Sociedad

Crucifixión en la vida moderna

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La vida de Brian, 1979. Imagen: Manga Films.

Schadenfreude

En diciembre de 2013 Justine Sacco, directora de comunicaciones corporativas en la compañía IAC, inició un largo viaje aéreo desde Nueva York hasta Sudáfrica para visitar a sus familiares aprovechando el periodo vacacional. Pero al aterrizar en Ciudad del Cabo tras varias horas de vuelo, Sacco comenzó a sentir un intenso escozor en la espalda y un pitido insoportable en los oídos, dos molestias que no tenían su origen en la travesía sino en su cuenta de Twitter personal, un perfil que solo contaba con ciento setenta seguidores. Horas antes, y aprovechando una parada en Londres, la mujer había lanzado un graznido en la red social que en su momento había considerado muy gracioso: «Me voy a África, espero no pillar sida. Es broma ¡Soy blanca!». Al encender de nuevo el teléfono el infierno se desató: mientras el vuelo y el sueño la habían mantenido desconectada del mundo real, en el virtual los usuarios de una red social de plumaje azul se habían dedicado a afilar lanzas donde ensartar su cabeza.

A lo largo del trayecto la mujer había disparado otras bromas groseras, sobre la higiene de sus compañeros de vuelo o la mala dentadura de los londinenses, pero la chanza con el sida fue la verdadera culpable de la tormenta de mierda. Alguien retuiteó el comentario señalándolo como desalmado y el resto de usuarios se abalanzaron sobre la autora acusándola de racista analfabeta hasta convertirla en trending topic, varios empleados de su empresa (dedicada a producir contenido para internet) expresaron malestar por compartir lugar de trabajo con aquella persona y la propia compañía tuvo que emitir un comunicado condenando el incidente: «Se trata de un comentario ultrajante y ofensivo que no refleja el punto de vista ni los valores de IAC. Desgraciadamente es imposible contactar ahora mismo con la empleada en cuestión al encontrarse en un vuelo internacional, pero esto es un asunto muy serio y tomaremos las medidas convenientes».

Entretanto alguien tuvo tiempo de comprar el dominio www.justinesacco.com y redirigirlo hacia la web Aid for Africa y otro alguien filtró los datos del llegada del vuelo de Sacco mientras el hashtag #HasJustineLandedYet («¿Ha aterrizado Justine ya?») se convirtió en el punto de mira desde el cual espiar la travesía de Sacco. A los justicieros sociales se sumaron los voyeurs sádicos que esperaban impacientes la reacción de la mujer cuando al abrir la ventana de Twitter se topase con una lapidación salvaje: «Estamos a punto de ver cómo despiden a esa puta de Justine Sacco. En tiempo real, antes incluso de que ella misma sepa que está despedida» se pudo leer entre la cordillera de sarcasmos deseándole buena suerte con la búsqueda de empleo. El linchamiento tuvo un remate demencial y aterrador cuando un usuario de Twitter se acercó al aeropuerto de Ciudad del Cabo, localizó al progenitor de Sacco esperando a su hija e informó a Twitter de la impresión que le daba el hombre, fotografió a Sacco tras su aterrizaje y anunció que la desalmada había tomado tierra escondiéndose tras unas gafas de sol.

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14 comentarios

  1. «Dentro de mil años no habrá ni hombres ni mujeres, solo gilipollas» (Renton)

    Ha empezado…

    Espero que no me manden al banquillo por injurias.

  2. muy bueno

  3. Pingback: Crucifixión En La Vida Moderna

  4. Me parece muy interesante una contraposición. Por un lado la tremenda capacidad de las redes sociales para joder la vida a individuos anónimos o como mucho a gentes que viven del mundo del espectáculo o el ocio. Todo ello frente a la casi total inutilidad e impotencia de esas mismas redes sociales de cara a lograr transformaciones tangibles y positivas en el plano de la realidad, como por ejemplo ejercer de elemento de presión efectiva hacia la cúspide del poder político y económico.

    Incluso siendo muy pesimista en cierta forma podría decirse que las redes sociales han servido para desviar la furia ciega de las masas, potencialmente destructiva desde tiempos inmemoriales (las sociedades premodernas eran profundamente injustas pero no poseían medios de control social demasiado desarrollados por lo cual, a fin de cuentas, una revuelta azarosa de campesinos o un levantamiento de los desarrapados de París provocado por unas cuantas malas cosechas sucesivas siempre podía potencialmente acabar con tu castillo en llamas o las cabezas de tu familia en una pica fueras quien fueras), hacia objetivos no estratégicos para las élites que gobiernan.

