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Asimov, Lem, Le Guin (y 3)

hombre-bicentenario asimov
El hombre bicentenario (1999). Imagen: Columbia Pictures.

Viene de «Asimov, Lem, Le Guin (2)»

Si en La mano izquierda de la oscuridad (1969) Ursula K. Le Guin aborda indirectamente la controvertida cuestión de la lucha de géneros, en su otra gran novela, Los desposeídos (1974), aborda directamente la no menos controvertida cuestión de la lucha de clases. Que ambas novelas ganaran los dos premios más prestigiosos de la ciencia ficción, el Nebula y el Hugo (Le Guin fue la primera persona que ganó ambos premios por dos de sus libros), en la turbulenta década de los años setenta del siglo pasado, da idea del impacto literario —y, sobre todo, ético y sociopolítico— que supuso su irrupción en la escena de la ficción especulativa.

La acción de Los desposeídos —cuyo elocuente subtítulo es Una utopía ambigua— se sitúa en el planeta Urras y su satélite Anarres, al que fueron exiliados, unos doscientos años antes del comienzo de la narración, los participantes en una revuelta anarquista que intentó acabar con el inicuo régimen capitalista del planeta madre. La propia autora describió el sistema político de Anarres, cuyos habitantes comparten solidariamente sus escasos recursos, como una especie de anarquismo taoísta. Shevek, el protagonista de la novela, es un científico anarresiano que intenta construir un ansible1, un dispositivo comunicacional que, superando las limitaciones relativistas, permite la transmisión instantánea de información a cualquier distancia. En la imposibilidad de conseguir su objetivo en el subdesarrollado Anarres, Shevek viaja a Urras con la esperanza de conseguir el apoyo de algunos científicos urrasianos disidentes.

Uno de los aspectos más interesantes de la novela, desde una perspectiva actual, lo constituyen las reflexiones sobre el lenguaje modificado de los anarresianos, denominado právico, en el que se tiende a eliminar las expresiones supremacistas, egotistas y poco solidarias. Así, un anarresiano no dirá, por ejemplo, «Déjame tu cuchillo», sino «Comparte conmigo el cuchillo que usas».

Pero Le Guin no cae en el simplismo de los utopistas ingenuos del pasado, ni piensa que baste con modificar el lenguaje para cambiar la sociedad, y en su compleja novela explora también las dificultades que surgen y los peligros que acechan al intentar llevar a la práctica propuestas que, sobre el papel, parecen incuestionables; de ahí el subtítulo: Una utopía ambigua.     

La historia que se escribió sola

Mal que les pese a algunos marxistas ultraortodoxos (valga el oxímoron), la lucha de clases es inseparable de la lucha de géneros y de la lucha de especies2. Sin feminismo no hay socialismo, como repiten sin cesar (y es preocupante que a estas alturas tengan que seguir insistiendo en ello) las feministas, y sin antiespecismo tampoco (y hay que reconocer que también son las feministas las que más insisten en este punto). Con las poderosas herramientas de la ficción especulativa, Le Guin abordó las dos primeras luchas (aunque sería más correcto decir los dos primeros aspectos de una misma lucha antisupremacista) en sendas novelas magistrales, e Isaac Asimov abordó la tercera en una extensa —e intensa— saga robótica desarrollada a lo largo de medio siglo.

Asimov fue uno de los que antes comprendieron que, muy probablemente, la primera confrontación de la humanidad con una inteligencia ajena no se producirá al entrar en contacto con una civilización extraterrestre, sino sin salir de casa, al alcanzar lo que hoy denominamos «inteligencia artificial» un nivel cognitivo igual o superior al nuestro. Y su visión optimista de un futuro compartido por humanos y robots contrasta con la de otros escritores y científicos. Cuando Arthur C. Clarke dijo: «Si inventamos máquinas inteligentes, será lo último que nos dejen inventar», Asimov replicó: «El único peligro de las máquinas inteligentes es que no lleguen a tiempo de salvarnos de nosotros mismos».

La convergencia evolutiva de los robots con sus creadores es una cuestión —la gran cuestión— que, de forma más o menos explícita, Asimov plantea en algunos de sus relatos (sobre todo en el ya mencionado «¿Qué es el hombre?», publicado en 1974, que el propio autor calificó como su relato de robots positrónicos «definitivo») y que desarrolla plenamente en El hombre bicentenario (que empezó siendo un relato corto y luego se convirtió en una novela escrita en colaboración con Robert Silverberg). Según dijo el propio autor: «Esta historia, que apareció por primera vez en 1976, fue mi exposición más clarividente del desarrollo de los robots. Trataba del deseo de un robot de convertirse en hombre y de la forma en que realizaba este deseo, paso a paso. No tenía intención de escribir esta historia cuando la empecé, se escribió sola, y se trazó y entrelazó en la máquina de escribir. Acabó siendo la tercera de mis historias favoritas, entre todas las escritas»3.

