
«En León empecé a amanecer». Con estas palabras esculpió Francisco Umbral su célebre tributo a los orígenes en Las verdades de un mentiroso ilustre. Muchos de los actores que copan los carteles en la Gran Vía madrileña o el prime time televisivo podrían hacer suya la frase, si bien trocando la población. «En Murcia empecé a amanecer». No en vano, esta región, casi inadvertida como un planeta arcaico, y de la que apenas se conoce la chocarrería del qué hermosa eres, se ha convertido en los últimos tiempos en un referente para cineastas y dramaturgos de toda España. En un vivero de artistas donde germinan algunas de las más innovadoras propuestas del cine y el teatro nacionales.
La Escuela Superior de Arte Dramático (ESAD), hoy emplazada en el centro histórico junto a la imponente fachada de la catedral barroca, registra llenos casi a diario, en lo que supone un remedo moderno del trasiego de aldeanos que, en tropel, cruzaban la huerta para asistir a las representaciones. El director y productor teatral Juan Pedro Campoy (Molina de Segura, 1974) cifra precisamente en la ESAD una de las claves del auge de vocaciones en la dramaturgia local. Campoy debutó en el Círculo de Bellas Artes con Amo tu cama rica y es responsable, entre otras producciones, de La vida resuelta, con los guionistas de 7 vidas y Aída David Olivas y Marta Sánchez. Para fuste vocacional, no obstante, el de Daniel Albaladejo (Cartagena, 1971), también formado en la ESAD, y al que el gran público todavía recuerda por su cachazudo guardia jurado de Cámera Café: «Si algo destaco de los años de la ESAD es el trabajo en grupo. Se trabaja para el show, no para el protagonista. Todos a una. Y luego Murcia tiene magia. Magia para crear, para volar, para imaginar, para soñar y luz para guiar, para encontrarte, para seguirla, para enraizarte».
Piedra angular de esa escuela fue Paco Rabal, actor fetiche de Buñuel, y que, en su fructífera carrera (más de trescientas películas) puso su voz arrugada también al servicio de Camus, Saura, Almodóvar, Visconti, Chabrol, Tanner… Como lo fue Margarita Lozano, la fiel criada Ramona en Viridiana y musa de Pasolini, los Taviani, Moretti… Ambos, Rabal y Lozano, se cuentan como precursores de la labor que, en los sesenta y setenta llevaría a cabo el teatro universitario de Murcia, cuyo aliento animaría la labor de la primera compañía profesional, Julián Romea, dirigida por César Oliva, o La Bella Aurelia, dirigida por Antonio Morales y Tespis; de Lorenzo Píriz-Carbonell, sin sospechar siquiera la senda que se abría en una provincia donde ser actor era poco menos que una epopeya.
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Excelente articulo; desconocía completamente la curiosa conexión entre estas regiones.