
Jot Down para Dewar’s
Evita los estereotipos
El dueño de un lujoso restaurante de Nueva York, en el que numerosas celebridades quemaban tardes rodeando las mesas entre copas, solía explicar que, de entre todos los rumores supuestamente protagonizados por estrellas, aquellos que realmente tenían posibilidades de ser ciertos eran todos los relativos a la figura de Bill Murray, debido a que la propia naturaleza del actor lo convertía en una persona bastante inconformista a la hora de seguir la norma habitual. El mismo propietario del opulento local explicaba que en cierta ocasión Murray entró por la puerta embutido en un escandaloso mono de color naranja fluorescente y la luminosa aparición consiguió atraer la atención de unos parroquianos, vestidos con fastuosos trajes y ahogados con carísimas corbatas, de manera gradual hasta que el silencio se adueñó del lugar y todos los ojos se encontraron clavados sobre el neón humano. Murray, convertido en el epicentro del interés, sonrió y saludó a los presentes con un gesto para a continuación dirigirse como si nada estuviese fuera de lugar hacia la mesa donde le esperaban un par de conocidos del mundo deportivo con los que había decidido pasar la tarde.

Mientras a Murray le resultaba divertido establecer su propia etiqueta, a otras celebridades les parecía absurdo comportarse de acuerdo con el estereotipo de la superestrella arrogante y no compartían aquella norma no escrita de que la fama vive contemplando al pueblo desde un podio: Dustin Hoffman ha sido visto en otro local neoyorkino ayudando a camareras apuradas a servir las copas reclamadas en las mesas. Y cuando Elijah Wood se sienta en una mesa repleta de extraños para tomarse una copa durante una barbacoa en algún festival de Texas, lo primero que hace es presentarse ante los concurrentes con un «hola, me llamo Elijah» como si fuese un auténtico desconocido y no una cara que recuerda con facilidad todo el planeta.
Improvisa
Durante el rodaje de El Imperio contraataca Carrie Fisher solicitó al Monty Python Eric Idle un hueco en su casa, alquiler mediante, para acomodarse cerca del lugar de grabación de la secuela galáctica. Idle no abandonó el hogar y por eso mismo durante unos cuantos días el actor y la princesa Leia compartieron tanto espacio vital como sobremesas varias. Durante una de aquellas tardes el inglés le comentaría a la actriz que había citado a sus satánicas majestades, The Rolling Stones, a pasar la tarde-noche en la vivienda compartiendo unas cuantas copas, anécdotas interesantes, una pequeña fiesta privada y lo que surgiese. A Fisher todo el plan le parecía maravilloso, pero desgraciadamente tenía concertada una cita laboral antes del amanecer: el planning de la película la obligaba a rodar durante altas horas de la madrugada una serie de escenas en las que su personaje, junto al Han Solo que vestía Harrison Ford, visitaba la Ciudad de las Nubes en el universo de Star Wars. Fisher telefoneó a Ford y le informó de las posibilidades que parecía ofrecerles aquella jornada: celebrar la primera copa de la noche junto a Mick Jagger y compañía, o evitar la reunión inesperada y recoger pronto los enseres en dirección a las sábanas para en cuestión de horas levantarse de nuevo y asistir al trabajo. La decisión no fue demasiado complicada por ambas partes: cuando el equipo de rodaje filmaba las escenas de Solo y Leia en los dominios de Lando Carlissian, alguno de los miembros del equipo de rodaje comentaría que la pareja tenían pinta de estar realmente cansada, y algún otro se preguntaría porque tanto a Fisher como a Ford se les escapaban con frecuencia pequeñas sonrisas traviesas.
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