Arte y Letras

Vidas cortas

1994, Aspen, Colorado, USA --- Hunter S. Thompson in His Office --- Image by © Christopher Felver/CORBIS
Hunter S. Thompson, 1994.Fotografía: Corbis.

Dame la pistola, me pego un disparo
Voy a morir joven, rico, chulo y delgado.

Kinder Malo

El ser humano moderno tiene un irracional miedo a lo desconocido. Y sin duda el mayor —quizás ya el único— de los misterios es la muerte y lo que viene después de la muerte. Presa de ese pánico al insondable más allá, el ser humano ha intentado prolongar ad infinitum su existencia, usando para ello fármacos, máquinas o alimentos, luchando en vano por erradicar la enfermedad, la guerra, el envejecimiento, la violencia, la putrefacción. El resultado es que, efectivamente, la esperanza de vida se ha estirado como un chicle usado. Pero el problema sigue ahí, gordo, terrible, desesperante: eso que Hesse llamaba «la grandiosidad del momento y su miserable marchitarse».

Desde el Paleolítico, el Homo sapiens sapiens ya podía en potencia llegar hasta los cien años. Pero pocos pasaban de los veinticinco, debido a factores como la alimentación, la higiene, las epidemias o los mil y un peligros que acechaban en la naturaleza. La cosa no cambió mucho con el paso de los siglos: en 1900, la esperanza de vida para los españoles era solo de treinta y dos años, y en China ni siquiera llegaba a los veinticinco. Parte de la culpa era de las altas tasas de mortalidad infantil, que no bajarían hasta bien entrado el siglo XX.

En la actualidad, quien tenga la suerte de nacer en un país más o menos desarrollado, y siempre que no sea fulminado por un cáncer, un infarto o un accidente de tráfico (los tres pilares de la mortalidad moderna), podrá convertirse en un jovial puretón y pasar con facilidad la frontera de los cuarenta, de los cincuenta e incluso de los sesenta. Sería maravilloso, si no fuera porque la mayoría de la gente no está preparada para vivir tanto tiempo y acaba languideciendo, vagabundeando por parques desiertos, viajando a Benidorm, engordando palomas o contemplando obras en construcción con babeante rictus. Es el mal del que ha vivido demasiado y que llevó a suicidarse a George Sanders o Hunter S. Thompson: el aburrimiento.

Y es que la longevidad, amén de suponer un creciente problema económico y social, puede generar un tedio cósmico en el individuo. A medida que envejecemos, los días se vuelven más huecos y sin sentido. Ahí empiezan las diferentes crisis de edad, sobre todo la de los cuarenta, galopante, llena de traiciones a uno mismo, reinvenciones ortopédicas, cirugías disparatadas y ridículos arrebatos de «viejoven».

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

14 comentarios

  1. Pingback: De Lautréamont al Jaro: media docena de personajes que vivieron rápido, murieron jóvenes y lo petaron

  2. Nicolas Cage

    En El día de difuntos (1936)

    Aquí hay una errata de 100 años

  3. isidro moran

    Además el artículo no se titulaba así «(1836)» entre paréntesis. El título era «El día de difuntos de 1836». Y lo más importante este suelto es es un mal resumen de lo que fue Larra. Si hubiera habido en el pasado muchos Larras y no digamos en el presente, este país no le conocería ni la madre que le parió.

  4. Buenísimo. Venga uno de largas vidas.

  5. «Lo mejor de todo sería no haber nacido, y cuando esto es imposible, lo mejor sería morir pronto».
    Exacto. Y «pronto», quiere decir morir durmiendo en la cuna, el primer día.

    • Antonio Mepareceami

      Este punto de vista no lo he entendido nunca. ¿Mejor? ¿como puede uno medir lo mejor o lo peor, lo bueno en definitiva, si no ha nacido? ¿Se refiere el pensador a que deberíamos nacer una vez, para ver lo malo que es nacer, y después decidir si nacemos, o no, en la vez definitiva? ¿Es una expresión simplificada de la idea «lo mejor es que los demás no hubieran nacido»? En fin …

  6. Yo me quedo con Justa y Rufina, las hermanitas iconoclastas, que se negaron a adorar a Venus. ¡Nefanda pretensión para las castas y piadosas hermanas, mártires heroicas!
    Y muchas gracias al obispo san Sabino, que tuvo el detalle de recoger sus restos y guardar sus reliquias para la veneración de los fieles.

