
(I.A) Ser tránsfuga de clase
Hace poco apareció en Eldiario.es una entrevista a Annie Ernaux, Premio Nobel de Literatura 2022. En el titular aparecía la siguiente frase: «Ganar el Nobel de Literatura no ha hecho que me sienta menos tránsfuga de clase»1. En ese momento solo leí el titular, pero me bastó con él para entender muy bien a qué sentimiento se refería Ernaux, y tan bien lo entendí que incluso me provocó rechazo.
Sentirse «tránsfuga de clase» es un sentimiento complejo puesto que, a diferencia de la rabia o la tristeza, no alude a una sola emoción sino a un entramado de emociones en las que una se siente en un lugar al que no pertenece, en una clase distinta a la suya. La idea de «tránsfuga de clase», tal y como señala Chantal Jaquet en su libro titulado Les transclassés ou la non-reproduction, está ligada a la idea de fuga, de deserción o de traición, la persona tránsfuga de clase siempre es sospechosa de ser considerada una renegada2 ya sea por aquellos de la clase a la que inicialmente pertenecía, o por parte de aquellos a cuya clase el ascensor social le lleva. Los escritores, o al menos cierto tipo de escritores, entendemos muy bien este sentimiento.
En una de las últimas entrevistas que Roberto Bolaño dio en Chile le preguntaron «¿Para qué le ha servido a usted la literatura?». El escritor chileno dio la siguiente respuesta:
«[…] en mi vida, que ha sido más bien nómada y de una pobreza extrema en ocasiones, leer ha contrapesado esa pobreza y ha sido mi soberanía y ha sido mi elegancia. Podía estar en cualquier situación y si leía a Horacio, por ejemplo, el dandi, el que estaba viviendo por encima de sus posibilidades era yo, siempre. La literatura me ha producido riqueza. Es riqueza».3
Bolaño parece decir: la literatura me ha convertido en un tránsfugo de clase. Un tránsfugo imaginario, tal vez. Soy pobre y sin embargo disfruto de objetos culturales que han sido hechos para el gusto del rico.
La literatura nos eleva a esa especie de trampantojo. Nos permite habitar culturalmente un mundo sin que por ello pertenezcamos a él. Bolaño resistiendo en su casa de Girona sin papeles ni posibilidad de buscar trabajo lee a Horacio; Annie Ernaux va a la universidad, le presenta sus padres a sus amigas, siente vergüenza. Ambas habitan entre dos clases, dos mundos, respecto a los cuales, en ambos, se sienten extranjeros.
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Tanto talento, tantas lecturas, tantas fuentes, para acabar metiendo absurdos pegotes de desprecio a lo heterosexual, especialmente a los hombres heterosexuales, esos hijos de puta que también monopolizan el karaoke del teatro Pavón… Qué plaga hedionda!!!
Y que conste que he leído el artículo entero, porque toca temas bastante interesantes, parece bien documentado y encima habla de Bolaño, palabras mayores. He pasado de puntillas por las extrañas menciones a los hombres heterosexuales y «amor de amigas» (obviamente el amor de amigos no existe o es repugnante).
He leído hasta las Notas y entonces, en la última nota, en la última frase de la nota, me he quedado patidifuso: «espacios grandes, arquitecturas racionalistas y llenas de ventanas, donde el desencanto se supera a través de la heterosexualidad.» (!!!)
No consigo tomar en serio un texto que mezcla el género y la orientación sexual constantemente en todas las reflexiones. Y de una forma nada estimulante (a menos que pretendemos juntarnos para jalear contra los hombres heteros, el patriarcado y la testosterona).
En fin, temo que mi comentario no será entendido. Insisto, leí todo el artículo, hay reflexiones interesantes. Es una pena esa pedrada. Espero que si hay respuesta esta no consista en llamarme señoro o marichulo.
Creo que mezcla churras con merinas. Para mí que aprovecha los cambios de época para no rendir cuentas ante una historiografía clásica de la que anda bastante lejos. El relato es de lo más anacrónico en el caso de Simónides.
Para saber leer y escribir aún en tiempos de Socrates era preciso pertenecer a la aristocracia, porque los pergaminos valían un pastón.
