Cine y TV

Tony Scott, el hermano fiable (y 2)

Viene de «Tony Scott, el hermano fiable (1)»

Seguimos con el repaso a la carrera del director hollywodiense más despreciado del último medio siglo: Tony Scott. Vamos a ello.

Amor a quemarropa (True Romance, 1993)

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Amor a quemarropa. Imagen Warner Bros.

Este filme reúne a dos pesos pesados de la industria: Quentin Tarantino al guion (el primero que vendió a Hollywood, parece) y Tony Scott a la dirección. A todas luces se trata de una combinación fantástica y el resultado está a la altura: lo que Amor a quemarropa pierde en originalidad y filo por el tratamiento más convencional del segundo, gana en ritmo, resolución y sentido lúdico al desembarazarse también de la irritante insensibilidad para medir los tiempos del primero.

En suma, esta montaña rusa de acción, drogas y elvisitis es un chute de diversión, sobre todo en su primera mitad, cuando uno puede disfrutar con mayor regodeo del one-man-show de Gary Oldman (deslumbrante en su breve intervención, no en vano afirma que este es uno de sus personajes favoritos de toda su carrera y que le hubiera encantado consagrarle una película entera) y de los duelos actorales, como el careo de un desalmado Christopher Walken frente a un entrañable Dennis Hopper.

Y es que menudo reparto el de esta producción, donde hasta Brad Pitt le saca inmaculada punta a su puntualísimo personaje. Tony Scott se sintió como pez en el agua con tanta grandeur de acciones y tamaña congregación de antihéroes. Hoy sigue siendo un espectáculo formidable e incluso el tiempo lo hace más gozoso: detalles como el de Tom Sizemore y Chris Penn fungiendo de pareja policial al frente de una operación antidroga encierra una ironía infinita…

Marea roja (Crimson Tide, 1995)

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Marea roja. Imagen Jerry Bruckheimer Films.

De entre todas las películas de Tony Scott, esta es la favorita de los cinéfilos a quienes no les gusta el cine de Tony Scott. Por lo usual, pertenecen a generaciones anteriores a la década de los 70. Hay varias razones, muy elementales en realidad, para que Marea roja les pille de buenas: primero, que obviamente es una vigorosa película de suspense con un trasfondo reminiscente de los años dorados de la guerra fría, período que alumbró su propia andanada de títulos memorables; y segundo, que tanto la tensa trama, la planificación en escenarios claustrofóbicos y el duelo interpretativo entre dos titanes (Denzel Washington y Gene Hackman) claramente remiten a planteamientos del cine clásico de Hollywood de toda la vida, incluso al destajista sistema de estudios, tan añorado por la crítica más añeja. Marea roja pertenece a esa estirpe de filmes que se suelen definir como «peliculones».

Vale, es un peliculón, pero personalmente prefiero a un Scott más desenfadado, desatado y popi.

Fanático (The Fan, 1996)

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Fanático. Imagen TriStar Pictures.

Esta película no es tan mala como se dictaminó en su momento y hasta resulta un digno entretenimiento, sin grandes sorpresas ni decepciones: lo que pasa es que en su día los puristas y los muy cafeteros se quedaron boquiabiertos de que Robert De Niro se lanzara de bruces a protagonizar superproducciones de palomitas cuando nos tenía acostumbrados a adelgazar, engordar, escuchimizarse o hipermuscularse para cada nuevo papel en proyectos de notable enjundia artística. Supongo que un día se hartó de tantos chequeos y empezó a fijarse más en la chequera. En todo caso, este tira y afloja entre el acosador De Niro y la estrella del béisbol Wesley Snipes, basado en un formulaico meh-seller de bolsillo, se deja ver sin causar demasiados estropicios neuronales.

Y encima el reparto incluye a la fabulosa Ellen Barkin.

El lado salvaje del deseo (serie de TV The Hunger, episodios «The Swords» Y «Sanctuary», 1997 y 1999)

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The Hunger. El lado salvaje del deseo. Imagen Scott Free Productions.

Creada por el enigmático productor ejecutivo Jeff Fazio, la serie The Hunger toma el concepto básico de la película homónima de Scott y lo libera del «ansia» vampírica como interpretación exclusiva para convertirlo en una metáfora que pueda abarcar casi toda clase de enfoque temático en cada episodio autoconclusivo: el hambre de poder, sexo, energía, dinero, manipulación… siempre con un giro fantástico y cierto regusto sexploitaition típico del despegue de la ficción adulta en la tele de los 90.

