
Me dirijo a ustedes desde la sala del Consejo de Ministros, en el 10 de Downing Street. Esta mañana, el embajador británico en Berlín le entregó al Gobierno alemán una nota final, manifestando que, a menos que para las once horas recibamos respuesta diciéndonos que están preparando el inmediato retiro de sus tropas de Polonia, existirá el estado de guerra entre nosotros. Debo decirles ahora que tal compromiso no ha sido recibido y en consecuencia este país está en guerra con Alemania. Ustedes pueden imaginar lo duro que este golpe es para mí, ahora que mi largo empeño por lograr la paz ha fracasado…
Así comenzaba la declaración de guerra que el primer ministro Neville Chamberlain transmitió por radio la mañana del tres de septiembre de 1939. Un anuncio que trajo preocupación aunque difícilmente sorpresa para ningún británico, tal como contaba Norman Longmate, un historiador que tuvo el privilegio no muy frecuente en su profesión de vivir aquellos acontecimientos a los que más adelante dedicaría su obra How We Lived Then: a History of Everyday Life during the Second World War, que nunca ha llegado a ser traducida al castellano aunque merece nuestra atención. Habituados a un enfoque de los acontecimientos históricos en el que priman las batallas y los grandes líderes, a veces se echa en falta también conocer de cerca la vida cotidiana de los ciudadanos anónimos en la retaguardia, al fin y al cabo en torno al noventa por ciento de la población británica fue civil durante toda o gran parte de la guerra. Su manera de percibir el conflicto en que estaba inmerso el mundo fue la más frecuente, así que en ella nos centraremos.
Decíamos que la declaración del primer ministro no sorprendió, dado que desde marzo del aquel año, con la ocupación alemana de Checoslovaquia, la pregunta que flotaba en el ambiente ya no era si llegaría a estallar la guerra, sino cuándo. Las noticias de la prensa y radio, las instrucciones a la población civil difundidas por las autoridades, los ensayos militares y de evacuación durante los meses siguientes, crearon una conciencia sobre la inevitabilidad de la guerra que llevó a muchos a aprovechar las vacaciones del verano ante la sospecha de que serían las últimas en mucho tiempo. Por si no fuera bastante, el 1 de agosto el Gobierno anunció su intención de racionar el combustible en cualquier momento, así que había que viajar a donde fuera mientras aún fuera posible… hasta que el anuncio del pacto Ribbentrop-Mólotov aguó toda intención ociosa. Formalmente firmado el 23 de agosto, se dio a conocer en realidad un par de días antes y era la señal de que, ahora sí, la guerra estaba a punto de comenzar. Aquellos que estaban fuera regresaron apresuradamente a sus localidades, desde donde poder enviar telegramas a amigos y familiares y seguir atentamente los boletines de la radio.
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Lindo articulo; entre las cuestiones de entretenimiento , la liga de fútbol si paro entre 1939 y 1946, así como no se disputó Wimbledon. ..si se organizaron algunos torneos de futbol de nivel regional de los que no se tienen constancia de las estadísticas. ..la liga retorno en 1946 y el primer campeón pos guerra fue el Portsmout
Os recomiendo ver ‘Esperanza y Gloria’, una película estupenda en la que John Boorman contó su infancia en ese Londres de los primeros días de la IIGM. Un saludo cordial.
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