Es muy significativo que Asimov dijera que la historia «se escribió sola», como si la propia inercia —la lógica interna— de más de treinta años de narrativa robótica lo hubieran llevado necesariamente a contar la evolución de un robot que se convierte en hombre, metáfora de la evolución misma de la inteligencia artificial (a cuya culminación estamos, muy probablemente, a punto de asistir). También es significativo que El hombre bicentenario sea la única obra de Asimov que ha sido llevada al cine de una forma no meramente anecdótica o efectista (Bicentennial Man, de Chris Columbus, 1999), con un convincente Robin Williams en el papel del robot positrónico y hombre bicentenario Andrew.

Los propios dioses

En las dos entregas anteriores de esta breve serie se han mencionado las coincidencias entre Asimov y Lem, así como las divergencias entre Lem y Le Guin. Curiosamente, del tercer lado del triángulo no hay mucho que decir, o, para ser más preciso, no hay mucha información al respecto. Es cuando menos extraño que Asimov, que se relacionaba con muchos otros autores de ciencia ficción y los menciona a menudo en sus artículos y textos autobiográficos, ignore casi por completo a una autora tan importante como Ursula K. Le Guin.

Casi, pero no del todo. Como me recordó oportunamente un lector (ver comentarios de la entrega anterior), en su novela Los propios dioses (1972) aparece una civilización alienígena trisexual, hay personajes femeninos relevantes y abundan las reflexiones sociológicas. Y no deja de ser significativo que, tres años después del extraordinario éxito de Le Guin, publicara Asimov, alejándose ostensiblemente de su registro habitual, una novela deudora de La mano izquierda de la oscuridad en lo sexológico y en lo sociopolítico. Aunque, que yo sepa, Asimov nunca reconoció la influencia de Le Guin. Y en eso también se asemejó a Lem, que nunca admitió (aunque una vez más la prudencia me obliga a añadir «que yo sepa») que Solaris toma la idea de un gigantesco ser pensante aparentemente inorgánico, capaz de duplicar a personas cuyas crisis de identidad las empujan al suicidio, de la injustamente olvidada novela de Theodore Sturgeon Los cristales soñadores. Pero ese es otro artículo4.


Notas

(1) La propia Le Guin había introducido el concepto y el término «ansible» (derivado del inglés answerable: respondible) en su primera novela, El mundo de Rocannon (1966).

(2) Cf. «Veganismo o muerte: la última transición moral».

(1) Las otras dos son La última pregunta (1956) y El niño feo (1959).

(1) Un artículo que, por varias razones, no sé si escribiré; aunque ya he abordado el tema, desde el desenfado que permite la narrativa, en un capítulo de La Taberna Flotante.

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41 Comentarios

  1. Yo, gallo claudio

    Muy interesante como siempre, pero lo que más me ha llamado la atención son las actualísimas citas de los maestros Clarke y Asimov sobre IA, que no conocía. Aunque yo soy más bien asimoviano en esto, creo que los clarkianos (con perdón) van ganando por goleada. (Hace poco leí en prensa que nosequé cientifico de nosequé universidad anunciaba la destrucción de la humanidad en dos o tres años por la IA, vamos un poco como el calendario maya). Y esto me lleva a una pregunta que llevo haciéndome mucho tiempo: ¿porqué la SF es mayoritariamente tan pesimista sobre el futuro? Es difícil encontrar un libro o película que presenten un futuro esplendoroso para la humanidad gracias a la ciencia. Me parece raro que alguien tan formado y bien relacionado con la comunidad científica (científico él mismo) como Clarke fuese un tecnopesimista.

    • A mí también me sorprende el tecnopesimismo de Clarke (lo que algunos han denominado «síndrome de Frankenstein»). Sin embargo, que la CF muestre futuros distópicos no debe considerarse pesimismo, pues, normalmente, no pretende anticipar el porvenir, sino advertir sobre los riesgos de determinadas tendencias. No dice: «Esto es lo que pasará», sino, «Si seguimos cometiendo estos errores, podemos acabar así de mal». Y, por otra parte, muchas distopías hacen hincapié en la capacidad de supervivencia de los seres humanos incluso en las circunstancias más adversas, lo que no deja de ser una forma de optimismo.

