Eros Ocio y Vicio

Ruta libertina con parada y fonda en el Purgatorio

Me encanta el aroma añejo de la palabra «libertino», que según mi diccionario es «aquel que se entrega desenfrenadamente a los placeres sin someterse a la moral dominante». Nunca he creído que la moral social sea algo a lo que prestar excesiva atención. El ocultista Aleister Crowley propuso una brújula mejor: Do what you will, es decir, «haz lo que quieras» o, de forma más precisa, cumple aquello a lo que te impulsa tu voluntad interior. Una máxima con su ética implícita: todo humano tiene derecho a cumplir esa voluntad propia, por lo que al realizar la tuya no deberías perjudicar o interferir con la ajena. Vive y deja vivir.

En un mundo fracturado por la crisis no parece fuera de lugar reservar un espacio a un sano hedonismo que reconcilie con la vida, un paréntesis de placer en la lucha cotidiana. He preparado  una pequeña ruta pecaminosa con pocas direcciones y muchas pistas: de varios de los lugares mencionados tan solo podrá darse un teléfono de contacto o una dirección web desde la que tirar del hilo.

Todo aspirante a libertino ha de elegir cuidadosamente sus pecados. La ira es destructiva y hace perder el control. La avaricia no solo perjudica al prójimo, sino que impide disfrutar del dinero al preocuparse solo de su acumulación. La soberbia limita el objeto de admiración a uno mismo, habiendo tanto por disfrutar en el mundo. La envidia se ha definido como el motor de la humanidad, pero lo que impulsa a los auténticos creadores es la voluntad de emular y superar a los maestros que admiran. Solo quedan pues tres pecados dignos de disfrute…  

1. GULA

No hay amor más sincero que el amor por la comida.

George Bernard Shaw.

Nueve semanas y media, 1986. Imagen: PSO / Jonesfilm / Galactic Films / Triple Ajaxxx.

En 1999, el cineasta francés Michel Reilhac desarrolló un proyecto sin apenas precedentes: una serie de cenas en que los comensales comían completamente a oscuras, atendidos por camareros ciegos. Poco después produjo un talk show de TV llamado Le goût du noir?, filmado  con cámaras infrarrojas, en el que la periodista ciega Sophie Massieu y el psicoanalista Gérard Miller cenaban a oscuras con diversos invitados.

Poco después se creó la cadena de restaurantes Dans le Noir? (interrogante incluido), con locales en París, Londres, Nueva York y Barcelona. La idea cuajó no solo como método para concienciar de las dificultades cotidianas de los invidentes, sino también como demostración de nuestra excesiva dependencia de la vista, que llega a atrofiar el resto de sentidos. Al renunciar a la mirada, el cerebro da órdenes a los órganos del olfato, el gusto, el tacto y el oído para que se agucen al máximo… A pequeña escala, es exactamente eso lo que hacemos al cerrar los ojos en el momento de degustar una delicatessen.  

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5 comentarios

  1. Escribí este texto en 2013 y desde entonces han cambiado algunas cosas: que yo sepa, Benjamín de la Mata ya no hace nyotaimoris… Y en cuanto al BDSM, el Fetish Café ya no existe, por desgracia. Pero han surgido locales nuevos en la órbita bedesemera barcelonesa: «La Orbita de IO» y «La cuerda roja», por ejemplo. Siempre hay oportunidades para volverse libertino. :-)

  2. Tampoco se celebran ya las fiestas de Sociedad Cerrada y el Training Events cerró. Pero el Training Pedralbes sigue siendo genial ;)

  3. Siempre me atrajo el libertinaje…y me consideró libertina porque lo practico día sí y día también. Barcelona es una ciudad muy especial en la que yo creo que hay muchos lugares donde cumplir tus fantasías. Me encanta vivir en Barcelona y esta es la razón principal.

  4. ¡Gracias!

  5. Pingback: Tailandia, el país que no se tomaba el sexo en serio | sephatrad

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