Arte y Letras Historia

El mito de Robin Hood: ¿qué fue de los bandidos sociales?

Robin Hood
Robin de los bosques, 1938. Imagen: Warner Bros.

I fought the law
And the law won

(Sonny Curtis and The Crickets)

«El robo es la restitución, la recuperación de la posesión. En vez de encerrarme en una fábrica, como en un presidio; en vez de mendigar aquello a lo que tenía derecho, preferí sublevarme y combatir cara a cara a mis enemigos haciendo la guerra a los ricos atacando sus bienes…». Marius Jacob, el célebre ladrón anarquista francés, mira a los magistrados de la audiencia de Amiens que le juzgan y lee su alegato —Por qué he robado—, donde se autodefine como «un rebelde que vive del producto de sus robos». Es el mes de marzo de 1905 y Jacob se libra de la pena de muerte, pero a cambio pasará los siguientes veintidós años de su vida en un presidio de la Guayana Francesa. La justicia le acusa de haber perpetrado más de ciento cincuenta robos a iglesias, mansiones y hoteles, entre otros delitos, junto a los Trabajadores de la Noche, la banda de asaltantes libertarios que, con su audacia, ha traído de cabeza a la policía francesa desde 1897. Los hombres de Jacob se disfrazan de curas, oficiales del ejército o señores de alta alcurnia, tratan de no pegar un solo tiro y, después de cada golpe, dejan siempre un mensaje mordaz bajo la firma de Atila, el seudónimo de Jacob: «A Dios Todopoderoso, aquí están tus ladrones».

El mito de Robin Hood, el ladrón noble que roba a los ricos en beneficio de los pobres, se esparció por el mundo a partir del siglo XIV gracias a los poemas, baladas y relatos orales que mencionaban ya algunas hazañas del príncipe de los ladrones. Desde entonces, la imagen de los «bandidos buenos» ha llegado a gozar de atributos casi divinos. La cultura popular les dedicó canciones y relatos, poemas y proverbios, altares paganos y reinados simbólicos. Las leyendas de esos forajidos generosos nutrieron durante varios siglos el imaginario de los más desfavorecidos. Algunos abrazaron la revolución, otros impartieron su propia interpretación de la justicia social y hubo quienes se dejaron llevar por el gatillo fácil. ¿Qué tienen en común Pancho Villa y Diego Corriente? ¿Malverde y Lampião? ¿Gaspard de Besse y Phoolan Devi? ¿Jesse James y Jules Bonnot? ¿El Gauchito Gil y Marius Jacob? ¿Salvatore Giuliano y Juraj Jánošík? Para Eric Hobsbawm, el historiador marxista que abordó el fenómeno en sus libros Rebeldes primitivos (1959) y Bandidos (1969), esos personajes y una legión más de almas rebeldes encarnan de una u otra manera el prototipo del «bandido social», como bautizó el ensayista británico a esos justicieros a los que el pueblo llano dotó de una aureola de misticismo e invulnerabilidad, las mismas cualidades que en su día se cantaron sobre el prodigioso arquero de los bosques de Sherwood.

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7 comentarios

  1. El bandido bueno no es más que una fantasía compensatoria a una realidad atroz -como la de la inmortalidad del alma al hecho empírico y brutal de la muerte, por poner el ejemplo más claro-: no solo los ricos roban a los pobres, sino que los propios pobres roban a los más pobres. O, quizá mejor dicho, a los más débiles -niños, ancianos, mujeres solas, infelices, campesinos recien emigrados a la ciudad, pueblos primitivos-. Muy fino tendría que hilar cualquier bandido de este mundo, o tener un servicio de información que para si quisieran el FBI y el Mossad, para robar solo a los ricos y nada más que a los ricos. Se roba al que tiene algo y en una ocasión en que no puede defenderlo, punto. Si por casualidad la víctima no tiene nada, ahí ya queda a la inteligencia y el mayor o menor grado de malignidad del ladrón dejarle ir en paz y que pregone en uno y otro sentido -es bueno: me dejó con vida; es el demonio: me violó y degolló a mis acompañantes-. Imagen, vaya. No hay más.

  2. Lucio Urtubia, robo bancos, luego preparo la estafa a los travelschecks de citybank.
    Todo para financiar diferentes guerrillas y movimientos populares, sin enriquecerse.

  3. Que digo yo que...

    … me explique esa supuesta foto de Billy the Kid, Doc Holliday, Jesse James y Charlie Bowdre… que algo no me cuadra.
    Fueraparte de lo anterior, interesantísimo artículo: gracias.

  4. Exactamente. Falta Lucio Urtubia¡

  5. Pues claro que existen, Donald Trump se ha vendido en las elecciones como aquel que iba a sacarle a los que robaban para entregarle al americano común de calle. La gente se traga siempre el pastel y ahí está en la casa blanca repartiendo como otro Robin Hood.

  6. Interesante la mención de los Tupamaros. A ver cuándo Jot Down escribe un poco acerca de ellos. Hace poco salió un libro sobre el grupo

  7. claudio aros arza

    no se ocupa también Hobsbawm de aclarar que los bandidos sociales son parte del pasado y que la modernidad, con el control directo de las instituciones del estado sobre la sociedad, se encargó de que liquidarlos? Tal vez sí, todos los mencionados aquí puedan ser bandidos sociales, y tal vez no… depende de cuántas licencias nos tomemos para interpretar al autor de la categoría… me equivoco?

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