Lo hice por dinero

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Marlon Brando, Susannah York y el pequeño Lee Quigley en Superman (1978). Imagen: Warner Bros.

Alfred Hitchcock lo dejó claro: «Cuando un actor se me acerca con ganas de hablar sobre su personaje le digo “Está todo en el guion”. Si insiste con un “Pero ¿cuál mi motivación?” le contesto “Tu salario”». En su programa, Conan O’Brien le preguntó a Ben Affleck la razón por la que había decidido participar en la película Paycheck, un thriller de ciencia ficción un poco pocho dirigido por John Woo, una cuestión que el actor contestó con sorna: «La respuesta está en el título». Pero Affleck no fue el único miembro del reparto que aprovechó el nombre del film («Cheque» en castellano) para hacer guasa de su calidad, a Paul Giamatti también se le ocurrió comentar en televisión que había participado en «Una película convenientemente titulada Paycheck».

Cheap work

A Marlon Brando le arrojaron sobre la mesa una bolsa con el símbolo del dólar para ejercer la paternidad en Superman (1978). La saca contenía casi cuatro millones de dólares a cambio de doce minutos en pantalla, un trato al que había que sumar el 11,75% de la recaudación del film por exigencia del artista. Lo mejor de todo es que el actor ni siquiera se tomaba en serio aquel trabajo y se dedicó a hacer todo lo posible para escaquearse de sus labores: intentó convencer al director para poner en su lugar un bagel al que Brando dotaría de voz y cuando le obligaron a interpRetrar a Jor-El en persona y ante la cámara ni siquiera se molestó en memorizar su guion y se limitó a leer su diálogo en unos carteles que le situaron convenientemente fuera de plano. Aquella despreocupadísima intervención se convirtió en el cameo más caro del mundo del cine, y sirvió como detonador para que las películas palomiteras adquiriesen la costumbre de contratar a un actor de prestigio, en pequeños papeles que apenas suponían un esfuerzo serio, por cantidades de locura.

Bradley Cooper y Julia Roberts en Historias de San Valentín. Si uno se fija con atención es posible distinguir dos diminutos símbolos del dólar en los iris de la segunda. Imagen: Warner Bros.

Julia Roberts explicó que accedió a formar parte del reparto coral de Historias de San Valentín para echarle una mano a su amigo, el director Gary Marshall, pero probablemente influyó bastante más el detalle de que su salario estuviera tasado en más de tres millones de dólares a cambio de seis minutos en pantalla, lo que significaba que en aquella película Roberts estaba facturando ocho mil pavos por segundo. La actriz repetiría con el director en otra película donde también pasaba de puntillas por la pantalla, aunque su careto aparecía bien grande en el cartel oficial, cobrando otros tres millones de pavos: Feliz Día de la Madre. Charlie Sheen se embolsó un cuarto de millón de dólares por grabar dos escenas para Scary Movie 5 en una misma jornada, lo que es más o menos el triple de tiempo que tarda el propio actor en consumir las drogas que es posible comprar con toda esa pasta. Y Sean Connery se llevó para casa doscientos cincuenta mil dólares después de trabajar un par de días en su papel/cameo para Robin Hood: príncipe de los ladrones.

Paul Betanny tiene ciertos reparos para atender a los fanboys del mundo del cómic cuando le asaltan ilusionados con ganas de hablar sobre las películas de Iron Man porque, a pesar de participar en ellas, el actor ni siquiera se ha molestado en verlas. A Betanny el equipo del Marvel Cinematic Universe le contrató para dotar de voz a JARVIS, el ordenador de Tony Stark, y el hombre se tomó la labor como un trabajo fácil y rápido que tan solo requería ponerse delante de un micrófono durante un rato: «Me llamaron en el último momento porque de ese modo les resultaría más fácil añadir cualquier cosa sobre la marcha. Y lo cierto es que ese trabajo me hizo sentir como un pirata, como si estuviera robando. Llegué al estudio, repetí durante dos horas unas líneas anotadas en un pedazo de papel, me dieron una bolsa llena de dinero, me fui y seguí con mi vida. En cierto modo me siento culpable, porque actuar puede ser un trabajo agotador que se alarga durante horas. Pero yo no hice nada, y tampoco me crucé con el resto del reparto. Solo me preguntaba a mi mismo “Pero ¿esto va en serio?”». Betanny añadía que ni siquiera había leído el guion completo de las películas protagonizadas por Iron Man, a excepción de Los Vengadores, porque el equipo no le había enviado los libretos y el hombre tampoco se había tomado la molestia de ver las películas una vez estrenadas. Cuando, años más tarde, le ficharon para calzarse el papel de Visión (un personaje que interpretaría físicamente en Los Vengadores: la era de Ultrón, Capitán América: Civil War y Los Vengadores: Infinity War) bromeó con el asunto: «Por lo visto ahora quieren que trabaje para ganarme el dinero».