Produjo Scott Free y sus dos temporadas fueron presentadas por dos señores carismáticos: Terence Stamp y David Bowie, respectivamente. También se contó con el buen hacer de algunos directores afines a Scott (el delicioso rimbombante Russell Mulcahy se ocupó nada menos que de seis episodios y por ahí asoma también el aplicado Christian Duguay) y hasta los dos hijos de Ridley (Jake y Luke) firman cada uno su propia entrega. Los guiones se basaron tanto en ideas originales como en relatos de autores irreprochables (entre otros, Tanith Lee, Poppy Z. Brite, David Morrell, Brian Lumley, Harlan Ellison, Robert Bloch o incluso Cornell Woolrich).

Por su parte, Tony se responsabilizó de dos capítulos, uno por temporada: la estilizada joyita «The Swords», sobre un joven tarambana (el muy apropiado Balthazar Getty) que cae embelesado ante una artista de circo-cabaret con las facciones de Amanda Ryan (y de nombre Musidora, como la actriz protagonista del folletín mudo Les vampires), muchacha capaz de tolerar que la traspase una afilada espada sobre el escenario; y el más rutinario «Sanctuary», sobre un performer excéntrico (el propio Bowie) que abre sus puertas a un presunto asesino a la fuga (el siempre eficiente Giovanni Ribisi), para embarcarse ambos en un pretencioso duelo de egos sin mucha enjundia, resuelto en un chapucero truco final: del tinglado se salva poder contemplar la inesperada reunión de cantante y director tres lustros después de El ansia, pero los dos parecen un poco cansados.

Enemigo público (Enemy Of The State, 1998)

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Enemigo público. Imagen Scott Free Productions.

Filme que desde su propia génesis revalida la tendencia de Tony Scott a embarcarse en proyectos impersonales, por más que este ampuloso thriller de conspiraciones gubernamentales e inocentes a la fuga cuente con un reparto de campanillas (Will Smith, Lisa Bonet, Gene Hackman, Tom Sizemore, Jon Voight, Gabriel Byrne y un largo etcétera) y hasta con un guion elegante pero finalmente genérico de David Marconi. Lo que lo diferencia de la etapa más chusca de Scott en Hollywood es que incorpora un peldaño extra en qualité formal, especialmente respecto a Fanático o Días de trueno.

Scott se esfuerza realmente en desarrollar un lenguaje propio, de montaje entrecortado pero con un mayor refinamiento narrativo, menos apegado a las «emociones básicas» del blockbuster de turno. Digamos que este es un blockbuster para lectores de John Grisham, que tampoco es que sea el no va más del buqué, pero al menos son gente que lee y ya tienen un pie en Scott Turow y todo. Pues algo así.

Spy Game (Juego de espías) (Spy Game, 2001)

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Spy Game. Imagen Universal Pictures.

Con las mismas hechuras formales del título anterior, Scott confeccionó un traje impecablemente diseñado para explotar la distinguida veteranía de Robert Redford (quien, curiosamente y al igual que otro fervoroso demócrata blanco, Harrison Ford, ha envejecido con una angulosa jeta de republicano) y la sangre todavía relativamente joven de su heredero Brad Pitt. Los dos exrubios bonitos de Hollywood tienen química juntos y, de nuevo, la trama toma visos de suficiente densidad para parecer relevante, así como transpira la dosis necesaria de sofisticación expositiva para creernos que trascenderá. En todo caso, es un juego de mentiras y verdades muy digno.

El fuego de la venganza (Man on Fire, 2004)

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El fuego de la venganza. Imagen Scott Free Productions.

Y llegamos a la que, a mi parecer, constituye la obra maestra de Tony Scott y una de las mejores películas de género negro que Hollywood haya expectorado en este siglo, categoría a la que no es ajena su insuperable (e inexorable) conclusión. Basada en la novela de A. J. Quinnell (que en 1987 ya propició una versión inferior del francés Élie Chouraqui con el voluntarioso protagonismo de Scott Glenn), Man on Fire se plantea con una dimensión operística en torno al autosacrificio del héroe en aras de la preservación de la inocencia virgen que, como adulto marcado por la podredumbre, él ya no posee. Sabiéndose contaminado, el héroe llevará hasta el fin su misión de muerte para acabar con seres más perniciosos que su propia persona. Dicho subtexto es construido desde una trama simplísima por la que un decadente exagente de la CIA, interpretado por un, oh paradoja, esplendoroso y crepuscular Denzel Washington (nunca estuvo mejor en la gran pantalla), se emplea en Ciudad de México como guardaespaldas de una niña pija de nueve años (una idónea Dakota Fanning). Aun con las mismas concesiones al sentimentalismo que aquella otra gran fábula paterno-filial del último cine comercial que fue el Léon de Luc Besson, el contrapeso de la dura violencia que acosa la progresión argumental de Man on Fire también nos acaba arrastrando a una vorágine de adrenalina y furia poco complacientes. La atención al detalle sensorial de Scott convierte El fuego de la venganza en una experiencia total de una manera muy similar a la que su compatriota Adrian Lyne forjó en su inolvidable Lolita (1997).

