
La voz de bajo de Paul Robeson se eleva por encima de las montañas nevadas y retumba entre las rocas. El silencio se ha apoderado de la zona y hasta las armas de los soldados han enmudecido para escucharlo. Estamos en Brunete en el invierno de 1938, el más frío del siglo XX en la península ibérica. El norteamericano canta para los soldados del frente y su voz profunda y poderosa ha conseguido detener el fuego. La larga y brutal guerra civil española ha atraído a cerca de treinta mil voluntarios antifascistas de todo el mundo. Paul Robeson quiso aportar su granito de arena.
Robeson cantó para los soldados del frente, para la aterrorizada población civil y para los heridos del hospital de sangre de las Brigadas Internacionales en la provincia de Castelló. Unos meses antes, el 24 de junio de 1937, había pronunciado un discurso en el Royal Albert Hall de Londres: «Siempre he querido que mi talento contribuya de manera significativa e indiscutible a la causa de la humanidad. Y esta noche siento que lo estoy haciendo. Cada científico, cada escritor debe decidir de qué lado está. No hay elección. No podemos soportar observar el conflicto desde nuestro Olimpo. No hay un observador objetivo. En todas partes está el campo de batalla»1.
Comunista acérrimo, cantó para todas las causas de justicia social e igualdad, desde las leyes contra los linchamientos hasta las demandas de los mineros de Gales. Debido a sus buenas relaciones con la Unión Soviética, fue expulsado de la NAACP (Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color) e incluido en la lista negra de los nazis. Su nombre estuvo borrado de los anuarios universitarios y deportivos durante décadas y solo pervivió en la memoria histórica del espectáculo gracias a su versión de «Ol’ Man River» en la película Show Boat (Magnolia en castellano), de James Whale.
Standards inmortales
«Ol’ Man River» es uno de esos standards inmortales del repertorio americano que gustan a todo el mundo y aparecen y reaparecen periódicamente. Escrita sobre la música de Jerome Kern para el musical de Broadway Show Boat2, trata de los teatros flotantes que recorrían el Mississippi en el siglo XIX. Aunque en versiones teatrales y cinematográficas anteriores «Ol’ Man River» tuvo otros intérpretes, es Robeson quien ha quedado en la memoria colectiva. La letra original está redactada en lo que académicamente se conoce como African-American language, el slang de los negros3, a la vez una seña de identidad y un elemento discriminatorio. El debate acerca de la corrección política de usarlo en literatura, poemas, etc., se mantiene perpetuamente candente. Aunque en la película Robeson canta la letra tal como la escribió Oscar Hammerstein II, en posteriores grabaciones la convirtió a un inglés estándar cambiando algunos versos que podían resultar discriminatorios. Buscando mayor dramatismo, ralentizó el tempo para hacerla más solemne.
Compás de 4/4, una melodía pentatónica y la voz de bajo-barítono de Robeson para un lamento sobre la explotación de los afroamericanos y la ausencia de sentido de sus vidas dominadas por el abuso y la injusticia. La traducción al castellano de «Ol’ Man River» siempre ha causado cierta confusión, dificultando su comprensión. El contexto de la letra nos deja claro que no se trata del «viejo hombre del río» ni del «río del hombre viejo», como a veces se ha traducido, y menos aún de un «viejo río», como nos dice Google. Se trata de una personalización sin más: «Dere’s an ol’ man called de Mississippi» («Hay un viejo que se llama Mississippi»). El Mississippi queda humanizado como viejo que observa el infortunio ajeno mientras fluye, indiferente y eterno. Hammerstein convierte esa gran fuerza de la naturaleza que es el inmenso río en un testigo mudo, insensible y, tal vez, cruel de la tragedia de la raza negra.
Nacido en 1892, nieto de esclavos e hijo de un esclavo fugitivo, Robeson era alto, fuerte, rápido e infatigable. Gracias a su éxito en el fútbol profesional consiguió entrar en las universidades de prestigio: Rutgers y Columbia. Licenciado en derecho, el color de su piel le hizo imposible conseguir respeto en el entorno de bufetes y tribunales y decidió dedicarse profesionalmente a uno de sus hobbies: el teatro. Debutó en Harlem, trabajó en Broadway y en Hollywood. Su gran éxito le valió el privilegio de elegir y supervisar el montaje de sus películas.
What does he care?
A pesar de ser el primer actor afroamericano que se negó a interpretar papeles contra la dignidad de su raza, en Show Boat aceptó representar a Joe, un estibador que arrastra barcazas y carga fardos en la ribera del río cuya inmutable presencia le intriga y le hace reflexionar. Su voz entona la melodía para presentarnos a ese hombre viejo llamado Mississippi que fluye en su cauce desde que el mundo es mundo. ¿Sabio? Quizá. ¿Insensible? Seguro. Las ideas centrales de la canción aparecen en los siguientes versos: «Este es el viejo que me gustaría ser», dice, y entendemos que es una persona angustiada e insatisfecha cuando continúa cantando: «What does he care if de world’s got troubles? What does he care if de land ain’t free?» («¿Qué le importa si el mundo tiene problemas? ¿Qué le importa si la tierra no es libre?»).
