
«Yo quiero que usted estudie porque el fútbol es cosa de vagos», repetía una y otra vez el Tano Rattín a su hijo. Eran tiempos en los que el deporte, al menos en Argentina, apenas daba de comer a unos cuantos privilegiados y el padre de Antonio hizo cuanto estuvo en su mano para que el nene no se le descarriara, para que hincase los codos sobre el escritorio en lugar de andar metiendo pierna en el potrero y consagrase su buena cabeza a las letras y los números, negocio más provechoso que arriesgarla como un gil en cada disputa aérea. Sin embargo, y muy a su pesar, el chaval terminó por dar el salto al fútbol profesional, vistió la camiseta de Boca Juniors en más de trescientos cincuenta partidos oficiales y defendió los colores de la selección argentina en dos mundiales pero nada de eso importó a don Bartolomé, nadie pudo convencerlo jamás de acudir a un estadio para ver jugar a su hijo.
No andaba muy errado el viejo del Rata en su diagnóstico: del fútbol vivían cuatro y la mitad dedicaban más horas a la cultura del bulín y las botineras que a la del esfuerzo. No fue el caso de su hijo, quien siempre tuvo presentes sus prioridades y terminó convertido en mucho más que un buen futbolista o un gran capitán. A imagen y semejanza de su gran ídolo, el millonario Néstor Rossi, Rattín se hizo acreedor al título honorífico de caudillo, una figura casi olvidada en el fútbol moderno y que él mismo explicaba en una carta escrita a principios de la década de los ochenta, ya retirado: «En mis tiempos de jugador, antes de salir al campo me repetía siempre lo mismo: Rata, vos sos un mal necesario en el equipo; podés jugar bien, mal o regular pero tenés que dar ejemplo de entrega y debés respaldar a tus compañeros. A través de aquellas experiencias puedo intentar una definición de los que es y representa un caudillo: un tipo que no es un crack, que normalmente no deslumbra a nadie con su habilidad pero que es respetado y que con su voz, su voluntad y su presencia puede resultarle muy útil a su equipo. Como decía al principio, y en definitiva, un mal necesario».
Antes de convertirse en figura, Rattín empezó a llamar despertar el interés de los mejores equipos de Buenos Aires en los campeonatos juveniles Juan Domingo Perón. Nacido en Trento pero afincado en Tigre, jugó varios partidos con las inferiores del gran equipo del barrio pero siempre con documentación falsa, una argucia bastante habitual en aquellos tiempos para esquivar la lentitud de la burocracia y ofrecer una oportunidad inmediata a nuevos talentos. Las primeras ofertas que recibió no resultaron demasiado alentadoras en lo económico y la austera realidad del fútbol argentino parecía empeñada en dar la razón a su padre: Chacarita le ofreció una bicicleta o cinco mil pesos por firmar su primer contrato profesional mientras que Tigre se comprometió a regalarle un traje completo, incluidas la camisa y la corbata. Tras seguirlo de cerca durante varios partidos, y consciente de que el chaval comenzaba a flirtear con el profesionalismo, Bernardo Gandulla le pide que firme por Boca Juniors con las siguientes palabras: «Pibe, venga a Boca porque usted tiene condiciones y va a triunfar; no tenga duda». Rattín, sin embargo, acepta la oferta por una razón muy distinta: le gusta la combinación de colores del uniforme bostero, tanto que jamás vestirá otra camiseta salvo la albiceleste del combinado nacional.
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Bonito recuerdo a una leyenda como Rattín, capo de capos en el terreno de juego. Lástima de todas formas que no hiciera un poco de caso a su padre, y hubiese estudiado lo suficiente como para no decir esa sandez de que los ingleses son honrados…
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Un gangster en el terreno de juego. Yo por esa clase de futbolistas jamas senti admiracion, alla cada cual.
Mira pibe ya tengo 81 añitos y sigo recordando al «rata»… un grande… los cracks existen , los «trabajadores tambien, pero los caudillos… son el estandarte del equipo, solo Riquelme fue la excepcion siendo, a la vez el caudillo y por su cabeza de centro organizador tactico y tecnico de su equipo.-
Pues sigue recordandole, pero para mi esos caudillos que tu nombras con admiracion nunca seran de mi agrado, porque si para ganar hay que romper la madre y demas cosas al contrario, sin pensar que lo puedes retirar de su profesion solo para ocultar tu ego y tu falta de talento, como que no. A mi me educaron de otra manera.