
—Tampoco nos perdemos nada —intervino Graham—. No he visto nunca una buena pelea en el cine, excepto en las noticias del principio. Siempre lo suavizan todo.
—¡Yo vi una película en la que un tipo se estaba entrenando en un gimnasio el día del combate! —exclamó Cohen con los ojos abiertos como platos por la incredulidad—. ¿Qué clase de manáger tenía?
(…)
—Yo vi una —dijo Graham— en la que a los dos tipos les estaban vendando las manos antes de ponerse los guantes, ¿y quién se encargaba? ¡El médico de la comisión!
—¡Y la de veces que tienen que caer al suelo al principio los protagonistas! —siguió Cohen—. Tienen que reventarlos vivos o no pueden ganar. El mejor consejo para saber a quién apostar en una película de boxeo es hacerlo al que pierde los primeros catorce asaltos.
—Se recupera milagrosamente —siguió Graham—. Se le renuevan las fuerzas. Pero lo mejor que he visto en la televisión fue el invierno pasado: el hombre va a defender el título mundial la noche siguiente y le dice a su mujer que está harto de todo.
—¿Está con su mujer la noche anterior al campeonato? ¡¿Con su mujer?!
En el reino de lo físico es imposible viajar al pasado. Nuestro único deambular por el tiempo sigue el camino inverso, pues el mero acto de vivir nos arrastra con lentitud hacia un futuro siempre inminente. Del pasado reciente, el que nosotros mismos protagonizamos, nos quedan los propios, pero de los tiempos en que no todavía no existíamos quedan los recuerdos y las obras de extraños. De la capacidad de esos extraños para condensar en palabras lo que vivieron depende el vigor y la ilusión de autenticidad de la visita imaginaria que, como lectores, hacemos a lugares y momentos que nunca pudimos conocer. Los datos, los nombres y los números de épocas antiguas podemos consultarlos en los manuales; las grandes crónicas cumplen otra función, la de persuadir a nuestro cerebro de que, cuando nos sumergimos en sus páginas, viajamos de verdad a esos otros lugares y otras eras.
Un viaje, vívido y envolvente, es lo que ofrece La dulce ciencia. Por economía de lenguaje podría decirse que es un «libro sobre boxeo», porque lo es, pero tal calificación no le haría justicia del todo. Es un gran libro para cualquier lector que ame la letra impresa, y un gran libro cuyo tema central resulta ser el boxeo. Para que nos hagamos una idea, la revista Time lo incluyó en su selección de los mejores libros de no ficción de todos los tiempos; hace unos quince años, Sports Illustrated lo designó como el mejor libro de temática deportiva.
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Para buenas crónicas sobre boxeo, aparte de los mencionados, habría que leer también a Thomas Hauser.
Esta revista ya bien vale la pena por la atención que prestan al boxeo. Refleja buen gusto
¿Ya no escribe el fan de José Legrá ? Gracias a el descubrí que Legra ha sido el.
Muhammad Ali español.
Yo también descubrí que José Legrá es el Muhammad Alí español.
Gracias por descubrirme a José Legrá .