Hugo Weaving también se sintió un poco raro por trabajar delante de un micrófono y cobrar por ello cuando accedió a ser la voz de Megatron durante las tres primeras entregas de los Transformers de Michael Bay: «Fue raro porque tan solo se trataba de un trabajo de un par de horas, es una de las pocas cosas en las que he participado en la que no tenía ni idea de qué iba, ni me importaba ni me preocupaba. Simplemente me ofrecieron hacerlo y la verdad es que me arrepiento un poco, porque rara vez hago algo que no tenga ningún sentido para mí y aquello no lo tenía […] No conozco a Michael Bay, nunca estuve en el set y solo he visto su cara por Skype. Ni siquiera sé nada sobre él, tan solo fui allí sin leer el guion y recité mis líneas sin saber lo que significaban, y esto suena totalmente patético». Unas declaraciones que llegaron hasta Bay, el amigo de las cosas que explotan, en forma de coz en las criadillas. El realizador, que parecía muy contento en los making of con lo de tener a Weaving haciendo de roboto, no solo no volvió a llamar al agente Smith para participar en la franquicia sino que contestó públicamente con una misiva rebozada en bilis: «¿No os dan asco esos actores que cobran quince millones por película, o doscientos mil dólares por un doblaje que solo les ha supuesto una hora y cuarenta y tres minutos, para luego ir por ahí quejándose sobre su trabajo?».

Paul Betanny ganándose el pan. Imagen: Marvel.

A Michael Biehn es necesario aplaudirle por lograr algo maravilloso: que le pagasen un salario por una película en la que no participaba. Se trataba de Alien 3, una entrega que optaba por cargarse al personaje que Biehn interpretaba en la segunda parte. El actor se enteró del plan para aniquilar a su personaje gracias a un amigo que descubrió en los estudios Pinewood a un monigote con su cara y el pecho reventado, un maniquí para justificar la muerte del personaje ahorrándose contratar al artista. Tras ser informado, Biehn se puso en contacto con el equipo de la película, comandado por un David Fincher que acababa de saltar al largometraje, y después de ponerlos de vuelta y media («Ahora os jodéis por no haberme fichado para la película») llegó a un acuerdo bastante beneficioso: les daba permiso para utilizar en el film una foto suya a baja resolución a cambio de un montoncito de pasta. Fincher aceptó y Biehn cobró lo suyo por una foto guarra que aparecía fugazmente en pantalla.

Home improvement

Cuando a Steve Buscemi le preguntaron por sus motivaciones para participar en Armaggedon, el actor respondió con una sinceridad del tamaño de un meteorito: «Quería una casa más grande». Patrick Stewart accedió a formar parte de la inenarrable Lifeforce: fuerza vital de la Cannon, una película con alienígenas vampiras en pelotas, porque con el dinero podía cubrir unas reparaciones pendientes de su casa. Michael Caine reconocía sin lucir pudores que su criterio de selección se basaba en apuntar por los mejores papeles, pero si no había ninguno de estos a la vista se zambullía sin problemas en cualquier personaje que le ayudase a pagar las deudas, lo que explica su paso por cosas como Lío en el río, Más allá del Poseidón o aquella El enjambre repleta de abejas asesinas. Su dedicación a la bastante espantosa Tiburón: la venganza le impidió recoger en persona el Óscar que ganó por Hannah y sus hermanas, pero al menos dio pie para que el hombre se quedase a gusto con un montón de declaraciones impagables como «La verdad es que no he visto Tiburón: la venganza, pero por lo que me han dicho es terrible. Lo que sí que he visto es la casa que me he construido con lo que me pagaron, y es espectacular» o «Es un film que se ha asentado en mi memoria como aquel momento en el que gané un Óscar, me compré una casa y tuve unas vacaciones fabulosas. No está nada mal para una película horrible». Kareem Abdul-Jabbar aceptó aparecer en Aterriza como puedas porque el cheque que le ofrecían le venía perfecto para pagarse una alfombra carísima que se le había antojado. Y Jessica Chastain dotó de voz a la jaguar Gia de Madagascar 3 para terminar de amueblar su casa: «Quería comprarme un sofá, pero no tenía hueco en la agenda para meterme en el rodaje de otra película. […] Entonces me enteré de que estaban buscando gente para una película de dibujos animados. Me presenté a casting, me llamaron y me hice con el papel. También me hice con el sofá».