Toda el personal vinculado a la cultura eran descendientes de monarcas o de sus más próximos.
Sócrates no escribió nada pues era un chusco, un hoplita.
Platón sabía leer y escribir por ser descendiente de reyes.
Aristóteles era hijo de Nicómaco y nieto de Nicómaco, médico personal del padre de Filipo, Amintas.
Jenofonte era amigo del rey Agesilao.
Todos los escritores de la época nacieron a un paso del trono.
El clientelismo es precisamente uno de los caballos de batalla, pero de las generaciones posteriores.
Platón presenta a Sócrates como alguien que critica a los sofistas, porque cobran por enseñar, pero al menos enseñan. Llevan sus pergaminos con ellos para enseñar.
Lo mismo, logógrafos como Isócrates y demás retóricos.
Esto escandaliza a Platón, la monarquía y la aristocracia, tanto entonces como ahora.
El mito del Theut es un alegato en contra de la escritura.
En realidad lo que escandaliza a la clase alta es que los hijos de simples ciudadanos lean y escriban, porque eso les priva del aura del prurito de superioridad de ser sólo capaces los hijos de los reyes. Y, además, está el tema de que amenaza la sucesión. Si cualquiera puede llegar a ser ilustrado, lo de la sangre azul es el puro cuento que es y la jerarquía se funda sobre la división social del trabajo.
Proponer a un aristócrata como Simónides como un “tránsfuga de clase” es pasarse muchos pueblos. Fue un puto ocioso y la raíz de su ocio radica en que perteneció a la misma clase para quien componía versos.
Es como si dices que el carapolla es un trabajador y un “tránsfuga de clase”. Ya. Pues te has coronado. Menudo currante está hecho.
¿Tránsfugo?
El arte no se vende. Si se vende no es arte, porque el arte, el objetivo estético de los individuos, es transformación personal.
Siempre me resultó curioso que los escritores sean pobres, los realmente buenos, aunque en eso lo que más hay es romanticismo. Cuanto daño nos ha hecho el romanticismo mal entendido.
Es de mediocres vincular la libertad con el dinero, así que lo de tránsfuga de clase me parece en realidad una contradicción: he oído a Jesús quintero hoy en un podcast diciendo que los que dominadores son en realidad los dominados, aún sin saberlo, porque en realidad solo conocen la fuerza. Más o menos eran sus palabras.
Si Bolaño quería ser rico que lo hubiese sido. El tema es que si te centras en tu arte, como el arte no se vende ( ahora en la segunda interpretación de la frase, la de que lo que se vende no es arte), quien coño pretende a estas alturas vivir de la literatura.
La ultima parte del artículo me ha encantado, una literatura de calidad en la que describe una imagen, la fiesta, aunque haya partes un poco fuera de lugar, hiper descriptivas pero sin mucho sentido. Las frases cortas mucho mejor. Gracias por tu literatura eso sí.
Ahora bien, autora, tendrás que convenir en que un circulo de amigas no va a contrarrestar el capitalismo con sentimientos, sino con producción técnico agrícola alternativa. Lo demás son cafés de señoras con mantas de franela. Y eso porque las mujeres capitalistas hacen lo mismo que los hombres capitalistas.
En ese aspecto es normal que los hombres nos sintamos distanciados, que no atacados, como el del primer comentario a tu artículo. La solución es una alternativa de vida que no incluya la avaricia y tampoco desdeñe el sentimiento, sin llegar a caer en la pedantería. No seamos, tampoco, tan cientifistas como Javibaz, del que por otra parte adoro su conocimiento, ya que suele ofrecer otra perspectiva.
Un poco de rocanrol, una mijilla, vas a ver lo bien que te pones.
Bailad, malditos, bailad.
En el párrafo en que me refiero a Bolaño queria decir, y se me ha olvidado, que si te centras en tu obra lo normal es que no comas, y mas ahora, en el mundo editorial de Harry Potter y la autoayuda.
Pero ya está, no pasa absolutamente nada. En otro caso seríamos todos genios o todos imbéciles. Y no es así.
Y que conste que mi objetivo de vida es que le pongan mi nombre a una calle.
Jejje. Saludos y vamos a echar la semana, ese tren que parece descarrilar continuamente.