Cine y TV

Tutti a casa

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La ciociara, 1960.

No hay cine bélico menos bélico que el italiano. Es decir, es muy bélico porque describe muy bien la guerra, pero desde un punto de vista poco exaltado y menos frecuentado, el de los que no creen en ella y hacen todo lo posible por evitarla. Es el cine más antibélico y ácrata que existe, el más vacío de clichés, y no a través de grandes gestas o heroicidades épicas, sino pequeñas gestas y heroicidades anónimas de gente común. La humanidad del cine italiano en las películas de guerra es aún más desbordante y compleja.

Pero antes ocupémonos un momento de un estereotipo: el soldado italiano cobardón y poco de fiar. Es un tópico consolidado tras la Primera Guerra Mundial, en la que Italia empezó en un bando y terminó en el otro, y fue promovido en buena parte por el resentimiento germánico; también apareció en la guerra civil española, con la desastrosa derrota de los italianos en la batalla de Guadalajara, debido a errores estratégicos de bulto; y fue reforzado por la propaganda estadounidense en la Segunda Guerra Mundial —donde también empezó en un lado y acabó en el otro—. Hollywood alimentó el estereotipo porque en el diseño propagandístico del Departamento de Guerra los malos malísimos eran alemanes y japoneses, pueblos crueles y depravados, pero los italianos no eran mala gente, lo era solo Mussolini y su régimen. Influía la enorme comunidad italoamericana de Estados Unidos, claro está, y también el hecho de que Italia era considerada el anillo débil del Eje. Los italianos de las películas de los años cuarenta tienen carácter agradable, son de rendición fácil y se intuye que en el fondo desprecian a los alemanes, cosa que suele ser recíproca, como se ve en una de las primeras escenas de Casablanca (Michael Curtiz, 1942), cuando llega a la ciudad el mayor Strasser: se le presenta un oficial italiano de aspecto patoso y servil, y él lo mira con desdén. Inciso: por cierto, si vuelven a ver Casablanca, en el arranque resulta esclarecedor ver esas masas de refugiados por el mapa en sentido contrario al actual, de Europa a África, y, luego, cómo se trapichea con pasaportes y transportes en el bar de Rick. Todos potenciales delincuentes, sin duda alguna.

Volviendo a lo nuestro, es interesante que la maquinaria de propaganda norteamericana confiara el proyecto más ambicioso, un gran documental sobre la intervención de Estados Unidos, a un inmigrante italiano: Frank Capra, siciliano, que llegó al país siendo un niño. Rodó siete películas entre 1942 y 1945, la serie Why We Fight (Por qué luchamos). Con Mussolini se despacha con todos los tópicos negativos, es un gánster y un bufón, pero en cambio es benévolo con los italianos como pueblo. Hay otro documental menor del ejército estadounidense, muy curioso, llamado At the Front in the North of Africa (1943). Muestra material rodado en el frente africano, y hacia la mitad de la película anuncia con un rótulo: «Paracaidistas italianos capturados parecen muy deprimidos de estar a salvo fuera de la guerra». Entonces aparece un grupo de prisioneros italianos sonrientes que dan volteretas, literalmente, lo juro. Está en YouTube, minuto 29:09. Los aliados luego arrestan a unos soldados alemanes, que aparecen malhumorados y en un grupo aparte, y el rótulo dice: «Los nazis no se relacionan con los italianos». Rommel, en sus memorias, ya hacía ver lo poco que se fiaba de las tropas italianas, no tanto por ellos como por sus superiores y su material anticuado.

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3 comentarios

  1. Uno de los mejores artículos que he leído en Jotdown. Muchas gracias.

  2. Para tu consideración otro título: «I DUE NEMICI», en España «SU MEJOR ENEMIGO», coproducción anglo italiana de 1961 dirigida por Guy Hamilton, en cuyo guion colaboró la fabulosa Suso Cechi D´Amico. En el argumento dos oficiales, Alberto Sordi y David Niven en Abisinia durante la guerra. Se queda a un paso de ser obra maestra y la pena es que no hubiera pasado por las manos de Mario Monicelli.

  3. Un grande olvidado en su narración, Iñigo: el grande Totó, que también ha colaborado para poner de manifiesto esa actitud de los italiano de frente a la guerra que usted evidencia, eligiendo la cobardía, la desobediencia o cambiar de bando, o simplemente ignorandola para salvar la piel propia o la de sus similares en casos extremos. En una escena de «Los dos coroneles», Totó personifica a un coronel fascista sometido a otro coronel nazi, y éste le recuerda que tiene el mando supremo para fusilar a unos soldados italianos, y no tiene mejor manera de hacerlo que usando la frase: Aquí mando yo! Tengo carta blanca y hago lo que quiero! Totó le contesta, Sí, señor, Lo sé, pero sabe lo qué hago con su carta blanca? Me pulisco el c….! Y creo que termina fusilado, o se salva por poco. Genial.

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