Arnold Vosloo y Jeremy Irons a tope  con Dungeons & Dragons. Imagen: New Line Cinema.

Lo de Jeremy Irons era jugar en una liga superior, porque cuando alguien le preguntó qué coño hacía sobreactuando en Dungeons & Dragons, aquella película con laberintos de tres habitaciones, una momia con pintalabios, un estereotipo de colega de barrio neoyorkino y los peores dragones que ha parido nunca un departamento de FX, Irons le contestaba con sinceridad: «¿Estás de broma? Me acabo de comprar un castillo, tengo que pagarlo de algún modo». Se refería al Kilcoe Castle, una edificación del siglo quince situada en el sur de Irlanda, un castillo que Irons adquirió en un estado ruinoso y reformó hasta convertirla en una fortaleza privada bastante bucólica y espectacular (1).

Detrás de la cámara

¿Qué te digo siempre? Hay que hacer la peli cutre y luego la artística.

(Ben Affleck haciendo de Ben Affleck en Jay y Bob el silencioso contraatacan).

Francis Ford Coppola confesó que se aburrió del cine de gánsteres más rápido de lo que la gente cree, concretamente justo tras rodar la primera entrega de El Padrino. De hecho, el propio Coppola no tenía ningún interés en parir secuelas de aquella película y llegó incluso a proponer a su colega Martin Scorsese (alguien que nunca ha abandonado el tema de las mafias) como director para El Padrino: parte II. «Nunca quise hacer una segunda El Padrino, y mucho menos una tercera o una cuarta. ¿Y por qué lo hice? Todos sabemos por qué». El consenso general es que Coppola accedió a ello con el propósito de acumular pasta para rematar La conversación y financiar Apocalypse Now, dos películas que realmente le interesaban. Lo gracioso del asunto es que el realizador se siente culpable de haber creado un monstruo: «Fui la primera persona que comenzó a numerar las películas con El Padrino y El Padrino: parte II. A Hollywood le pareció bien y ahora se ha convertido en un negocio basado en las secuelas». Durante una entrevista admitía que hoy en día cosas como Transformers 3 son parte de la agenda de las productoras gracias a su ocurrencia de empastar numeritos a las películas.

El Padrino: parte II. Imagen: Paramount Pictures.

Wes Craven dijo «Lo siento por lo de Las colinas tienen ojos, 2ª parte, la única razón para hacer aquella película era que yo estaba completamente arruinado y necesitaba trabajar en cualquier cosa. Hubiera dirigido hasta un Godzilla Goes to Paris». En ocasiones, cuando a John Ford le preguntaban qué esperaba conseguir con su cine, simplemente contestaba «un buen cheque». Christopher Nolan aceptó encargarse de El Caballero Oscuro: La leyenda renace a cambio de que la productora sacase la billetera para Origen. Michael Bay pudo perpetrar esa película encocada llamada Dolor y dinero tras prometerle al estudio que antes montaría otra chatarrería con los Transformers. Y si Ben Affleck se enfundó en el traje de Batman fue porque de aquella manera los de Warner le financiarían sus futuros antojos como director.

Cine X

Sylvester Stallone debutó en el mundo del cine con The Party at Kitty and Stud’s una producción softcore —ese tipo de porno blando que esquiva los órganos sexuales de 1970 que el actor aceptó por pura necesidad: en aquella época estaba completamente pelado y durmiendo en una estación de autobuses. Seis años después, Stallone se hizo famoso al subirse al ring con Rocky, y los productores de aquella película erótica intentaron chantajearle sin éxito para finalmente acabar publicando la cinta tras rebautizarla como Italian Sallion. Un movimiento rastrero que anunciaba la película como pornaco duro después de añadirle un puñado de engañosas escenas explícitas protagonizadas por dobles. Stallone liberó de hierros el asunto al confirmar que la versión original era tan ingenua como para poder vestir el calificativo PG y los dueños comenzaron a alquilar el film a las salas a cambio de diez mil dólares. Cuando aquel chanchullo se hizo público el propio Stallone anunció: «Por ese precio olvidaos de la película, voy yo en persona».

