
Cuando me asomo al jardín experimento el asombro de lo vivo. La complejidad se manifiesta en cada hoja sencilla de la salvia, en toda simple rama del tilo y en la insignificante levedad del jazmín. Hay una biología de los organismos que habla de ADN y proteínas y grasas y azúcares y hay una matemática de lo vivo que habla de relaciones y proporciones y series infinitas. En cada experimento evolutivo hay un binomio complejo/simple que se repite incesantemente. Lo que ocurre dentro de una célula es de una complejidad enorme y, cuando levantamos la mirada a la escala del individuo, descubrimos un gusano, una brizna de césped o una simple bacteria. ¿Se han preguntado alguna vez qué ha ocurrido con toda esa complejidad?

La Tierra tiene una edad simpática: cuatro mil seiscientos millones de años, millón arriba, millón abajo. La vida, como fenómeno terrestre, comenzó mucho después de la formación de nuestro planeta, al menos mil millones de años después. En cuanto las primeras células se estabilizaron, gracias a un metabolismo capaz de mantenerlas y una información genética capaz de perpetuarlas, nuestro planeta se llenó de esos organismos que hoy conocemos como bacterias que se reproducen a velocidades vertiginosas y viven su vida en entornos donde todo o casi todo vale. Muchas respiran oxígeno, pero muchas otras viven apartadas del oxígeno todo lo que pueden y, aún otras, en las condiciones más extremas, como en el entorno ferroso superácido de las minas del río Tinto o en las piscinas de agua radiactiva de las centrales nucleares. Durante unos dos mil millones de años, en la Tierra solo había bacterias. Imagínense, todo un planeta para que vivan a sus anchas unos organismos sin más ansias que metabolizar y dividirse y que, gracias a esas funcionas propias de la vida, comenzaron a generar una atmósfera que haría que pudiesen comenzar a aparecer organismos más complejos. Si en ese lapso de tiempo nos hubiese visitado algún naturalista galáctico, se habría vuelto a casa apesadumbrado, llevándose consigo una gran decepción, incapaz de encontrar culturas y civilizaciones complejas, inteligentes, creadoras. El pobre explorador se habría tenido que volver a su planeta con miles de placas Petri (o su equivalente alienígena) con cultivos bacterianos listos para secuenciar y comparar, para llenar aburridos tomos de los Anales de Vida Extraplanetaria.
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Cuando he visto la primera foto, me había parecido la imagen satélite del movimiento de barcos en un puerto.
Y cuando he leído el primer párrafo, creía que iba a leer sobre biología.
Están locos estos escritores.
PD: Buen artículo ;)
Gracias Guillermo, es la locura estival!
Estupendo artículo, gracias.
Un apunte para seguir luchando contra la entropía: el teodolito, sobre todo cuando se usa en medio del monte, es cosa de ingenieros más que de arquitectos.
Gracias Filo, tomo nota.
Prueba el juego oriental ‘go’ si quieres sentir vértigo a la complejidad, las posiblidades y el pensamiento en amplitud, más que en profundidad
Gracias Cinopower, las referencias al Go suelen salir a menudo en los comentarios. Sin duda produce vértigo y ocurre como con el ajedrez, las reglas son sencillas (más sencillas que en el ajedrez) pero el número de posibilidades (mayores que en el ajedrez) es demasiado para nuestro cerebro. Supongo que eso es lo que quieres decir con «amplitud», que es una palabra interesante, frente a «profundidad».
Excelente! Bien vendría un análisis del poker, que las casas de apuestas intentan equiparar con el ajedrez cuando está mucho más cerca de la ruleta.
Gracias Lavan. El póker es muy interesante porque juega directamente con la psicología del contrario, siendo un juego en donde no tienes la información completa de lo que está pasando. Todo se basa en el cálculo de probabilidades y en saber leer al contrario. En ese sentido, la incertidumbre es mucho mayor que en ajedrez. La ruleta, en cambio, es un juego puro de azar.
Después de leer el título y el primer párrafo irrumpió Borges en mi cabeza
Pero la organización es en definitiva complejidad. A medida que los seres (desde las bacterias hasta el ser humano) somos más complejos, necesitamos la organización. De hecho la organización es la clave de la complejidad. Esta no puede existir sin aquella.
¿Somos capaces de imaginar un ser humano en el que sus células no estén agrupadas organizativamente? ¿ Como podría existir un riñón, el corazón etc?.Sin sus células especializadas y agrupadas.
Y ¿que es antes, el huevo o la gallina?. Mantengo que ambas crecen simúltaneamente ya que la una sin la otra no podría coexistir.