Hebras y nodos

Nadie me come el coño como lo hacías tú

mujer joven descansando en la cama

No fue el amor. No fue la conversación ni la complicidad. No fue el sentido del humor ni los domingos viendo series con mantita. No fueron las cenas, los paseos ni los viajes. Fuiste tú. Solo tú. O mejor dicho: tu boca.

He tenido relaciones estables, he amado de verdad, he compartido casa, proyecto, cama y hasta mascota. Y a pesar de todo eso —o por eso mismo—, hay una escena que me vuelve una y otra vez. Una lengua que se mueve con la precisión de un bailarín que lleva meses ensayando una coreografía secreta. Una forma de mirar, ahí abajo, como si estuvieras adorando algo sagrado, no solo metiéndote entre las piernas por puro trámite. A ti no te daba vergüenza. Te gustaba mirar, oler, babear. Era un acto completo. Un arte. Una devoción.

Recuerdo la primera vez como si fuera una polaroid húmeda, desgastada, pero nítida. Nos conocimos en una fiesta de cumpleaños donde nadie hablaba de nada que nos interesara. Me dijiste dos frases que no recuerdo y a los diez minutos estábamos besándonos como si acabara de llegar el fin del mundo. No eras brillante ni gracioso. Ni siquiera particularmente guapo. Pero tenías algo. Una especie de desparpajo rudo, una torpeza sincera que se deshacía al tocar.

En la cama, sin embargo, no eras torpe. Ahí te volvías método. Empezabas con una lentitud desesperante, dibujando círculos, contornos, reverencias. No sabías de reglas, ni del manual del porno blando, ni de las fórmulas del buen amante de Instagram. Tú escuchabas. Escuchabas con la lengua. Con el mentón, con los dedos, con los ruidos que no emitía mi garganta, pero que se insinuaban en cada temblor de muslo. Y luego estaba ese momento —Dios, ese momento— en que justo cuando pensaba que ibas a parar, que ya era suficiente, que no podía más, tú doblabas la apuesta. Y yo me derretía.

Nadie más lo ha hecho así. Lo juro. He tenido amantes amables, atentos, incluso esforzados. Algunos me han preguntado qué me gusta. Otros han seguido tutoriales con devoción robótica. Alguno me ha sorprendido. Pero lo tuyo era distinto. Era salvaje, sí, pero preciso. Era íntimo y, al mismo tiempo, completamente impúdico. Como si me dijeras con la cara hundida en mi sexo: «Aquí estoy, disolviéndome, y si me muero así, que no me lloren».

No hablábamos de política ni compartíamos libros. Tus mensajes eran de monosílabos y tus bromas de barra de bar. No me imaginaba contigo en Navidad ni presentándote a mis amigas. Nunca fuimos pareja, ni lo intentamos. Nos veíamos de vez en cuando, y siempre, siempre, terminábamos en lo mismo. En esa cama o en la tuya. En el suelo de tu salón. En mi coche, una vez, entre risas y jadeos, con la palanca de cambios clavándose en el muslo. Nunca me besabas después. No lo necesitábamos.

A veces me pregunto qué hacías exactamente. Si era un truco, una técnica aprendida en algún ritual ancestral. Pero no. Era entrega. Una entrega total, sin pretensiones. El sexo contigo no era performativo ni calculado. Era sucio, generoso, descarado. Me hacías olvidar mis nombres, mi pasado, mis prejuicios. Me convertías en pura carne palpitante, en una criatura que solo sabe decir «más».

Te fuiste, claro. O mejor dicho, desapareciste. Me dejaste por una aplicación de mensajería. Luego bloqueaste todo. Tu teléfono, tu Instagram, hasta el buzón de voz. No quise buscarte. No porque no te deseara. Sino porque entendí que eras eso: una grieta. Un accidente. Un incendio del que nadie debe sobrevivir dos veces.

Pero a veces, cuando alguien baja por mi vientre con más intención que pericia, cuando me acarician con esa torpeza cariñosa que promete sin cumplir, cierro los ojos y pienso: «Nadie me come el coño como lo hacías tú».

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

13 comentarios

  1. Toni Camps

    Qué manera de despertarme el domingo…

  2. ¡Glup! Cuando el centro del universo no es el ombligo, sino el de la mujer desfasada vitruviana que por preñez gravitacional va para abajo. Tendré que repasar cosmología, “antropo”logía, fisiología pues hay algo que no cuadra: misteriología femenina sería, jamás tratada o inventada pues, debido a tantas lecturas o pelis hay frases que quedan sin respuestas apropiadas: “pero, ¡quién entiende a las mujeres!” Se pasaron toda la vida sumisas, calladas y ahora eclosionan. No podían hacerlo antes, cuando era muchacho y andaba detrás de ellas sin explicarme el por qué. Misterio misogenital. Son un gran agujero negro sin siquiera horizontes de sucesos masculinos. Todo lo tragan.

    • E. Roberto, eso de “son un gran agujero negro sin siquiera horizontes de sucesos masculinos” es una imagen muy feliz e inspirada. Cualquier poeta que ande por aquí en la vuelta te dirá lo mismo.

  3. Luego os quejáis de que no os enlaza Google. Por mi os deberían poneros en la portada del buscador. Qué gusto da leer algo tan explícito y a la vez tan bien escrito.

  4. Hermoso texto.

  5. El coño caduca al de 2h de ducharse.
    Ojo con eso

  6. Magnífico texto, excelentemente escrito, que me ha recordado el poema «Espejismo (El arte del cunnilingus)» del poeta Rubén Suárez Valverde (Toledo, 1985):

    Corona la albura mirto voluptuoso
    y al paso húmedo que desnuda el camino
    se respira el sabor del fruto jugoso.
    Palpita ofrecido el monte Venusino

    Al gozo venal de la Náyade oriunda,
    que osada, profana el misterio abisal
    con palabra erecta y se insinúa profunda
    constelando la sonrisa vertical.

    Como unos labios en silenciosa armónica
    cuyo rumor impregna el oasis sagrado:
    dulce paréntesis de humedad platónica
    donde el delirio pernocta bautizado

    Y serpea corpóreo el universal espasmo ,
    sin más cobijo que la injuria incisiva
    ni más elixir que el bostezo del orgasmo
    descubre en la orilla de espuma lasciva.

    Se funden en delicada antología
    mordiscos y caricias como hambre y sed,
    como Empírea decadencia de armonía
    que el crepúsculo engalana a su merced.

  7. He leído este texticulo y me ha parecido hermoso. Pues vamos, no busques tanto en quién te lo puede hacer mejor, a veces se logran orgasmos con la saudade.

  8. Clonazepando

    Estoy esperando con gusto el próximo artículo sobre «Como yo te he comido la polla, olvídate, nadie te la comerá».

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*