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James Hunt, el piloto que desayunaba sexo

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James Hunt en su casa, 1979. Foto: Getty.

El 24 de octubre de 1976 empezaba el Gran Premio más importante en la vida de James Hunt: en el circuito de Fuji, el talentoso inglés se enfrentaba ni más ni menos que a Niki Lauda para conseguir coronarse campeón del mundo de Fórmula 1. Mientras Lauda entrenaba duro para estar listo para la carrera, Hunt se entregaba en cuerpo y alma a otro tipo de actividades. Durante las dos semanas que precedieron al Gran Premio, junto a su amigo y motociclista Barry Sheene, se entregó a una orgía de marihuana, sexo, alcohol y cocaína. Hospedado en el Tokyo Hilton, el mismo hotel en el que las azafatas de British Airways se alojaban para un descanso de veinticuatro horas entre vuelo y vuelo, James Hunt bajaba a diario para recibir a cada grupo de azafatas e invitarlas a la fiesta que montaba en su suite, y todas aceptaban gustosamente. Durante esas dos semanas, Sheene y él montaron numerosas orgías con todas las azafatas al mismo tiempo.

Mientras pilotos como Jackie Stewart afirmaban que una de sus preparaciones de cara a una carrera consistía en no mantener sexo en la semana anterior a cada Gran Premio, James Hunt tenía su propia política al respecto. De hecho, fue pillado in fraganti por Patrick Head —el posterior cofundador de Williams F1 y entonces joven ingeniero— en pleno folleteo con una chica japonesa, solo seis minutos antes de meterse en el coche en el Gran Premio que cambiaría su vida.

James Hunt empezó a mostrar síntomas de peculiaridad desde su infancia. Nacido el 29 de agosto de 1947 en Surrey, hijo de padres conservadores y estrictos, la rigidez familiar de poco sirvió para apaciguar la rebeldía que bullía dentro de James, que pronto desestimó la carrera de medicina a la cual sus padres querían encarrilarlo, para elegir una carrera más gratificante en el mundo del alcohol y ante todo las chicas, su verdadera pasión, y con las cuales tenía un considerable éxito dado su físico afortunado. A lo largo de su vida llegaría a tener relaciones sexuales con cinco mil mujeres, pero como diría el también piloto y leyenda Stirling Moss, no se le podía culpar: «Si tuvieras su aspecto, ¿qué habrías hecho tú?».

Al cumplir los dieciocho años vio una carrera en el circuito de Silverstone, y en ese preciso instante decidió que iba a ser campeón del mundo de Fórmula 1. Sus padres, por supuesto, le negaron cualquier ayuda, con lo que el joven Hunt se puso manos a la obra, trabajando en dos empleos día y noche, para ahorrar y poner inicio a su sueño. Consiguió ahorrar lo suficiente como para comprar un Mini y reconstruirlo durante dos años para adaptarlo a las carreras. Cuando por fin se presentó, no pasó el primer control de calidad porque, entre otras irregularidades, en el lugar del asiento del conductor había una silla plegable.

Cuando por fin empezó a competir, pronto destacó por su conducción agresiva, generosa en derrapes y siempre al borde del descontrol. Esto suponía que, mientras se mantuviera en el lado bueno de su límite, era muy rápido. Pero cuando lo rebasaba, protagonizaba accidentes de lo más espectacular. En una de sus primeras carreras en Fórmula Ford, con 21 años, su coche salió despedido hacia un lago, donde se hundió. Probablemente Hunt no lo habría contado de haber llevado los cinturones reglamentarios, pero dado su corto presupuesto no podía permitírselos y el cinturón de circunstancias que llevaba sí le permitió zafarse de su abrazo lo suficientemente rápido como para salir a flote salvando la vida. Una victoria ese año le valió para ganarse un patrocinador al año siguiente, lo cual le permitió ascender a Fórmula 3. Cuatro años agridulces entre las categorías de bronce y plata, incluido un incidente con otro piloto que terminó con los dos coches fuera de la pista y una pelea a puñetazo limpio inmediatamente después, terminaron cuando lord Alexander Hesketh se puso en contacto con él para ofrecerle un asiento en su equipo de Fórmula 2. Tras lo que denominaron un «almuerzo altamente alcohólico», Hunt fichó por Hesketh Racing.

Lord Hesketh era un joven aristócrata de veintitrés años que había heredado una fortuna. Aunque no sabía nada de automovilismo, sí sabía que le gustaba el ambiente y el glamour asociados a los deportes de motor, y vio en Hunt la clase de estrella del rock que él quería como piloto. La trayectoria del equipo, tanto en Fórmula 3 como Fórmula 2, no había sido buena hasta entonces, y la llegada de Hunt no cambió mucho las cosas. El equipo seguía siendo visto por todos como un chiste producto de un niñato adinerado, que usaba el paddock como pasarela para exhibirse rodeado de bellas mujeres y rociarlo todo con champán. Tras otra temporada en blanco, lord Hesketh entonó el «de perdidos al río» y decidió que, puestos a no ganar nada, mejor hacerlo en la competición de oro. Y así fue como James Hunt accedió a la Fórmula 1, ese playboy perennemente rodeado de bellas mujeres, que fumaba más de cuarenta cigarros al día y se bebía hasta el agua de los floreros.

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10 comentarios

  1. Muy buen articulo. Como tambien muy buena la pelicula Rush (2013) que habla de esta gran rivalidad entre Hunt y Lauda

  2. Faithnomore

    Todo lo de los 70’s huele a carácter, peligro y acción

  3. Uno de los kami de mi adolescencia. Cuando UK era grande y rebosaba estilo.

  4. Pardojico : cuando por fin quiso hacer vida sana, el de Arriba se lo llevó. …

  5. Muy recomendable para quien no la haya visto la pelicula Rush.

  6. Aquella epoca del Londres muy loco , con el joven lord dilapidando su herencia en coches, fiestas , alcohol y chicas , pero con la chistera puesta como Hunt en sus bodas , es inolvidable como todo lo de los 70´s londinenses. Por cierto echo en falta una mención a la época marbellí de Hunt , cuando los residentes ingleses no eran los hooligans y delincuentes que fueron posteriormente , sino snobs buscando el mejor sitio al sol , para disfrutar . Hunt llegó a ser propietario de una discoteca ,Oscar, a la salida de Marbella hacia Puero Banús.

  7. Pingback: A ver si sexo para desayunar va a ser la clave del éxito… – Historias para comentar

  8. Interesante artículo, gracias por compartirlo.

  9. Pingback: La señal de si eres o no un motero no es solo la de esos dos dedos en V - Jot Down Cultural Magazine

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