aunque al fin y al cabo es la realidad de los hechos) cuando filma la escena de los esqueletos.

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