Jackie Chan suele comentar que a mediados de los setenta los apuros económicos le llevaron a participar en una película pornográfica, aunque lo cierto es que aquella Hua fei man cheng chun en la que participó (la única película de su carrera sin hostias durante el metraje) era más una comedia erótica que una aventura triple equis. Cameron Díaz participó en su juventud en un vídeo erótico con cuero, medias de rejilla, chico cachas encadenado y un tono general tan inofensivo como el de Pocoyó. Tom Sizemore, una persona que ya venía de serie con apellido de estrella porno, decidió que la mejor forma de reavivar su carrera, lastrada por las adicciones a las drogas y las condenas por abusos, era publicando una sex tape donde se beneficiaba a varias chavalas y divagaba sobre la vida, el universo y todo lo demás entre polvo y polvo. De Dustin Diamond y su cinta de porno casero no merece la pena hablar demasiado, porque el que fuera Screech en Salvados por la campana ha llegado a un punto en la vida en el que es capaz de comerse un pastel de sus propias heces a cambio de un cigarro.

Italian Stallion y All in the Family (Hua fei man cheng chun).

Simon Rex ha ejercido de modelo para firmas como Tommy Hilfiger, Calvin Klein o Versace antes de acabar trabajando como presentador en la MTV y mucho antes de que el gran público se quedase con su cara tras las últimas entregas de Scary Movie o su carrera musical como rapero bajo el alias Dirt Nasty. Pero antes de todo eso Rex se inició en el mundo del espectáculo por la senda menos glamurosa al protagonizar, con diecinueve años, películas de porno gay que no requerían que se frotase con otros varones (Rex es heterosexual) al centrarse en el trabajo de autónomo: el actor protagonizó Young, Hard & Solo #2 y Young, Hard & Solo #3, películas que tenían nombre de spin-off de Star Wars pero en realidad basaban su todo metraje en un solitario Rex bamboleando el sable. El propio actor explicaba que aterrizó en aquel trabajillo para pagar el alquiler y por culpa de una novia metida en el negocio pornográfico: «Rock and Roll, rock con tu polla fuera. Fui e hice esa mierda [..] Lo que me pedían era algo que de todos modos hago un par de veces al día. Joder, y allí me iban a pagar por ello [..] Todo el mundo tiene sus esqueletos en el armario, yo solo tengo esto y gracias a internet ya lo sabe todo el mundo. Así que estoy en paz».

Lo hice por dinero

Chico Marx convenció a sus hermanos Harpo y Groucho para rodar Una noche en Casablanca y Amor en conserva porque era el único modo que tenía de recaudar lo suficiente para saldar sus deudas de juego. Laurence Olivier se embarcó en la muy espantosa Inchon únicamente por el dinero. Porque el actor inglés ya había reconocido públicamente que le quedaba poca carrera (y vida) por delante, y que sus planes se centraban en dejar una buena herencia. Cuando el rodaje de Inchon se alargó más días de lo esperado, Olivier solicitó que se le entregase el salario correspondiente a las horas extra de una manera algo especial: en el interior de un maletín que le acercaban en helicóptero semanalmente. Donald Pleasence justificaba su paso por películas infames diciendo que tenía seis hijas y comían mucho. Eddie Murphy dijo sobre La mejor defensa… ¡El ataque! que aquella era la peor película «en la historia de todo» pero que cualquiera al que le hubiesen ofrecido la misma pasta que le ofrecieron a él habría hecho lo mismo sin dudarlo. Helen Mirren fue bastante directa cuando aclaró qué motivaciones la llevaron a participar en Secuestrando a la señorita Tingle: «Acepté porque me ofrecieron una puta montaña de dinero». Sigourney Weaver fue un poco más fina al reconocer que participó en Alien: resurrección porque «condujeron un camión lleno de dinero hasta la puerta de mi casa».

Michael Ironside confesó que tanto él como Sean Connery y Christopher Lambert tenían muy claro que el guion de Los inmortales II: el desafío era una mierda apoteósica, pero todos se subieron al carro por la pasta implicada. Ironside apuntaba además que durante aquel rodaje decidió tirarse al río aprovechando el colchón del cine malo, porque nunca había interpretado a un bárbaro espadachín en la pantalla y porque también le apetecía sobreactuar todo lo posible para reírse un rato: «Me dije: si voy a hacer este pedazo de mierda, voy a intentar que mi participación sea la puta cosa más memorable de toda la película. Y creo que lo logré». Michael Madsen comentó que actuaba para pagar facturas y en su carrera solo había participado en seis buenas películas: Thelma y Louise, Reservoir Dogs, Liberad a Willy, Species, Donnie Brasco y Kill Bill. Christopher Walken nunca reniega de un papel si le pagan lo suficiente, pero su caso es maravilloso porque aprovecha para intentar pasárselo bien hasta en los rodajes más mierdosos.

