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Historiones de la historia

historiones de la historia

Esto es un adelanto de Historiones de la historia, el nuevo libro de Rubén Díaz Caviedes, un anecdotario ilustrado donde los sucesos más extraños y disparatados de la historia universal cobran vida con un enfoque tan riguroso como entretenido. Publicado por GeoPlaneta, Historiones de la historia estará a la venta en formato físico y digital a partir del 26 de marzo de 2025.

La estatua que cantaba

Ocurría todos los días a los pocos minutos de amanecer. En Tebas, la antigua capital egipcia, una estatua colosal de Memnón emitía un extraño sonido, como un suspiro lastimero, y luego guardaba silencio hasta la mañana siguiente. Lo llamaban el «canto de Memnón». El fenómeno congregaba todos los días a multitud de viajeros griegos y romanos, como atestiguan los cientos de grafitis que todavía permanecen grabados en las piernas de la escultura.

Siempre es noticia que una estatua cante, pero que lo hiciera esta constituía prácticamente un milagro. Memnón había sido abatido por Aquiles durante la guerra de Troya, pero las lágrimas de su madre, Eos, la diosa de la aurora, conmovieron a Zeus, que decidió revivirlo y concederle la inmortalidad. Y eso era, precisamente, lo que parecía ocurrirle a su estatua al romper el alba: que cobraba vida durante un instante, siempre en presencia de su madre. Algunos decían que la voz de Memnón traía suerte a quien la oía. Otros creían que entrañaba mensajes proféticos. El geógrafo griego Estrabón, que escuchó el sonido personalmente, dice en su Geografía que se parecía al de «un latigazo no muy fuerte». Pausanias comenta en su Descripción de Grecia que «puede compararse a una cítara o a una lira cuando se le ha roto una cuerda».

El que cantaba era uno, pero los colosos eran dos. Y en realidad no eran imágenes de Memnón. Eran grandes estatuas sedentes de Amenofis III, un antiguo faraón egipcio, esculpidas en torno al 1350 a. C. Medían dieciocho metros de altura, pesaban setecientas veinte toneladas cada una y custodiaban el acceso a un gran templo de la necrópolis de Tebas, en la moderna ciudad de Luxor. Poco después de su construcción, un terremoto acabó con el edificio y dejó a los colosos gemelos gravemente deteriorados. En el 27 a. C., un nuevo seísmo dañó todavía más las estatuas, en particular la del lado sur, de la que solo quedó la parte inferior, de cintura para abajo, y surcada por grandes grietas. Y fue entonces cuando empezó a producir su misterioso sonido cada mañana. Probablemente se trataba de la súbita evaporación del rocío, por efecto del calor, a través de microgrietas, pero se han propuesto más explicaciones. El «Memnón vocal», como también se le llama, se convirtió pronto en una de las mayores atracciones turísticas del mundo romano. Entre sus visitantes hubo muchos personajes célebres. El que más, seguramente, el emperador Adriano: la trágica muerte de su amante, el joven Antínoo, ocurrió cuando ambos se dirigían a contemplar las famosas estatuas cantoras de Egipto. 

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