
Viene de «Rieles en los Andes: cuando la altura es la entraña de la tierra (1)»
Tercera estación
A la espalda del Palacio de Gobierno, frente al centenario bar Cordano, a pocos pasos del trágico hotel Comercio y del convento de San Francisco, que esconde tenebrosas catacumbas, una imponente construcción de concreto armado con estructura de hierro, en la que se encuentran el neobarroco con el art nouveau, acostumbrada desde su origen a recibir visitantes, permanece como testimonio de las transformaciones socioculturales del país y, con ello, del ir y venir del tiempo: ayer fue la estación de Desamparados, la principal de Lima para subirse al Ferrocarril Central rumbo a la sierra; hoy es la Casa de la Literatura Peruana, uno de los más valiosos puntos culturales de su capital. La historia del llegar y partir de cada pasajero, sucediéndose en instantes de tiempos pasados. Las historias que guardan los libros y los autores que narraron un país. Y es que la historia de esa vía ferroviaria es también la de un aparente delirio. Si Carlos Fermín Fitzcarrald, con todos sus defectos y excesos, pudo ser retratado y reinventado por Klaus Kinski en una de las películas más desafiantes de Werner Herzog (Fitzcarraldo, 1982), quizá Henry Meiggs merezca algún día su propia película. Uno, en la selva, y el otro, desde la costa hacia la sierra, llevaron a cabo empresas aparentemente imposibles en el Perú del siglo XIX. Fitzcarrald facilitó una nueva ruta comercial en la selva atravesando montañas y cuencas, movilizando a cientos de nativos; Meigss, gracias al trabajo de miles de obreros, logró colocar rieles donde los cóndores besaban el cielo.
La obra ferroviaria unió el valle del Rímac con el valle del Mantaro, primero a La Oroya, con posteriores rutas a Jauja, Huancayo, Pasco o Huancavelica. Construida sobre lo que antiguamente fue la iglesia y el convento Virgen de los Desamparados, la primera estación se erigió en 1870 para recibir al Ferrocarril Central, que sería inaugurado al año siguiente. En 1910 sufrió un incendio y sus restos fueron demolidos. El edificio actual, inaugurado en 1912, fue obra del arquitecto limeño Rafael Marquina. El bar Cordano abrió sus puertas en 1905. Y en 1930 el hotel Comercio fue lugar de ocurrencia de uno de los más macabros asesinatos de la Lima de entonces: un hombre descuartizó a su socio en una de sus habitaciones. A pocos pasos, nuevos viajeros emprendían la ruta hacia el puerto del Callao o hacia la sierra, en un viaje que inicia su camino casi de la mano del río Rímac. Lo que los Andes dejan ir hacia el Pacífico, el tren lo lleva de vuelta.
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