    Nunca como en los tiempos modernos ha sido tan irrelevante la furia de las masas (la cual continua siendo, eso sí, igual de ridícula e impredecible que siempre) y el poder y las élites han podido sentirse tan seguras y confortables en sus mansiones a salvo de cualquier sobresalto imprevisto que implique sufrir la violencia y otras consecuencias imprevistas o desagradables de la desigualdad y otras injusticias sociales.

    Ni siquiera en los tiempos de mayor ascendencia del púlpito como elemento de control las ovejas fueron tan risibles e inofensivas para los lobos.

    Y dado que, por mucho que sea incorrecto políticamente reconocerlo, la mayor parte de avances hacia nuestras sociedades del bienestar liberales se consiguieron a través de la violencia ocasional ejercida por grupos de descontetos o el miedo de las élites a dicha violencia… el resultado es el que puede deducir cualquiera.

    Aunque a fin de cuentas esto solo es una paja mental escrita para desahogarme en un medio potencialmente irrelevante. Nadie que realmente cuente va a leer esto nunca y si lo hace su máxima reacción será tirarse un pedo mientras sonríe divertido y apura su copa de champán o lo que sea que beben las personas que no son unos pringados como yo y todos estos gilis que se dedican a perder su vida mirando una pantalla dado que en el mundo real se saben completamente prescindibles, irrelevantes e impotentes.

  5. Ana de la Fuente

    Yo siempre he pensado que en los bares de barrio se han dicho cosas más gordas toda la vida y nunca ha pasado nada. Si te gustaba te reías, y si no, te ibas a la otra punta de la barra. Libertad de expresión, ¿no?, un gran logro. Ahora la escala de valores es universal y entran en conflicto a costa de los derechos individuales: si no compartes lo que se dice, una bandada de linchadores «cierra el bar»… un gran paso atrás además de abrir la puerta a la imposición de valores de dudosa independencia.

    • La libertad de expresión está bien citada, pero citemos también los derechos que protegen la dignidad y el honor de las personas.

  6. Alguien ve alguna diferencia entre el gangsta rap de Ice-t, el punk nazi de Skrewdriver, el reggaeton de Alexis y Fido o el dancehall de Capleton?
    Nazi punks fuck off!

  7. Es la vieja tensión entre libertad y seguridad+orden. No se pueden tener ambas igual que el crecimiento económico y la equidad suelen chocar cuando se intenta maximizar ambos lados del espejo.

    En tiempos actuales un conjunto de causas (desde el miedo al terrorismo, hasta otras consideraciones menores como la obsesión por lo políticamente correcto) ha satanizado completamente la violencia política, así como a menor escala el insulto o toda burla o crítica virulenta. Lo cual está bien… sobre el papel. El problema es que como la persecución de todo esto por pura inercia solo puede hacerse a través de la restricción de libertades el resultado produce efectos que pueden no compensar.

    Si añadimos a esa pérdida de libertades la tendencia general de este período a la reducción o al menos la congelación de derechos sociales, tenemos que vivimos en un mundo en el que en aras de la posibilidad de un hipotético atentado islamista o evitar que alguien insulte a un niño con cáncer en Twitter se ha producido un reflujo hacia el espionaje de los ciudadanos por parte del Estado, así como un aumento de la legitimidad de ideas como la utilización de la tortura por parte de esos mismos Estados en determinados casos, también se han perdido determinadas protecciones jurídicas, etc.

    Y como digo puede haber gente, como yo, a la que le parezca que esto no solo no vale la pena sino que apesta porque prefiero vivir en un mundo más libre donde todo el mundo pueda insultarme en Twitter, o en la calle si le parece, y arriesgarme ante la (más escasa de lo que parece) posibilidad de que un yihadista haga explotar una bomba en mi pueblo, antes que tener que tragar con toda esta mierda que sí condiciona de forma imperceptible pero constante mi día a día como ciudadano.

    • Que manera de mezclar churras con merinas. La instrucción de los delitos contra el honor se inician mediante querellas o denuncia de particulares, ni Estado ni leches. Una cosa es libertad de expresión, y otra distinta es la injuria y la calumnia. Que el sistema o el mundo sean un desastre no es pretexto como para que el personal se dedique a insultar a todo el que tenga por delante con la excusa del cachondeito. Y si el insultado se siente ofendido, tiene toda la libertad y la legitimidad como para llevar al banquillo al ofensor.