      • Yo, gallo claudio

        Buen apunte, gracias, aunque sigo pensando que la mayoría de las distopías, antes que un «cuidado, os puede pasar esto» dicen «ya os dije que no iba a salir bien».

    • Así a bote pronto: Star trek.
      Prácticamente toda la ciencia ficción estadounidense de la edad de oro es optimista en relación al progreso científico, de hecho

      • Yo, gallo claudio

        Gracias, tal vez sea correcto lo que dices. Lo repensaré. Pero, Star Trek, con su futuro hipermilitarizado, la guerra fría perpetua, todo contacto con entidades alienígenas marcado por el recelo y el miedo y los científicos (Spock y McCoy) a las órdenes de Kirk, un militar al fin y al cabo; no estoy tan seguro de que sea un buen ejemplo de futuro brillante. Un saludo.

      • Frabetti

        Efectivamente. Incluso un poco ingenua, en general. Aunque también abundan en ella las advertencias y llamadas de atención, y el propio Asimov es un buen ejemplo de ello.

      • Petronilo

        No olvidemos que Fundación y siguientes, abordan una expansión humana más allá de lo nunca imaginado, y la solución a los posibles problemas que surgirían. Eso no me parece pesimista, es sencillamente genial

        • La saga de las Fundaciones (que acabó engullendo casi todas las obras de Asimov) merecería un estudio aparte. Creo que es un fenómeno único en la narrativa del siglo XX.

  2. «El horror, el horror» El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad

  3. José Antonio

    El fin de la eternidad de Asimov, diría que tiene un final optimista.

  4. Protocalvo

    En resumidas cuentas, el futuro auténticamente humano pasa por una sociedad sin clases, de géneros fluidos y que solo comerá lechuga.
    Afortunadamente, cuando lleguemos a ese horizonte de esplendor, yo ya estaré calvo.

    • Para entonces la cura para la alopecia digo yo que estará encontrada jajaja

    • ¿Una humanidad que conviva más acorde con la naturaleza?¿más libre, porque la libertad es no depender de los caprichos y voluntades ajenas y a su vez contar con los demás?, ¿menos violenta y sexista? ¿Dónde hay que firmarlo?

      Pero no te preocupes que nuestro sistema y «líderes» preferirán que reviente todo antes que llegar a éso, si no funcionan los cantos de sirena de «hacerte rico» se impondrá el autoritarismo y la fuerza. Sólo hay que ver las ganas de guerra y rearmamento militar que estamos observando; la doble vara de medir entre Palestina/Israel y Ucrania/Rusia o el abandono de las políticas climáticas y medioambientales por parte de la UE, (mismamente en mi tierra Andalucia, a la altura de su capital, se prepara una tubería que verterá 85.000 millones de litros de aguas contaminadas al Guadalquivir, una ría, que dejará lo de la mina de Aznalcollar de hace 25 años en pañales. Todo sea porque dos empresas se lo lleven calentito, pero vestido de compromiso social al dotar de trabajo a un pueblo al que en 25 años de desidia no han encontrado otra alternativa que contaminar.

      • Da miedo que en algún momento te creyeras que las políticas medioambientales/climáticas de la UE tenían como verdadero objetivo salvar el medioambiente o luchar contra el cambio climático.

        • Da mucho miedo, sí. Pero la situación es tan espantosa que preferimos tragarnos lo de que vivimos «en paz y en democracia» antes que afrontar la crudísima realidad.

          • Yo nunca me lo he creído y creo que la mayoría de gente tampoco. Diferente es que la población esté dispuesta a hacer algo para cambiar las cosas, lo cual dudo mucho y menos ahora. Y mucho menos en estos momentos donde día sí y día también los políticos europeos (Macron hoy mismo) nos recuerdan que estemos en un escenario prebélico, lo que augura malos tiempos para esa paz o esa democracia, que por otro lado tenían las horas contadas de todos modos si es que se quiere creer que en algún momento existieron.

        • Es curioso que te de más miedo lo que yo crea, un desconocido, y no lo que ocurre. Pero bueno, el miedo es libre.

    • Frabetti

      Sí, casi todo lo que escribió Asimov es básicamente optimista, y no solo su ciencia ficción. Creía en la voluntad de superación de los humanos. Y de los robots.

