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Barracoon: la historia de Kossola y el porqué de sus 87 años de silencio editorial

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Zora Neale Hurston (1903-1960). Fotografía: Carl Van Vechten / Cordon.

Zora Neale Hurston sabía que estaba inmersa en una etnografía, esa versión ralentizada, pacífica e intencionada del reporterismo, cuando por fin pudo viajar a entrevistarse con Kossola, un anciano reticente, muy herido y de peor memoria, que había vivido la peor de las historias y no iba a ponérselo fácil. Hurston, que escribiría un libro tras sus encuentros, no estaba dispuesta a aceptar pactos más que con él. A quienes superan todos los impedimentos que les pone la vida es difícil hacerles cambiar de opinión sobre por qué hacen lo que hacen, para qué y cómo lo hacen. Sea cual sea el precio a pagar. Era mujer. Era afroamericana. Había escrito ficción y a los treinta y cinco años había logrado una beca para estudiar Antropología en una escuela vinculada a la Universidad de Columbia.

En la Nueva York de 1927 no debió de ser fácil para ella que uno de los fundadores de la antropología norteamericana, Franz Boas, le encargara su primer acercamiento a la tarea de recolección de cultura popular negra del sur de Estados Unidos por la que ha pasado definitivamente a la historia. Como tampoco debió de ser fácil convencer a la mecenas que financió sus viajes y escritura durante cuatro años, Charlotte Osgood, para que creyera en su proyecto y apoyara su intención de no modificarlo, aun cuando ambas fueran conscientes de que pagarían su coherencia con el vacío y un silencio de décadas.

El libro que escribió, Barracoon, acaba de ser publicado tras ochenta y siete años inédito.

Cuenta la historia de aquel anciano, Kossola, a quien se suponía último superviviente del Clotilda, el último transporte de cautivos de África a Estados Unidos. Con apenas dieciocho años, Kossola, nacido en 1841, acababa de llegar a Banté, actual Benín. Iba a casarse. No pudo. Un grupo de amazonas negras al servicio del rey de Dahomey le secuestró junto a ciento quince personas más. Tras sobrevivir a la captura, a las cabezas cortadas del combate perdido, a la destrucción de su gente, de su pueblo, de su mundo y a varios meses encadenado en el barracón que da título al libro, fue vendido al capitán estadounidense William Foster. Tras una travesía por el Atlántico que duró setenta días y que Kossola pasó encerrado en un espacio de menos de metro y medio de alto, lo desembarcaron en Alabama y lo entregaron a una plantación. Sobrevivió al trabajo esclavo. A la guerra civil. A las leyes de segregación racial y a la Gran Depresión, y alcanzó a contar su historia sesenta y siete años después del día en que fue hecho prisionero.

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2 comentarios

  1. Brenda Gómez

    Gracias por esto tan maravilloso, Alberto. Gran artículo.

  2. Gracias por la lectura, y en especial modo por la noticia.

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