Enseguida nos vamos a enterar de algunos rasgos del carácter de ese río convertido en persona humana por obra y gracia del arte musical. «He mus’ know sumpin’ but don’t say nuthin’»: sabemos que es viejo y ahora descubrimos que además es sabio («debe saber algo») y que es reservado («pero no dice nada»); tal vez guarda un secreto o quizás está amordazado a pesar de su aparente fuerza. Pero nada le afecta «y sigue fluyendo», continúa Joe, quizás percibiendo algo de crueldad en esa marcha impasible. Ahora observa que al Mississippi no le afectan la explotación y el cansancio del trabajador negro, con el que no tiene nada en común, porque «no planta patatas, no planta algodón»; sin embargo, «pronto se olvida a quienes las plantan», porque los nombres de los trabajadores son efímeros como sus vidas y su cansancio: la humanidad que se otorga al río se niega al trabajador.
«You an’ me, we sweat an strain, body all achin’ an’ racked wid pain» («Tú y yo sudamos y nos esforzamos padeciendo con el cuerpo dolorido»). Hammerstein, por medio de la voz de Joe, nos recuerda la condena bíblica del trabajo y la expresa de forma descriptiva y teatral: «¡Carga esa barcaza, levanta ese fardo!». Las órdenes son ineludibles y existe una sola vía de escape para olvidar: «Emborráchate», aunque «terminas en la cárcel», añade, porque para el negro no hay evasión posible4 en una sociedad que le considera poco más que una herramienta. «Estoy agotado y estoy harto de volver a empezar. Estoy cansado de vivir, pero tengo miedo a morir», describe a continuación su vida frente al testigo insensible y despiadado que «sigue fluyendo».
Contra el racismo
El coro de estibadores acompaña a Joe en los versos siguientes, que tratan de desigualdad, injusticia y lucha de clases: «Los negros trabajan mientras los blancos juegan. Arrastran los barcos desde el amanecer hasta la puesta del sol», y añade otra referencia bíblica: «sin poder descansar hasta el Día del Juicio». Hay que señalar que hemos usado el aséptico término castellano «negros», mientras el inglés utiliza «Niggers», mucho más despectivo y políticamente incorrecto. Robeson eliminó este fragmento en 1966, en medio de las luchas y protestas por los derechos civiles y, de hecho, ya en la película de 1936 se había cambiado el término problemático por el inocuo «darkies».
A partir de ahora aparece una fuerte carga de tópicos racistas que seguramente Hammerstein incluyó en aras de un mayor dramatismo y que, al ser interpretada por un negro, cobra un significado radical. De entrada, nos enfrentamos a la idea de la superioridad blanca: «No hagas enfadar al jefe blanco». Enseguida se suman la servidumbre y la humillación consecuentes: «Dobla las rodillas e inclina la cabeza». Y por fin, la inexorable condena a perpetuidad: «Y tira de la cuerda hasta que mueras». El coro de trabajadores le contesta recomendando humildad: «No levantes la vista», y además añade: «An’ don’t look down», es decir, no te muestres despectivo, no seas arrogante: no mires, no existas, solo trabaja.
Joe va a contestar con una estrofa todavía más dramática sobre su deseo de huir: «Dejadme irme lejos del Mississippi, dejadme alejarme del jefe blanco», un deseo que él sabe imposible y que, como han avanzado antes sus compañeros, solo se va a cumplir con la muerte: «Enseñadme esa corriente que es el río Jordán, esa es la corriente eterna que deseo cruzar». El único consuelo que encuentra el trabajador explotado se lo ofrece la sencilla espiritualidad bíblica donde el Jordán, el río del bautismo de Cristo, simboliza el renacimiento y la esperanza de la vida eterna que nos prometen las religiones.
Y un último verso estremecedor que nos vuelve a recordar la impasibilidad del río, de la naturaleza y del mundo en general frente al sufrimiento humano y, concretamente, de la raza negra: «Viejo y largo, el río sigue escuchando esta canción».
Notas
(1) La parte biográfica de este artículo se publicó traducida al euskera en el libro Kafe aleak de las tertulias Kafea eta galletak, que se celebraron hasta 2021 en Gernika (Bizkaia).
(2) La obra está basada en una novela del mismo título publicada en 1926 por Edna Ferber.
(3) Utilizamos «negro» como traducción literal de «black» en el sentido que James Brown y Chuck D reivindicaron.
(4) Este verso es uno de los que Robeson cambiaría posteriormente: «Show a little grit and you lands in jail». Este vídeo contiene y explica los cambios.







