Ocio y Vicio

La verdadera reina de Malasaña

oie 19111148BVfwC65T
Fotografía: Cordon

Una cola de gente espera en la madrileña calle de Pez para entrar en un bar. No es la happy hour. Dentro no regalan nada, y fuera llueve y hace frío, pero quieren presentar sus respetos en El Palentino, el último bar auténtico de Malasaña. Sobrevivió a todas las modas, pero no superó la muerte de dos de sus dueños.

Nació hace una vida entera. Lo abrió un señor de Palencia —de ahí su nombre— y en 1942 se lo traspasó a unos paisanos, Santiago y Casto Herrezuelo. Cuando este último falleció, en 1977, se lo dejó a sus hijos, Casto y Moisés, que lo defendieron frente a viento y marea: Malasaña era la Galia; ellos, Astérix y Obélix. Moisés se fue primero y Casto murió a finales del pasado febrero, pocas horas después de poner sus últimas cañas, a los setenta y nueve años. Los hijos decidieron entonces echar el cierre. «Tenemos nuestras vidas y nuestros trabajos. Nos es imposible hacernos cargo del bar. Además, es muy duro estar en el sitio en el que tu padre se ha dejado la piel», explicaron. Abrió todavía unos días más, para que sus clientes pudieran despedirse. El funeral por El Palentino es multitudinario porque a muchos vecinos les cambió la vida en este local. Entre ellos, a la mujer que apagó la luz, Lola López.

Loli, como la conocen en el barrio, tiene sesenta y siete años. Entró por primera vez en El Palentino como cliente, a los dieciocho, y lo ha cerrado como propietaria. Aquel día iba a merendar y se enamoró del hombre de detrás de la barra, Moisés. «Fue un flechazo total». Ella, natural de Mondoñedo (Lugo), había llegado a la capital a los trece años acompañada de una tía. «Mi padre cayó enfermo y nos tuvimos que poner todos los hermanos a currar para echar una mano. Yo empecé trabajar en casa de un abogado y mi tía, en El Palentino. Una tarde fui a tomar unas tostadas y le vi.  Al día siguiente volví y me invitó al cine. Recuerdo que mi tía me dijo: “Ten cuidado que es mucho mayor que tú”. Moisés tenía treinra y dos años…». De eso hace casi medio siglo.

Salió de casa del abogado para casarse con Moisés. «Fue mi único novio. Este bar me atrapó por las cuatro esquinas. Aquí conocí a mi marido, el padre de mis tres hijos, y a muchísima gente. Cuando tienes un bar, tienes una familia inmensa. ¡He sido la madre de tantos! De chavales de fuera de Madrid, de indigentes…».  En los últimos días de El Palentino muchos de ellos hacen fila en un largo besamanos para despedirse de la verdadera reina de Malasaña. Ella les pone un café o un botellín y cuando le guiñan un ojo o le roban una caricia por encima de la barra, a Loli se le escapa una lágrima. La secuencia (consumición-cariño-emoción) se repite desde la mañana a la noche. Tiene sesenta y siete años y está cansada, pero le cuesta marcharse. Todo lo que sabe lo aprendió aquí.

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

Un comentario

  1. Antro baratucho que los hípsters y demás fauna hicieron caro, la única tasca con control de aforo en todo el mundo, eso ya lo dice todo, patético, pasar de ver el futbol con un señor con un buzo y gafas de seguridad a ver el futbol con un millenial con ropa vieja y las mismas gafas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*