  7. manuel gomez gemas

    Sobre lo del «El Jaro» sólo querría dejar claro una cosa: los delincuentes de los extrarradios de las ciudades no son liberadores de los pobres, como quiere dar a entender el articulista, sino la mayor pesadilla de éstos. Esos delincuentes a quienes más castigaban era a la clase obrera, a la que tuvieron oprimida durante los años setenta y ochenta. Las clases pudientes disponían de sus métodos para protegerse y sólo muy ocasionalmente se podrían sentir asaltadas por los hordas de delincuentes de aquellos años. No les ocurriría lo mismo a la clase obrera que habitaba las barriadas periféricas y que lo sufría a diario.

    • Gerardo López

      A Manuel Gómez.
      No dice que sea defensor de los pobres, sino que habla de «rebelión de los pobres» como contexto que justifica la película. Seguramente este individuo lo más que haría sería repartir con sus secuaces lo que a él le sobrara de sus botines. Y sin duda, el calificativo de «mártir» se debería sustituir por «ejecutado» (no quisiera decir «ajusticiado», pero lo pienso).

  8. Hunter S. Thompson, más que aburrimiento, tenía ciertos problemillas de salud que pudieron hacer que se suicidase. Después de todo, si estás aburrido no reunes a tu familia más cercana para decirles que te suicidas, despedirte de ellos y te vas a pegarte un tiro en la parte de atrás de tu casa. La gente aburrida prefiere cosas más sencillas (digo yo).

    • Eso dices tú, pero esto es lo que dijo el propio Thompson en su nota de suicidio: «No más juegos. No más bombas. No más paseos. No más diversión. No más nadar. 67 años. Han pasado 17 de los 50. Son 17 años más de los que yo quería o necesitaba. Aburrido. Estoy siempre insoportable. No soy divertido para nadie. Te estás volviendo codicioso. Compórtate de acuerdo con tu avanzada edad. Relájate, no te va a doler».

      • Puede que tengas razón, si bien la «nota» (que se titula «Football season is over», que se escribió cuatro días antes de matarse y que sólo es nota de suicidio porque la familia y la policía llegaron al acuerdo de tenerla como tal) es altamente interpretable y si te vas a lo que dicen los más cercanos a Thompson (en prensa, entrevistas o documentales como Gonzo o Buy the ticket, take the ride) la única palabra que nadie usa es «aburrimiento», todos hablan de sus dolores, de sus problemas para caminar, de lo duras que fueron las semanas siguientes a la operación (por la poca efectividad del tratamiento elegido, dado el historial farmacológico y alcohólico de Thompson) y algunos, los menos, de «depresión clínica», hasta se habla de que su veneración por Hemingway que podría haberle llevado a imitar el suicidio al no encontrarse en las condiciones físicas que Thompson quería para continuar con vida.
        Eso, que no lo hizo de un día para otro (mira las declaraciones de Jann Wenner al respecto), que buscó que su familia estuviera cerca para poder despedirse (ese fin de semana lo habían visitado su hijo y nieto, justo en el momento de cargar el arma con que se suicidó estaba hablando con su segunda esposa en plan reconciliación después de una pelea,…) y que ya llevaba años pensando en el tema si llegaba la ocasión (según declaraciones de Ralph Steadman, en su web cuando supo del suicidio o en posteriores entrevistas como la que le hizo Squire, aunque el propio Thompson ya había dado pistas en 1978 en el programa Ómnibus de la BBC, que tienes en YouTube, o en el prólogo del libro La gran caza del tiburón) me hacen pensar que no fue el aburrimiento ya que si lo haces por aburrimiento coges la escopeta porque anda por allí en el momento álgido de tu aburrimiento.
        Pero oye, a lo mejor tú sin tanto contexto ni tantas leches puedes darnos lecciones a los demás, tienes una nota, al fin y al cabo. Por algo hice mi comentario con un «pudieron».

  9. Atonio Ramos Vedasco

    La pregunta del Jaro era: ¿Un pellizco o un «tentujón»?. El pellizco consistía en cortar el pezón con unas tenazas.
    A quienes robaba este tipejo era a trabajadoras. Mi esposa fue robada y atropellada junto a la antigua clínica «Puerta de Hierro» a las 7:45 horas.
    Las clases pudientes aún dormían.
    El día en que le mataron en la plaza Castilla, casi todo Madrid respiró aliviado. Fue un mal nacido. Ojalá existiera el infierno.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*