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¡Más artículos!. Ilustración Pablo Amargo.
¡Más artículos! Ilustración: Pablo Amargo.

Hace unas semanas corría por las redes, a modo de chiste, una oportuna confusión ortográfica sobre las siglas de la ANECA. Al parecer, La Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación tuvo que ver cómo sus iniciales se referían erróneamente en un informe cualquiera sustituyendo la C de la «calidad» por la de la «cantidad». «La mejor errata que he visto en años», comentaban los que conocen la institución. Ciertamente, la comedia descubre la lógica de la realidad de manera mucho más eficaz que cualquier otro método, pero a pesar de que los del gremio celebren con jolgorio el error, conviene recordar qué hay detrás de la broma.

Como suele ser habitual, después de la caricatura todo sigue como estaba y los que reían fueron llamados de nuevo a filas: a seguir produciendo artículos, a seguir rellenando hojas y hojas de bibliografía, a demostrar que leyeron tanta información que son merecedores de un puesto en el cielo. Y no debe sorprendernos que todo siga igual, pues la crítica es lo que necesita el sistema para seguir siendo lo que es. La ANECA podría evaluar positivamente incluso un artículo en el que se criticase a las agencias que, como ella, se dedican a «evaluar» —con una razón tan pobre como instrumental— la cantidad soporífera de producciones intelectuales de nuestros estudiosos universitarios (exactamente igual que Inditex puede vender camisetas del Che Guevara). Ahora bien, la ANECA no es un mal aislado, sino un tentáculo más de nuestro sistema de capital; y, como el sistema somos todos, seguimos suplicando su beneplácito aun después de maldecir.

Las raíces ontológicas del asunto se remontan precisamente a la problemática de la cualidad y la cantidad. Ambas nociones, lejos de ser genuinas siglas de la agencia de marras, son fundacionales de la realidad misma de la cual la ANECA solo participa. Alrededor de estas dos palabrejas llevan los filósofos reflexionando siglos. Sobre todo los pensadores modernos, pues el desarrollo de la razón en ese punto de la historia hizo de ambos principios —la cantidad y la cualidad— dos causas ineludibles. Las teorías del mercado que empezaron a interesar a los intelectuales decimonónicos sacaron a la luz algo que ya estaba en los cimientos de nuestra civilización: la cuantificación como estrategia política. El Marx filósofo (no el panfletero de El manifiesto comunista, sino el poshegeliano de El Capital) explicaba cómo la mercancía es siempre lo que está ahí susceptible de cuantificarse, y lo mismo afecta al trabajo como a las lechugas. Ya se inventarán unidades de medida que dejen desprovista la cualidad en favor de la cantidad: gramos o minutos (eso que todos conocemos como alienación). 

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4 comentarios

  1. Antonia Maxín

    No sé si es que aún estoy dormida o qué, pero no he entendido nada de lo que has escrito. Estoy segura de que como yo, el 99 % de los asiduos se encontrarán en el mismo caso. Me vuelvo a la cama,,,

  2. Xavier D. Garret

    «La ANECA podría evaluar positivamente incluso un artículo en el que se criticase a las agencias que, como ella, se dedican a «evaluar» —con una razón tan pobre como instrumental— la cantidad soporífera de producciones intelectuales de nuestros estudiosos universitarios (exactamente igual que Inditex puede vender camisetas del Che Guevara)»

    Yo «tampico» entiendo nada… ;-P

  3. Jolines, será porque me he levantado a las 7.23 de la mañana para pintar la puerta de la terraza con barniz sin tóxicos antes de bajar a la playa, pero el artículo me ha parecido no solo bueno y bien articulado, sino además oportuno. En mi opinión, ha olvidado mencionar cómo esa tarea de ir pariendo artículos sin ton ni son –además de tesis y tesinas sin el menor interés, por lo menos en literatura– también conlleva en algunos casos la picaresca de aprovechar el trabajo intelectual ajeno, citando apenas el ingente aprovechamiento de hallazgos e ideas de colegas sin vínculo con la academia, ergo las universidades.

  4. El sistema todo lo reabsorbe vía cantidades y así seguiremos sabe dios hasta dónde… Más aún si también ocurre con los artículos y los comentarios a los artículos :)

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