
Siempre pensé que sería un material fantástico en manos de Kurosawa o de Kubrick por aquello de la shakesperiana ampulosidad con fundamento o de la belleza triste de Barry Lyndon a la luz de las lentes de la NASA. Como ya no ruedan, sugeriría los nombres de Haneke o de Cronenberg (incluso un Terry Gilliam desatado) que seguro escarbaban en las honduras patológicas y en los conflictos del prota con su mente, su sexualidad y su conducta, enfrentados a una atosigante realidad y a una responsabilidad que ni los de la Marvel. Que me perdonen (o no), pero nunca imaginé a Díaz Yanes, mucho menos a Garci —o serie de La 1 con vestuario de Cornejo— metidos en biopic tan estupendo. En la improbable circunstancia de que me sentara frente a un productor de Hollywood para convencerle de la idoneidad de un guion (esa oportunidad efímera de persuasión y charlatanería llamada pitch), le descerrajaría que se trata de la vida de un pobre niño de sangre azul que creció sin el cariño y sin coleguillas; al que ninguneaban mientras su estirpe jugaba al cu-cú y se columpiaba entre el barroco y el rococó; que ejercía de nieto invisible para su engolada parentela, consagrada a una rutina de opereta de comer, cagar, acostarse y levantarse. Puntearía las aristas de un joven inestable, sumergido en una cárcel de inseguridad y silencios. Sin recreaciones innecesarias (los productores siempre tienen prisa) habría que relatar vivazmente cómo en medio de una adolescencia frustrante y de ausencias, ¡voilá!, se abre mágicamente un testamento que le señala que con diecisiete años se ha de mudar lejos de su palacio parisino para heredar y reinar en un vasto imperio en peligro que necesita unas reformas estructurales e ilustradas de no te menees. Y encima para ponerse a vivir en una ciudad lóbrega y enfangada, en un adusto alcázar de un país ocre, cuyo idioma no habla ni papa y donde la gente arroja los excrementos por la ventana, agua va. Pongamos que hablo de Madrid, 1700. Pongamos que hablo de Felipe V, nuestro primer Borbón.
¿Quieren ustedes, reverendísimos productores, más chicha, conflicto, un poquito de acción? Pues el (anti)héroe emigrante, sumido periódicamente en etapas de desequilibrio emocional y mental, hacía de tripas corazón, aparcaba la abulia, y vencía su mal congénito psicosomático para guerrear bizarramente catorce horas diarias a caballo jugándose el tipo en la batalla (último monarca patrio en hacerlo), y aparcaba su postración para atender la acción de gobierno con energía y sentido de Estado, aunque en el fondo todo aquel papeleo le provocara un perezón morrocotudo. Eso sí, la glotonería (¿bulimia?) a toda hora y el cuerpo cavernoso siempre erguido. Apodado —no sin cierta ironía— «el Animoso», no paró de follar durante ¡jornadas, semanas enteras! con las dos mujeres de su vida. Y cumplía el campeón toditos los días en el tálamo casi hasta su muerte con sesenta y cuatro años. Sin transición mediante, entre la alcoba y los despachos, buceaba en las ciénagas de la nostalgia y se negaba a tratar a nadie durante días. Enmudecía semanas. «Quien no habla no reina», justificaba. Como un chiquillo al que le esconden el Scalextric. Quizá por el París perdido, quizá por el espectro de la niñez robada. Tim Burton se relamería…
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¡¡¡ El talibán gramatical al ataqueeee!!!!
DETENTAR
verbo transitivo
1.
Poseer una cosa, disponer de ella o atribuírsela de forma ilegítima o indebida; especialmente poseer o atribuirse el poder.
«el poder del emperador era a la vez político y religioso, aunque este último fuera detentado por las autoridades religiosas, es decir, por los sacerdotes»
2.
Ejercer un cargo público o tener una dignidad, especialmente de forma ilegítima.
«el traidor detentó la presidencia de la nación durante 20 años»
El rey Borbón no detentaba el poder sino que lo ostentaba.
Muy buen artículo, todo sea dicho. Era uno de mis personajes favoritos en los lejanos años universitarios
Pingback: Litio y Viagra para la película de Felipe V
– «se le habilita un librillo con peces» Será «lebrillo» ¿no?
– «Vestía ropas de su mujer por temor a ser envenenado» ¿?
De Felipe V a Felipe VI, pocas diferencias… incluso en el retrato.
http://elvillanoarrinconado.blogspot.com.es/2014/06/la-exclusiva-retrato-oficial-de-felipe.html
Un artículo que se deja leer, un poco enrevesado desde mi punto de vista. Ahora, tiene un error de bulto, ya que el derecho de Felipe a ser rey le venía de su bisabuela Ana de Austria, hija de Felipe III y mujer de Luis XIII, y de su abuela Maria Teresa, hija de Felipe IV y esposa de Luis XIV. De hecho, Felipe fue bautizado con ese nombre porque su abuelo le cedió sus derechos al trono
Perdón por el desliz (disloqué a las infantas) y se agradece lectura y aclaración. Efectivamente son Ana y María Teresa de Austria.
Muchas gracias y un saludo
Claire van Kampen, la mujer de Mark Rylance, escribió su primera obra teatral hace unos años. Farinelli y el rey, que interpreta Rylance.
http://www.shakespearesglobe.com/theatre/whats-on/west-end/farinelli-and-the-king
https://www.youtube.com/watch?v=I54jj8gpByo
La vi en Londres hace unos meses. No me convenció, un poco más de topicazo de España negra y toreros.
Una duda, se hace esta afirmación: «……donde volaron por los aires los fueros de Aragón y el idioma catalán, sobre todo en la Administración». No hace mucho, en un artículo en El País (no recuerdo quien lo firmaba) el articulista afirmaba que Felipe V lo que hizo fue cambiar el latín por el castellano en la administración. Aunque obviamente hay una clara intención homogeneizadora no es lo mismo cambiar el catalán por el castellano que cambiar el latín y no hacerlo por el catalán. ¿Alguien puede aclarar esta duda?
Inocente, la lengua castellana se usaba en los documentos oficiales desde la Baja Edad Media enla Fotos de Castilla, supongo que en la Corona de Aragon sucedería lo mismo con la lengua de cada reino, aunque no lo sé a ciencia cierta. Saludos
El castellano en la administración fue impuesto por Alfonso X el Sabio en el s. XIII, siendo la primera corte europea en sustituir el latín por la lengua propia del lugar. El resto de cortes europeas fueron copiándolo a lo largo de la Edad Media, y para el s. XVI quedaban pocas cortes que utilizaran el latín en la administración (Los Estados Pontificios, básicamente).
Lo que hizo Felipe V fue eliminar el catalán de la administración, sencillamente, del mismo modo que los reyes franceses llevaban varios siglos de batalla con las lenguas propias de Francia (bretón, occitano, etc…).También es cierto que los nobles y clases pudientes de la Corona de Aragón llevaban varios siglos utilizando el castellano habitualmente, y para ellos no fue un trauma.
El trauma fue para los campesinos que, como era normal en la época, nunca se habían alejado más de 50 km. de su pueblo, y que no tenían ni medios ni, en realidad, necesidad de aprender un idioma nuevo para tratar con la administración.
De nada, Javier, un saludo
Cazar y fornicar mucho es algo natural en los individuos de su saga, eso a los amantes de las esencias españolas les parecerá gracioso. Los valencianos que padecimos especialmente su locura asesina «por el justo derecho de conquista» no lo recordamos con especial cariño, vale recordar que según cuentan los historiadores asesinó al 7 % de la población del Reino de Valencia.