Arte Arte y Letras

El paisaje fantasma de nuestros antepasados

1280px Cole Thomas The Course of Empire The Arcadian or Pastoral State 1836
La arcadia, 1834, de Thomas Cole. (Clic para ampliar)

Pero a medida que se aproximaban a su destino, el interés en la apariencia de la región donde habrían de vivir se sobrepuso a su decaimiento, y la vista del valle Barton a medida que entraban en él las fue llenando de alegría. Era una comarca agradable, fértil, con grandes bosques y rica en pastizales. Tras un recorrido de más de una milla, llegaron a su propia casa. (…) La ubicación de la casa era buena. Tras ella, y a no mucha distancia a ambos lados, se levantaban altas colinas, algunas de las cuales eran lomas abiertas, las otras cultivadas y boscosas. La aldea de Barton estaba situada casi en su totalidad en una de estas colinas, y ofrecía una agradable vista desde las ventanas de la casita. La perspectiva por el frente era más amplia; se dominaba todo el valle, e incluso los campos en que este desembocaba.

En este pasaje podemos ver cómo Jane Austen describía lo que parecía un entorno idílico para cualquier inglés del siglo XIX… ¿Pero acaso no sigue siéndolo hoy día a nuestro gusto, por extraño que sea a las convenciones victorianas, por lejos que vivamos de la pérfida Albión? Para que las obras literarias se conviertan en clásicos deben trascender la época y lugar donde surgieron, apelando para ello a algo en nuestro interior que no está sujeto a modas. Si logra hacer resonar ese «algo» íntimo de cada lector entonces la obra pervivirá encontrando eco en las sucesivas generaciones. Sentido y sensibilidad sin duda lo ha conseguido. De manera que la habilidad ya demostrada de la autora para conectar con nuestro interés a lo largo de la trama, de la presentación de los personajes y de las interacciones entre ellos, ¿no podría estar también presente en esta descripción? Si sintoniza con nuestro criterio porque se asemeja a cierta idea platónica previamente existente en nuestras cabezas de lo que un entorno natural para vivir debiera ser… en tal caso cabe suponer que tendríamos incorporada de serie ciertas preferencias paisajísticas innatas, más allá de donde actualmente residamos. Pues bien, esto es lo que el biólogo Gordon H. Orians llama «paisaje fantasma», que permitió orientar a nuestros antepasados en su supervivencia y en los últimos siglos ha tenido una influencia crucial en la historia del arte.  

Algo en en este sentido se encontraron los artistas de origen ruso Vitaly Komar y Alexander Melamid. Educados en la corriente del realismo socialista e interesados en cuáles eran realmente los gustos del pueblo más allá del criterio de unos pocos expertos, a principios de los años noventa realizaron una encuesta a miles de personas de todo el mundo en la que debían describir qué objetos, colores y temas debía tener lo que considerasen su cuadro favorito. Una vez obtenidos los resultados, se encargaron de pintar lo que supuestamente más debía gustar en cada país. Este fue el resultado. Como podemos apreciar lo relevante no fueron las peculiaridades nacionales, sino las similitudes. La gran mayoría de la gente prefirió una representación realista a una abstracta, un espacio abierto a uno cerrado, que ese paisaje no sea bosque muy denso ni una extensa planicie, que contenga tonos azules (un 44% de la imagen, en promedio), muestre diversidad de vegetación con pequeñas agrupaciones de árboles y que contenga presencia humana y animal, así como de agua. Esa inclinación vendría acompañada además por paisajes de complejidad media que faciliten la exploración y la orientación en ellos (grupos de árboles, montículos, lagos, ríos…), así como una predilección por un punto de vista del entorno que permita perspectiva y refugio. Lo que se traduce en un lugar a ser posible elevado para facilitar la vigilancia pero que ofrezca al mismo tiempo resguardo para ver sin ser visto. ¿No es todo esto curiosamente similar a aquella descripción dada por Austen? Se trata en ambos casos del entorno más adecuado para sobrevivir, y por lo tanto una querencia perfilada generación tras generación por la selección natural.

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2 comentarios

  1. Oppiano Licario

    Qué gozada de artículo. Gracias.

    • Fernando Peregrina Alonso

      Muy interesante el artículo.
      Se lo daré a leer a mis alumnos de la asignatura de impacto ambiental, para que tengan en cuenta la apreciación subjetiva del paisaje.

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