    • Frabetti

      Si no la fastidiamos antes de manera definitiva, podrás comer todo lo que quieras, y sin necesidad de matar a animales no humanos y humanos (que también son, por millones, víctimas directas e indirectas del carnivorismo). Y la calvicie será una opción, no una pérdida.

      • Yo, gallo claudio

        Cualquier cosa antes que las galletas «Edward G. Robinson» de Soylent Green. 😂 Por cierto, otra historia «superalegre» (de Harry Harrison)

        • Pues ya estamos comiendo cosas peores. Tal como están las cosas, el canibalismo no es la peor opción, al menos desde el punto de vista dietético.

  5. Acabo de terminar «Los propios dioses» a causa de la referencia que hizo el lector que mencionaste. Fascinante novela

    • Frabetti

      Sí, el propio Asimov la consideraba su mejor novela. Y, curiosamente, es la más atípica dentro de su producción, la menos asimoviana.

  6. Glumdalclitch

    «Mal que les pese a algunos marxistas ultraortodoxos (valga el oxímoron), la lucha de clases es inseparable de la lucha de géneros y de la lucha de especies»
    ¿De verdad hay que volver a explicar lo que se ha dicho desde hace tiempo por aquí? ¿Que cada vez que Irene Montero hablaba perdía miles de votos? ¿Que la deriva de Podemos siguiendo al IU de los últimos tiempos y al PCE tardo-anguitista abanderando el ecofeminismo solo hacía espantar votantes? ¿Que lo único que encumbró y mantuvo a Podemos fue el mensaje original de «empleo, sanidad, educación, pensiones y vivienda» y no los «niñes, políticas de género, todo es violencia machista y carnivorista» y demás payasadas? ¿De verdad hay que volverlo a explicar cuando elecciones tras elecciones el partido ha cometido los mismo errores del pasado y no ha hecho sino caer a plomo perdiendo votos y representación? No hay que ser marxista para entenderlo.. Basta ser un mediocre aristotélico y distinguir entre sustancia y accidente. Enhorabuena. No eres un marxista ultraortodoxo, sino un marxista de salón. Si Felipe VI te mandara una invitación, irías a la corte perdiendo el culo.

    • Hace mucho que no me mandan invitaciones, y una de las razones es que cuando me las mandaban no iba. Otra, que cuando me dieron un conocido premio literario me negué a recibirlo de manos de Letizia.
      En cuanto a que, en (esta) política, decir la verdad hace perder votos, tienes toda la razón. Por eso algunes pensamos que, como digo en otro artículo, la cuestión no es votar o no votar.

      • Glumdalclitch

        No pienso volver a cruzar una palabra con alguien que ofende la lengua en que me expreso.

        • Cuidado con expresiones como «solo hacía espantar votantes». Solecismos y anacolutos ofenden la lengua en que te expresas, y podrías no volver a cruzar una palabra contigo mismo.

  7. Volviendo a la ciencia ficción, en su momento me pareció interesante la serie Babilonia 5, Aquella especie de Naciones Unidas interplanetaria.

    • Frabetti

      No la seguí con regularidad. La recuerdo interesante, sí, pero ambigua. Tendría que revisarla para poder opinar.

  8. Simplicísimo

    La verdad es que es estomagante y chocante ese uso de las «es». Es molesto y no creo que con ello se logre nada. Claro, que me puedo equivocar.

    • Frabetti

      Estoy de acuerdo: es estomagante y chocante. Pero la alternativa es seguir manteniendo un lenguaje discriminatorio, por no decir opresivo. Con lo de las es, las feministas y les no binaries han conseguido, al menos, que se hable de ello (como estamos haciendo ahora), que se visibilice el problema, que es el primer paso para resolverlo.

  9. A Carlo Frabetti lo conozco desde niño por los prólogos de las recopilaciones de relatos de ciencia ficción. No sabía quién era pero recordaba el apellido porque cuando algún niño del barrio caía malo le llevábamos tebeos y esas recopilaciones de ciencia ficción para pasar la Fiebritti entretenidos en la cama. Luego me enteré de quien es en Jot Down.
    «LO conozco», no «le conozco». Después de siglos no se rompió la barrera anti leistas de los hablantes de español, como para que nos vengan con otro leísmo más subnormal si cabe. Es que duele a la vista, al oído y al tacto.