Estamos ante un filme recio y compacto que resiste innúmeros visionados y donde el arte de su director alcanza cotas de intensidad no adulterada que ya nunca volverá a rozar. De algún modo, el final de esta película parece una carta de despedida del propio Tony Scott. De algún modo, siempre he pensado que Scott quiso concluir deliberadamente como el mayor paladín que nos legó.

Domino (Domino, 2005)

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Domino. Imagen Scott Free Productions.

A mi juicio, nos hallamos ante el último filme genuinamente interesante de Tony Scott. Por momentos pajarada y, en otros, ejercicio de metalenguaje sumamente inspirado, Domino es un collage supuestamente basado en la vida real de la hija del actor Laurence Harvey, una exmodelo metida a cazadora de recompensas.

Kiera Knightley, Mickey Rourke y Edgar Ramírez son el atípico trío protagonista de este tiovivo enrielado entre la aventura y la majarada, pero que su director se toma en serio y cuyo bordado pespunta con atractivos recursos narrativos y efectos visuales. Casi se podría definir en lo expresivo como una evolución barroca de Man on Fire; no en vano, durante su rodaje, Domino fue irónicamente rebautizada como «Man on blowtorch».

Habría que tomarse Domino más como un festival frenético que como una película fallida y, sobre todo, saborearla como la última obra personal de Tony Scott. Lamentablemente, la auténtica Domino Harvey falleció poco antes del estreno, de una sobredosis accidental de fentanilo. El propio filme es un potente chute en vena que se puede disfrutar como una sensual droga recreativa.

Dejà Vu (Cambiando el pasado) (Deja Vu, 2006)

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Déjà Vu. Imagen Scott Free Productions.

Y llegamos a la última fase, ya desgraciadamente trunca, de la filmografía de Tony Scott, conformada por tres thrillers verdosos muy bien manufacturados, pero carentes de un alma legítima que se precie, y los tres con argumentos estándar de usar y tirar a mayor gloria de Denzel Washington. En este caso, el siempre resolutivo Washington —muy bien secundado por los también guapísimos Jim Caviezel y Paula Patton— cumple una vez más como empático adalid honesto en una cinta de acción donde lo que mejor funciona es la curiosa conjunción entre el tono de intriga urbana y la deriva fantástica que la trama adopta en el giro adecuado. Hay siempre un toque de distinción en la dirección, pero de nuevo nos encontramos ante un producto de consumo que no deja mayor huella, sin rabia interior, sin verdad remanente.

Asalto al tren Pelham 1 2 3 (The Taking Of Pelham 123, 2009)

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Asalto al tren Pelham 1 2 3. Imagen Scott Free Productions.

Las comparaciones son odiosas, así que obviaremos contrastarlo con el largometraje original que Joseph Sargent firmó en 1974 (no hace falta comparar: el de Sargent es mucho mejor), pero por sí solo tampoco nos encontramos ante un gran filme. Mi problema principal ante esta nueva versión de la novela de John Godey es la absoluta imposibilidad de tomarme en serio al John Travolta sexagenario. Siempre le veo el implante de exmelenudo, los cachetes de exniñato y el pasado de exbailongo. Es un excéntrico disfrazándose de personajes de una pieza y hasta el secuestrador despiadado que plasma en la pantalla parece anodino comparado con la personalidad que se vislumbra debajo.

En esta ocasión, ni el casi siempre eficaz Brian Helgeland logra dotar de singularidad al guion, lo cual no resta para que el resultado sea tan sólido como casi todo lo que Scott rodó en sus últimos años, porque a fin de cuentas en su estilo basado en una impronta de impacto no influye en demasía si el guion es deslavazado. Y siempre causa placer mirar a Denzel, por más que se empeñe en querer hacer la película entera sentado.

Imparable (Unstoppable, 2010)

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Imparable. Imagen Scott Free Productions.

El último vehículo para el lucimiento de las dotes direccionales de Tony Scott y las interpretativas de Denzel Washington fue este Imparable, construido en torno a la imposibilidad de controlar un tren de carga que se ha desbocado sin frenos, a lo El tren del infierno de Konchalovski pero sin metáfora existencial. La misma tónica de los dos títulos previos: un buen menú de comida rápida y nada sustancioso que retener en el organismo tras su deglución. Al menos Denzel todavía se atreve a realizar algún esfuerzo físico: en breve, echará barriga y se endosará una guayabera para reciclarse en héroe de acción estático —a medio camino entre Steven Seagal y Carlos Mejía Godoy y los de Palacagüina—, dentro de la saga El ecualizador.

