
Quince años después de dejar de componer ópera, Verdi estrenó Otello. Su editor, Giulio Ricordi, se había ocupado de ello, confabulando con un director de orquesta y un libretista, y aportando una descabellada suma de dinero. La ocasión propicia fue una comida a finales del verano de 1879 y la ligazón fue Shakespeare: Verdi había estrenado ya Macbeth y se había quedado a medio camino con el Rey Lear; Boito, el libretista de esta conjura, había escrito para Franco Faccio, el director de este contubernio, un Hamlet. Así, con la excusa shakesperiana, Verdi y Boito comenzaron a trabajar en la historia del moro de Venecia. O, como se refirieron a los preparativos en la correspondencia que cruzaron, a «preparar el chocolate».
La ópera cuenta la historia de cómo Otelo, el moro, el militar victorioso y el esposo de Desdémona, es destruido por Yago. O más bien explica cómo Yago, hombre envidioso, astuto y enredador, destruye a Otelo, a Desdémona, a Cassio, a Roderigo, a Emilia, al prestigio de Venecia y la paz de Chipre. Resumamos el argumento: durante una enorme tempestad —presagio de lo que está por venir— el pueblo de Chipre mira intranquilo el mar aguardando el regreso victorioso de las tropas comandadas por Otelo, que han ido a combatir a los enemigos de la fe de Cristo. El libreto obvia el primer acto de la tragedia de Shakespeare, el acto de Venecia, expurgando así buena parte del contenido racista del texto («Ahora, ahora, ahora mismo un viejo carnero negro está montando a vuestra blanca ovejita. ¡Arriba! Despertad con la campana a los que roncan si no queréis que el diablo os haga abuelo»). Entra Otelo victorioso, vencedor de los otomanos: «Esultate! L’orgoglio musulmano sepolto è in mar» (alegraos, el orgullo musulmán está sepultado en el mar). Otelo ha ascendido a Cassio al rango de capitán, lo que enfurece a Yago, que sigue siendo un triste alférez. Para vengarse, se servirá de Roderigo, que está secretamente enamorado de Desdémona, la mujer de Otelo. Primero hará que Roderigo emborrache a Cassio, que tiene mal beber, para que monte un tumulto y lo degraden. Después, irá a consolar a Cassio y le sugerirá que pida a Desdémona que interceda por él, a la vez que se ocupará de que Otelo entienda que los ruegos de su esposa por la causa su subordinado son los de una amante por el bien de su amado. Para asegurarse el éxito de su empresa, Yago robará un pañuelo de Desdémona para dejarlo convenientemente a la vista en la casa de Cassio. Otelo, convencido e iracundo, se arrojará sobre Desdémona, que solo puede decir que lo ama, y la estrangulará. Después, dándose cuenta de su error, Otelo se suicida («Es el fin de mi viaje… ¡Oh, gloria! ¡Otelo fui!»). La tragedia exige un número adecuado de muertos. Es interesante reparar en que la música que Verdi escribió para esta ópera no funciona armónicamente mediante números cerrados, sino que atraviesa actos completos, fluyendo y mutando continuamente, arrastrando al espectador a través de la trama, como si fuera la misma fuerza del destino.
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Muy buen articulo. Gracias por recordarnos a shakespeare e invitarnos a disfrutar de la magia de la Ópera. Excelente website por supuesto. Saludos.