Jack Nicholson fue el más listo de todos al protagonizar el mejor acuerdo cinematográfico de la historia con el Batman de Tim Burton del 89. El hombre solo pidió seis millones de dólares, y que le dejasen libre el día si había partido de los Lakers, pero a cambio solicitó llevarse un porcentaje de la taquilla, los productos relacionados y hasta de las secuelas. Teniendo en cuenta que la película recaudó una cantidad de dinero insultante y el hombre murciélago se convirtió en una franquicia acaudalada se puede asegurar que Nicholson es el tío más listo de todo Hollywood, alguien que gracias a aquel trato se sacó más de ochenta millones de dólares por hacer el payaso en una película. Cuando Batman vuelve comenzó a gestarse, Danny DeVito contactó con Nicholson en busca de consejo, porque estaba a punto de convertirse en el Pingüino antagonista de la película, y a modo de respuesta obtuvo una recomendación: «Intenta lograr el mismo acuerdo que yo».

Klaus Kinski en Aguirre, la cólera de Dios. Imagen: Filmverlag der Autoren.

Klaus Kinski es probablemente la persona que con más orgullo ha ondeado la bandera de hacerlo todo por dinero. En una entrevista realizada en diciembre de 1982 para la legendaria revista Fangoria lo dejó bien claro: «No hay un personaje que me gustaría interpretar, hay muchos y ninguno. Yo siempre he admitido que soy una prostituta, me vendo por dinero. No tengo que verme como Napoleón en una película para sentirme satisfecho, si tú me pagas lo suficiente yo saldré en tu película». Kinski era aquel hombre que mandaba a la mierda a los directores cuando le solicitaban repetir la toma sentenciando que a los accidentes de coche, a las tormentas y a los volcanes no se les puede pedir que repitan la toma. El actor que rechazó participar en En busca del arca perdida porque el guion era «estúpidamente mierdoso». La persona que aseguró que podía ser más convincente que Adolf Hitler a la hora de leer sus discursos, que matizó «el dinero no es la libertad, el dinero compra la libertad» y que aclaró que la razón por la que seguía haciendo películas era que aquello era mucho mejor que limpiar retretes. En cierta ocasión, Federico Fellini le ofreció un papel en una de sus producciones, pero Kinski consideró que el salario era demasiado bajo para sus servicios y optó por rechazar amablemente la propuesta: le envió al director italiano un telegrama que solo rezaba: «Que te follen».

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(1) Obsérvese en el vídeo adjunto que Jeremy Irons como toda persona de bien no solo tiene un castillo sino patitos de juguete cerca de la bañera, (minuto 1:30).

7 comentarios

  1. Hastur Jr.

    Arnold Vosloo no aparece en “Dungeons & Dragons”: el actor que comparte plano con Jeremy Irons es Bruce Payne.

  2. Sir Arthur

    Donald Pleasance estuvo en Madrid rodando Y si no, nos enfadamos ; con Bud Spencer y Terence Hill.
    Klaus Kinski rechazó En busca del Arca perdida para ponerse a las órdenes de Billy Wilder en Aquí, un amigo. Por dinero, claro

  3. Supongo que la película de Michael Caine ‘Lío en el río’ (?!) a la que ser refieren en este suelto se trata de ‘Lío en Río’ de 1984 dirigida por el desconocido (jo, jo) director Stanley Donen (Blame It on Rio) y en las que las actrices Demi Moore y Michelle Johnson enseñaban los pezones en… la playa de Copacabana, que lo tiene históricamente prohibido.

  4. Luisfer

    Ese no es Arnold Vosloo, sino Bruce Payne.

  5. Ricardo Magaña

    Cuando a John Goodman le preguntaron que cómo era posible que hubiera aceptado hacer el papel de Pedro Picapiedra en “Los Picapiedra” (The Flinstones), contestó: Sí te pagan cinco millones de dólares por ponerte un traje ridículo y gritar “yabadabadú”, ¿los rechazas?

  6. Hazte la fama y échate a dormir. Muy buen artículo de anécdotas desconocidas. Pero no es nueva esta costumbre. En la antigüa Grecia hubo un fabricante de aceite de oliva que pagaba a los campeones olímpicos para que usaran su producto y, sin embargo, el premio era solo una corona de laureles, laureles que más de uno de los nombrados se merecen. Gracias por la lectura.

  7. Si, además de la compensación material -presente o futura- haces aquello por lo que sientes pasión, vale oro.
    Tu pasión lo cambia todo https://dametresminutos.wordpress.com/2017/05/06/tu-pasion-lo-cambia-todo/

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