Les reviento el final de Unstoppable: el héroe impide que el tren «imparable» provoque una catástrofe, pero no logra evitar que su director se arroje de un puente un par de años más tarde.

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13 Comentarios

  1. de ventre

    Bravo por la reinvindicación de Tony Scott! Para la próxima: Joel Schumacher (porfa, porfa, porfa).

    Mi favorita es Revenge, la verdad, seguida de cerca por Marea Roja. Le daré un vistazo a Man on Fire, pero con el tiempo Denzel Washington ha acabado cargándome: siempre luce el rollito de aura épica de héroe, que no encaja a veces con el papel (en American Gangster no consigues verlo como un criminal en ningún momento). pero bueno, son manías mías.

    j

  2. Lareon Falken

    Personalmente lo pasé bien con «Deja-vu», «Revenge» es una película que merece mayor reconocimiento del que tiene, y «Marea Roja» es sólida como el casco del Alabama. Ahora bien, indudablemente si mejor película fue «El fuego de la venganza», llevando al extremo la expresión «vivir de prestado». Además tiene como secundario a Christopher Walken, y eso siempre es un plus, y sirva como ejemplo, esa línea que da sube el personaje de Denzel:
    «El arte de Creasy es la muerte, y esta a punto de pintar su obra maestra.»

    • Es que los diálogos de El fuego de la venganza…
      “-Que va a hacer ahora Creasy?
      Voy a matarlos a todos, a todo aquel que se haya aprovechado o tuviera conocimiento de ello, incluso a quien me mire mal…”
      De todos modos yo guardo un cariño muy especial por Amor a quemarropa. Ese reparto es oro molido. No digo más que tengo por tono de llamada en el móvil desde hace muchos años la marimba del tema principal de la película, que es una joya…

      • Di George

        La marimba es una metedura de pata monumental.
        Primero: porque atrae la atencion sobre la pelicula que se holenajeando/versionando/copiando: Malas tierras (Badmands). No es el mismo tono, y esta probablemente cuenta con mas ingenio é el argumento. Tambien se ha hecho mas de dos decadas despues.
        Segundo: cualquier late motiv que se use en una pelicula de manera tan asidua, lo suyo es versionarlo, cambiarle el tono, los instrumentos… y que ademas sea suficientemente flexible para encajar en varios contextos.

        Lo que no puede ser es que cada vez que empiezan a sonar tu mente piense: « las putas marimbas otras vez? Pero porque marimbas alegres? Si no vienen a cuento. Oh no, si, aquí están y vienen para quedarse » que te saca de la pelicula.
        Nosotros la ultima vez que la vimos bebiamos chupito con cada vez que sonaban…

  3. El de la carpeta

    Decir que Leon es una «gran fábula paterno-filial» es un patinazo grave…o una forma peculiar de ver las relaciones paterno filiales

    • Totalmente de acuerdo. Pensar que las lágrimas de Natalie Portman cuando cree que va a perder a Leon es porque pierde a su «padre»…es no haber pillado nada. Lo mismo que la sonrisa de esperanza en la cara de Leon cuando cree que se salva antes de encontrarse con Gary Oldman.
      El artículo de todas formas me ha encantado! Mi favorita (al completo) es El Último boy-scout. Por escenas, la de Walken – Hopper en Amor a quemarropa.

  4. Pues a mí «El fuego de la venganza» me pareció un insufrible videoclip de casi 2 horas. Qué necesidad de dejar en cada escena el montaje abrupto, saturado y lleno de cortes cámara con baile de San Vito. Me quedo con «Amor a Quemarropa», «Marea Roja» y «El Último Boy Scout».

  5. Redio Dell'Oro

    Yo también voto por Amor a quemarropa.

  6. Pues Spy Game siempre me ha gustado mucho. Se ve como un tiro y, sí, tiene momentos cancheros (aquello de «luz verde a salir a cenar») pero eso no es malo en absoluto. No mitifica en absoluto la historia de la CIA (más bien al contrario).
    Y ya que hablan de relaciones paternofiliales, la que hay entre el personaje de Redford y Pitt es bastante clara. En fin, que ya quisieran muchos firmar pelis así.

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  8. Ambituerto

    Me quedo con muchas, pero mis preferidas son El último Boy Scout (es genial, y punto) y Spy Game.

  9. Pingback: Tony Scott, el hermano fiable (1) - Jot Down Cultural Magazine

  10. Amor a quemarropa es la mejor película de amor de la historia del cine. Fin.

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