    • Frabetti

      Gracias, Jose, como seguramente sabrás, me dedico a la mal llamada literatura infantil, y pensar que mis recopilaciones pudieran ayudar a niños enfermos a sobrellevar la Fiebritti me llena de alegría. Y duro con el leísmo: esa e sí que es molesta y absurda.

  10. Robert Mañé Velilla

    Estimado Carlo, gracias por los 3 artículos, es muy necesario (y divertido) conocer a los autores y sus relaciones e influencias. Dos comentarios para abrir líneas de debate:

    1. Sobre el pesimismo de en SF: la semana pasada mi hijo de 14 años me pidió ver Fahrenheit 451. Revisitamos la versión de Truffaut, que vi más o menos a su edad y recuerdo que no me impresionó mucho. En cambio, esta vez casi lloro con las escenas finales en la nieve. La gran SF para mí es transformadora, propositiva, da nuevas perspectivas y por tanto esperanza. Los propios dioses, no sé cómo, entra ahí. Dick o el ciberpunk, por ej. me gustan y tienen su calidad, pero me encajan más como aventuras adultas o filosóficas, son otra SF.
    2. Le Guin: hace años, me contó un antropólogo la increíble historia de Ishi, el último de los yahi, y sus años finales con la familia de Alfred Kroeber, el profesor de Antropología de Berkeley. Escarbando en Le Guin tras leer el ciclo de Terramar, descubrí que ¡era la hija de Kroeber, había vivido la historia en su infancia en primera persona! En general la obra de Le Guin me transmite una cierta melancolía, en Los desposeídos me queda la tristeza de una concepción ética superior, una utopía barrida por la irracionalidad y las limitaciones de la propia naturaleza humana, una utopía en la que intuyo la añoranza por los valores de un anarquismo naturalista, reflejo seguramente en la figura idealizada de Ishi y su sabiduría nativa: “Cuando el último árbol sea cortado, cuando el último río sea contaminado, se darán cuenta que el dinero no se come.” Carlo, con su conocimiento privilegiado, ¿cree que este podría ser un análisis correcto? Y….¿las utopías modernas han de venir de la SF? Gracias por su atención.

    • Frabetti

      Gracias a ti, Robert, por tu enjundioso comentario, con el que estoy básicamente de acuerdo. Y, sí, creo que la SF ha contribuido mucho -más que ninguna otra corriente narrativa, me atrevería a decir- a estimular el pensamiento utópico crítico, precisamente al señalar los peligros implícitos en ciertas concepciones y tendencias.

    • A cualquiera que esté interesado en el anarquismo como forma viable de relacionarnos le recomendaría la breve, pero maravillosa y fresca, obra de David Graeber, Fragmentos de una antropología anarquista (2004). Se puede aprender mucho de la antropología, de formas imaginativas de entender la política y la libertad, la igualdad y la justicia.

      La editorial virus lo puso online
      https://www.viruseditorial.net/paginas/pdf.php?pdf=fragmentos-de-antropologia-anarquista.pdf

      Un saludo

      • Como seguramente, sabrás, Graeber cita a Le Guin en El amanecer de todo. Gracias por el enlace.

        • Cierto!
          Llegué mucho antes a la ciencia ficción, de la mano de Asimov y Le Guin entre otros, que a la antropología y resulta que las cosas son más comprensibles porque ya las «sabía» de antes.
          Por cierto estoy bicheando la editorial Virus y tiene cosas muy interesantes.

          Gracias a ti Carlo, por inspirarnos!

  11. Robert Mañé Velilla

    Pues… si la SF ha de llevar esa bandera, me temo que ya somos dos que estamos dejando en mal lugar a política, economía, sociología… Cuando mis hijos me preguntan por lo nuevo, me hace sentir desesperanzado tener que darles ilusión con las viejas utopías de mi adolescencia. Cuando me piden qué pueden hacer para cambiar el mejorar no se me ocurra otra cosa que decirles “lucha contra el cambio climático” o “apúntate a una ONG que luche contra las desigualdades”. Su respuesta ya se la imagina.

    • Frabetti

      Es una excelente propuesta, porque luchar contra el cambio climático y contra las desigualdades conlleva luchar contra el capitalismo salvaje -el salvaje capitalismo- en todos los frentes y por todos los medios. Y no, no me imagino la respuesta de tus hijos, pues caben muchas actitudes ante ese desafío, desde el pasotismo integral hasta la lucha armada. Espero que encuentren alguna entre ambos extremos.

  12. Robert Mañé Velilla

    Ya te la imaginas, disculpas.

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