
Vestido con un disfraz de cerdo rosa y gafas de sol se presenta Gonzalo Maceira (Pontevedra, 1985) el alma de Furious Monkey House, bajista del grupo y profesor de música. Lo siguen cuatro niños, concretamente, tres niñas y un niño: Mariña (voz), Irene (guitarra), Carlota (batería) y Manuel (guitarra). Disculpamos a Amaya, la teclista. Tienen entre once y trece años y, a pesar de que no los dejan entrar en los conciertos, ya dan los suyos ante cientos de personas. Los próximos, el 13 de febrero en el Teatro Lara de Madrid y el 4 de marzo en el Teatro Colón de A Coruña para presentar su disco Run.
Furious Monkey House no han salido de ningún concurso de talentos, ni sueñan con actuar en la televisión ante un público sediento de lágrimas infantiles. Son rockeros, alimentan su creatividad escuchando a Foo Fighters, Radiohead, Cardigans, Pixies o Placebo y ya han grabado su primer disco en los míticos estudios de Abbey Road. El lugar donde Paul McCartney fue a parar con su amigo Jonh Lennon después de abandonar el instituto donde se aburría mortalmente. Quizá aquella fue una buena idea.
En un mundo, el de la música, donde cada día lloramos a los muertos y llevamos grabado fuego lo que «cualquier tiempo pasado fue mejor», estaría bien abrir los ojos y los oídos de vez en cuando y aplicarnos otro refrán que dice que «los viejos rockeros nunca mueren.» Se reencarnan.
Gonzalo conoció a algunos de los niños siendo su profesor de música en el colegio donde trabaja y a otros dando clases en una escuela profesional. Empezó a ensayar con Carlota cuando ella solo tenía cinco años y hace un par de años, cuando ya estaban todos los actuales integrantes, se decidió embarcar en lo que él denomina «experimento» con la intención de enseñar a cada uno a que encontrase el instrumento que se le daba bien y, además, le gustase tocarlo. Estaba convencido de que todos podían aprender a tocar si se les ofrecían los medios necesarios y estaban motivados. Gonzalo estaba haciendo, sin saberlo, lo que el famoso pedagogo inglés Ken Robinson define como encontrar «el elemento»: la conjunción perfecta entre el talento, la posibilidad de explotarlo y la felicidad producida por ello.
Después, vinieron las letras, que también componen entre todos a partir de juegos. El método didáctico de Gonzalo incluye la diversión como principio elemental. «Heavy Boy», uno de los temas de su disco, es el resultado de que los chicos se lo pasasen bien vacilando al propio Gonzalo.
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Alucina el timbre de voz que tiene Mariña (aunque el vídeo que habéis puesto parece «sobreproducido» y no parece la voz de una niña; en otros vídeos suyos se la escucha más natural), que habrá que ver cómo le evoluciona la voz con la edad, y sobre todo el dominio que tiene Carlota de la batería.
Diversión y talento por igual …… nada que ver con la presión a la que someten a los niños en bazofias televisivas como La Voz Kids. Gran trabajo de Gonzalo.
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Filosofía a contracorriente de la mierda individualista, competitiva y mediocre que nos inunda hoy dia, en todos los ambitos. Enhorabuena!
Fuimos a verlos tocar a Madrid y es alucinante como suenan! Seguid así!!! Me quitó el sombrero ante Gonzalo!
Me han sorprendido enormemente.Creo que en mis 60 años es lo que más me ha impactado por las edades y lo que hacen.
Adelante con el proyecto!!