      • No, a mi modo de ver estas cosas no dependen de particulares. Y lo explico. Solo parece que dependen de particulares. Desde luego es el ofendido el que reclama, pero es el sistema legal creado por los Estados el que regula en qué medida se hace caso a esas cuestiones, cuales son los límites de eso tan intengible como es el «honor» y en última instancia cual es la virulencia de las represalias sobre el ofensor en caso de ser encontrado culpable.

        Teniendo eso en cuenta en el plano de la realidad cotidiana lo que ocurre es que por mucho que tu vecino se cague en tu madre enferma o en tus muertos lo más probable y normal es que nunca logres llevar eso a juicio o en todo caso conseguir una condena efectiva (desde mi punto de vista es bueno que eso ocurra, pero esto es discutible y en último punto irrelevante para lo que quiero razonar).

        Lo que sí va a ocurrir es que en realidad aquellos que logran represaliar de forma efectiva y constante mediante este tipo de legislación a sus detractores son, oh casualidad, aquellas personas con el suficiente dinero y contactos como para engrasar el mecanismo legal. Y muy especialmente el aparato del Estado. Tenemos así que en última instancia este tipo de cortapisas legales sirven en un 80% de los casos para que las élites y el Estado puteen, arruinen mediante multas y represalien a gente que les ofende o les toca las pelotas, mientras que en lo tocante a la dirección inversa se pierde una posible arma o como poco un mecanismo de pataleo de los de abajo respecto a los de arriba.

        Al final a tí o a mí nos van a seguir insultando (o no) nuestros vecinos o un chalado que te ha cogido manía en Facebook, pero al final del año va a resultar que mucha gente que expresa opiniones incómodas o le toca las pelotas, incluso sin querer, a la persona equivocada y con suficiente dinero o contactos, puede acabar en la cárcel o arruinado. Por eso no son ninguna vía de progreso ni sirven para nada todas estas leyes para proteger no se qué, las cuales en el fondo están sirviendo en la práctica para intentar poner bozal al perro de Internet al servicio de los de siempre.

        Y mientras tanto, todo sea dicho, la furia de la marabunta, descabezada sigue dirigiéndose al azar en las redes sociales contra los objetivos equivocados y gracias a ello de vez en cuando comprobamos sin más lo estúpido del ser humano y lo ciegas que son las masas. Esto último es el tema central del artículo, la otra cuestión (cómo con esa excusa y la de la guerra contra «el terror» el poder político está desarmando progresivamente el último campo de expresión libre que resta una vez que todos los demás medios de masas han caido completamente en manos de corporaciones) solo se plantea de refilón al final y a mi juicio lo verdaderamente importante es esto último.

        Es decir, que sí, que los humanos somos unos gilis y hay mucho asilvestrado en las redes sociales (quizás yo mismo) pero al final cualquier medida para castigar esto (que al fin y al cabo no hace tanto mal teniendo en cuenta que hay cosas mucho más graves y tangibles ocurriendo todos los días) a la larga sirve para lo que sirve, que no es solucionar ese problema concreto (el cual me temo que se la suda a los que de verdad legislan) sino para hacernos menos libres y avanzar hacia el objetivo último de tenernos bien calladitos.

  8. Cada caso de los descritos es diferente. Entre las chavalas que se dedicaban a sacar fotos haciendo lo contrario del cartel o señal de turno y el individuo que le deseo la muerte al niño enfermo con aficiones taurinas…. va un mundo…O No?
    Aparte de ser mas o menos graciosillos, la catadura moral de unas y otrosi es distinta, y la motivacion también. …O eso parece, e igual estoy juzgando severamente por error al que arremetio contra el chiquillo.

  9. Para mí el caso más sangrante fue el de Matt Taylor, uno de los científicos responsables de la misión Rosetta crucificado por, atención, llevar una camiseta estampada con mujeres ligeras de ropa. Sí, estamos hablando nada menos de la gente que colocó una sonda en un cometa, ¡casi nada!
    _
    A tal punto llegó la lapidación hacia su persona que tuvo que pedir disculpas en público por el asunto. ¿Cómo se ha llegado a esta situación tan absurda? ¿Disculpas para qué? Él llevó una sonda a un cometa, ¿qué hicieron en su miserable vida todos los que le criticaron en las redes sociales?

    • ¡Menuda argumentación más lamentable y clasista!. ¿Estás sugiriendo que por colocar una sonda en un cometa tiene derecho a más libertad de expresión que un joven sin trabajo ni estudios?

      Dale otra vuelta a lo que has escrito a ver si ves lo endeble de tu razonamiento.

  10. ¡Gracias!

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