
A la gente que le gusta recurrir a los estereotipos nacionales hay que censurarles e incluso reprobarles, pero a veces no queda más remedio que darles la razón. Si analizamos la forma en que los directores Laurent Cantet y Ulrich Seidl, francés y austriaco, trataron en sus películas el fenómeno de las mujeres de cierta edad que recurren a la prostitución masculina en países pobres, lo único que podemos concluir es que el estilo de cada uno se correspondía con los prejuicios habituales que tenemos de sus países.
La protagonista de la película francesa, Hacia el sur (2005), era Charlotte Rampling. Una mujer esbelta, que ha destacado durante toda su carrera por su belleza, aparecía buscando gigolos en la Haití del dictador Baby Doc. Lo que trascendía en esta historia, ente cálidas playas y miradas profundas al ocaso, podríamos decir que era un mensaje feminista. No obstante, en el caso del film austriaco, Margarete Tiesel, la actriz que daba vida a Margarita, no era agraciada físicamente. Tenía celulitis, se le notaban bastante más los años. Y los keniatas a cuyos servicios de prostitución recurría la toreaban constantemente. En unas escenas, además, que lo que buscaban era mostrar la cruda realidad sin disimulos ni sugerencias. Para algunos gigolos la erección con ella era básicamente imposible y asistíamos a ese espectáculo angustioso y deprimente durante largos, largos minutos.
El francés acomodaba la historia a unos criterios estéticos agradables, hasta elegantes. La soledad de la protagonista invitaba a reflexionar. En la austriaca, lo puta que es la vida se mostraba en toda su crudeza. Dolorosa. Lamentable. Un relato era melancólico, el otro devastador. La película del francés era como una brisa, la del austriaco como un sartenazo en la cara.
Esa ha sido la carta de presentación de Ulrich Seidl en los más de treinta y cinco años que lleva rodando. Una carrera que ha ido de menos a más, en la que ha conseguido perfeccionar su propio estilo hasta la aclamada trilogía Paraíso, que ha llegado a ser el colmo del éxito, un hype. Logró que estuviera bien visto que te guste Seidl y eso, cualquiera que le conociera desde largometrajes como Models o Días de perros, no lo hubiera esperado en la vida. Su cine era desagradable, muy aburrido para bastante gente. Hay que reconocer el mérito que tiene que alcanzara esa celebridad con películas que te llevan donde nadie quiere estar, te enseñan lo que nadie quiere ver y te cuentan lo que nadie quiere oír.
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Pingback: El amigo de las tetas
Muchas por este artículo. Nunca veré una película de Seidl, gracias a él me he ahorrado pasar un mal rato. Esto es lo que más m gusta de la crítica de cine; la cantidad de malos ratos que me ha gustado evitado. Sobre todo cuando, como en este caso son, honestas y descriptivas.
Yo diría que después de leerlo lo que entra es curiosidad
Jajajaja. Sí. Curiosidad, es cierto. Pero no tanta en mi caso y a mi edad como para priorizar las películas de este pavo sobre otras de la larga lista de pendientes. En todo caso, estoy de acuerdo con Eduardo. El texto es una buena crítica y me ha gustado por cómo describe y reflexiona.
Ver una peli sobre un gordo en bolas que fantasea sobre gordas en bolas es el súmmum de la curiosidad, en efecto.
¿Dónde se puede ver esta peli?
«Que tire la primera piedra quien no sea un poco…».
En otras palabras, que es cuestión de grado lo perjudicados que estamos como resultado del jodido y violento proceso de formación de la personalidad… ¿No?