Cine y TV

Pasen y sientan

oie 2124926qXpe79Mc
Las aventuras del barón Munchausen (1988). Imagen: Impala.

Jot Down para Samsung

Es 1989. Una joven madre lleva a su hijo a un antiguo cine de su ciudad a ver Las aventuras del barón Münchausen. La sala está casi vacía —una sala imponente, por cierto, impregnada del espíritu de un viejo teatro—, lo que otorga un toque íntimo a la experiencia de nuestros dos protagonistas. Cerca de dos horas después, el niño sale maravillado de la sala comentando atropelladamente que ha podido luchar junto a gigantes y volar montado en una bala de cañón. Desde su punto de vista, ese momento ha sido mágico. La madre sonríe.

Descubrir un lenguaje nuevo como el cinematográfico o zambullirse de lleno y por primera vez en una película gracias a los avances de la tecnología es, parafraseando a Arthur C. Clarke, casi indistinguible de la magia. Así debió parecérselo al famoso público de la aún más famosa primera —o una de las primeras, siendo rigurosos— sesión cinematográfica a cargo de los hermanos Lumière. Un tren llegaba a la estación de La Ciotat y provocaba la estampida general en la oscura sala de un café parisino. Hombres y mujeres huían presas del pánico, lo que no dejó de ser un verdadero éxito en cuanto a experiencia emocional. Aquellas personas creían que el tren estaba allí, persiguiéndoles. Exactamente la misma sensación de quienes viven por primera vez la particular sensación de inmersión que ofrece la realidad virtual. Una introducción total en un nuevo tipo de narrativa que activa emociones y resortes hasta ahora latentes. Nunca antes nos pudimos emocionar de esta manera porque, sencillamente, no existía tecnología igual hasta la fecha.

La mención a la proyección de los Lumière no es gratuita. Fueron muchas las voces que durante los días que duró el pasado Festival de Sitges —y ya van cincuenta ediciones creciendo en visitantes, superando los doscientos mil este año— recorrieron el Samsung Sitges Cocoon visitando su carpa frente al Hotel Melià Sitges o disfrutando de los veintisiete títulos que se exhibieron en el edificio Miramar, dieciocho de los cuales entraron en competición. Espectadores, directores, actores y técnicos se referían a los primeros años del cine comparándolos con lo que se está viviendo a diario en el mundo de la realidad virtual. El sentido de la maravilla envuelve a adultos y jóvenes por igual en las primeras experiencias de un formato que aún es joven pero crece a una velocidad endiablada. Una tecnología cuyo lenguaje están aprendiendo juntos creadores y usuarios.

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*