
El español que hablamos en Castilla es tan amplio que cuenta con un vocabulario meteorológico propio; uno que pocas personas manejan ya, sobre todo en las ciudades. Aparte del conocido localismo de «nublo» por «nublado» (que usó Tirso de Molina), hay un centenar largo de palabras que convendría recordar, no solo porque son parte de nuestro patrimonio cultural, sino porque son bellísimas. Algunas son deformaciones vulgares (como atronar por tronar), pero hay también términos precisos, nacidos de que los hablantes han matizado un fenómeno tras su observación habitual en la naturaleza.
Hay elecciones que traslucen mucha finura. Es el caso de cencío, que es como se llama al viento húmedo que proviene no de cualquier lugar, sino de una masa de agua, como un río o una laguna. No aparece así en el diccionario de la RAE, pero su uso está documentado en la literatura y figura en el Diccionario del Castellano Tradicional, que adelanto que recoge casi todas las palabras que voy a tratar en esta pieza. El cencío es parecido al relente, pero relente se usa más para cuando es de noche.
Aneblarse (o anieblarse) es —se puede deducir— cubrirse de niebla. Sucede como con atronar, que es una variante surgida del nivel socioeconómico de los hablantes (marcas «diastráticas» en lingüística). Si la niebla se congela, cencella y cae una cencellada, que es algo muy bonito de ver, sobre todo en las noches de luna llena, porque parece que cae despacio un fino polvo de diamante. Barbazar es llover cuando la humedad relativa es muy alta y hay condensación. A la lluvia o a la niebla meona (o resmeona, que también se dice), se le dice también barciona. La raíz de ambas palabra es barba, porque en esos días en que hay tanta humedad que se supone que se condensa en los pelos de la cara. A la niebla meona en Burgos y Palencia se le llama carama, o caramada si es un poco más intensa y se pega a las plantas. No confundir con la escarcha, que es sólida. En Zamora, a lo mismo, a la barciona, se le llama cenceño. Estas son formas «diatópicas», es decir, variantes por el origen geográfico de los hablantes.
El cielo aborregado es el que tiene esos cúmulos de buen tiempo. Luego, cuando hay nubes tipo estrato, de poco espesor, se habla de celaje, que es una palabra preciosa, al introducir en el ámbito celeste la palabra encaje. El término evoca un encaje de nubes en el cielo.
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¡Hala, a abrumar! Menudo despliegue de erudición y cultura. ¡Llega hasta el indoeuropeo, nada menos! Muy original. Cuesta encontrar artículos así hoy en día. Mis sinceras felicitaciones, porque es muy difícil escribir de esto con este nivelazo sin ser pedante, manteniendo una prosa fresca y contemporánea.
Artículo muy bonito. Me ha gustado ver cencellada bien descrita (en la televisión la usan a veces, de forma incorrecta). No conocía, entre otras, la palabra povisa y me ha gustado su parecido con pavesa. También me ha gustado ver otras que he escuchado a menudo pero sólo en mi familia.
Qué bonito e interesante artículo! Cuánta riqueza léxica y qué pena que se esté perdiendo!
En el gallego también tenemos gran variedad de léxico meteorológico, con mucha variedad entre unas zonas y otras. He notado unos cuantos paralelismos entre palabras del gallego y las que se mencionan en el artículo:
-A los copos de nieve les llamamos ‘folerpas’, supongo que estará relacionado con ‘falepa’.
-Un ‘chuzo’ es un palo con un extremo afilado, cuando llueve fuerte decimos que ‘caen chuzos de punta’. No sé si estará relacionado con ‘chuciar’.
-La lluvia espesa y ligera es ‘orballo’ (en nuestro caso con elle) o ‘poalla’. Sin embargo cuando llueve fuerte e intermitente decimos que cayó un ‘cairo’ (chaparrón). Generalmente el viento del sur trae orballo y el del norte cairos (desconozco si funciona igual en otras latitudes).
-El granizo es ‘saraiba’, pero en algunas zonas le llamamos ‘pedraza’, supongo que estará relacionado con ‘apedrear’.
-También me ha llamado la atención lo de ‘chaspingar’, ya que ‘pinga’ es ‘gota’ en gallego.
-Al viento frío le llamamos ‘viruxe’, con uve.
Y otras curiosidades:
-En el gallego están documentadas más de cien palabras diferentes para los diferentes tipos de precipitaciones.
-La escarcha es ‘xeada’ o ‘xiada’, pero en algunas zonas de las Rías Baixas le llamamos ‘neve’ (nieve). Supongo que será porque aquí nunca nieva y la escarcha es lo más parecido a la nieve que podemos encontrarnos. Sin embargo en otras zonas donde sí nieva no utilizan ‘neve’ como sinónimo de escarcha.
-Al arco iris le llamamos ‘arco da vella’ (arco de la vieja).
-Una palabra que me parece muy bonita es ‘escampar’ (dejar de llover). Creo que también existe en castellano aunque no es muy utilizada. Cuando queremos decir que los momentos malos acaban pasando decimos «nunca choveu que non escampara».