Libros Arte y Letras

Los cuentos telúricos de Rodrigo Cortés

Cuentos telúricos
Ilustración de la cubierta del libro ‘Cuentos telúricos’, de Rodrigo Cortés.

Lo primero que llama la atención inevitablemente es el título del libro: Cuentos telúricos. Dan ganas de tener una memoria portentosa y recuperar el día, quién sabe si de la adolescencia o de la infancia, en que la palabra telúrico entró en nuestras vidas ampliando nuestro vocabulario después de una visita al diccionario. No creo que fuera en una retransmisión deportiva: «el juego del Deportivo de La Coruña está siendo demasiado telúrico en estos minutos finales del partido», quizá fuese en una tertulia entre amigos en el parque de los atardeceres al decir uno que si pudiera se metería bajo tierra con tal de no ir al examen de Química y otro, el amigo culto, le reprendió: «no te pongas telúrico que no te pega nada». En cualquier caso, luego ha visto uno esa palabra pronunciada en ámbitos académicos y cultos, referida las más de las veces a actuaciones musicales que se pretendían jondas, porque el mundo del flamenco se presta mucho a lo telúrico, y también la ha visto en noticias un poco exóticas que hablaban de ritos en el medio de un bosque donde un gurú convocaba a sus seguidores a ejercicios telúricos ayudados por setas alucinógenas o sapos recién llegados de desiertos mexicanos. Así que antes de empezar a leer los cuentos telúricos del libro uno, naturalmente, se esperaba lo peor, no porque los adentros de la tierra le parezcan un lugar poco confortable y lo que sale de ahí sea siempre un poco catastrófico, en forma de lengua de lava o de ejército de bichos, sino porque el adjetivo ya viene contaminado con una carga que, por muy del griego que venga, no lo favorece.

Por suerte la sensación dura poco y al primer cuento o al segundo ya ha conseguido el autor, Rodrigo Cortés, que nos reconciliemos con lo telúrico, ya le ha dado una dimensión distinta, lo ha situado en una zona más acogedora con mucha razón además, y siguiendo una lógica aplastante, pues si lo telúrico es lo relativo a la tierra y somos parte de la tierra, todo lo que nos concierna será por fuerza telúrico, y la fantasía no tiene más remedio que ser tan telúrica como la realidad y el absurdo no puede de ningún modo ser menos telúrico que la rutina, en el caso de que lo rutinario no sea ya por sí mismo suficientemente absurdo.

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4 comentarios

  1. Antonio Sebastián

    Un texto tan bello sólo puede estar inspirado por un texto verdadero. Busco ese libro ya.

  2. Me han enviado este artículo, si es que es un artículo, o reseña, si es que una reseña, o carta de amor a un libro, si es que es eso, desde tres sitios distintos. Y digo, bravo. A Juan Bonilla, a Rodrigo Cortés, a Cuentos Telúricos (what a ride!) y a todos los escritores libres y bellos que se atreven a serlo.

  3. El ojeador de Arsenio

    Juan Bonilla vuelve a convertir en literatura una reseña, además de despertarme todas las ganas del mundo de saber cómo del Dépor es Rodrigo Cortés (por cómo suena todo, parece que juega de maravilla, ya estoy salivando).

  4. Pingback: Jot Down news #25 2024 - Jot Down Cultural Magazine

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