
En junio de 1990 hacía calor.
Había decidido dejar la carrera de químicas después de dos años pasándomelo en grande en el campus de la Autónoma, así que no tenía ni exámenes. Mi hermana Aitana también estaba relajada, seguro que por otros motivos; los suyos. De repente llegó mi madre muy excitada con un mapa arrugado entre las manos y las mejillas encendidas. Ya llevaba tiempo con la idea de comprar una casita en la playa, y aunque nunca le dijo a nadie dónde se había ido algún fin de semana de esos, yo sabía que no era nada parecido a un romance furtivo. Ella buscaba el amor verdadero, el que te abraza aún cuando ya no estás. Ese tipo de amor no tiene nombre.
Sacó el mapa arrugado, lo puso encima de la mesa, y dijo: ¡¡¡No os lo vais a creer!!! ¡¡¡He comprado una casa en Zahara de las Sardinas!!! [Ella niega que dijera sardinas, pero yo lo recuerdo como si fuera hoy].
Aitana y yo no salíamos de nuestro asombro y cruzábamos miradas incrédulas. Zahara de las Sardinas no aparecía en el mapa, pero sí Zahara de los Atunes, más pequeño aún que un boquerón en un mapa tan grande y a tomar por culo de Madrid, el centro del mundo conocido por mí hasta entonces.
Una semana después llegamos Aitana, mi madre y yo a conocer aquel lugar del cual ella se enamoró sin más. Tenía tantas ganas de enseñarnos la casa, y nosotros tanta curiosidad por verla, que ni nos fijamos en el pueblo al llegar. Antes siquiera de entrar en la casa, conocimos a su vecino de al lado, Mr. Hillman, exasistente personal de Sir Laurence Olivier, y a toda su familia (nueve hijos). Tenían un chiringuito en la playa justo delante de aquellos adosados recién construidos a los que los zahareños no tardaron en llamar El Tren. A la urbanización de al lado la llamaron La Estación. Fueron las primeras casas turísticas del pueblo.
Cómo no, aceptamos una copa en el chiringuito de nuestros singulares vecinos guiris. Ahí conocí al primer zahareño, Fernando «el Cagao». Llevaba el mantenimiento del chiri y le rondaba las faldas a Francesca, una de las hijas de Mr. Hillmann. A escasos metros había un joven rockero, con sus botas de rockero, sentado en una duna con una Gibson SG. Solo, tocando sin ampli y con los dedos llenos de anillos con calaveras. Parecía una gran estrella… Y lo era. El Steve Vay del polígono de San Pablo de Sevilla. El gran solista de Los Parachoques, los Parchís de la nueva ola sevillana. Resulta que era el vecino del otro lado. ¡Menudo vecindario! Aquí no vendremos a dormir, pensé.
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En todo contigo. Sólo un pero: los primeros apartamentos turísticos lo hizo Tom, Tomas el Anericano, polifacético, asceta e infinita mente paciente ante tanta incomprensión. Transformó la calle Thomson.
Eso mismo iba a decir yo, llevo veraneando desde el 77 aquí y hasta hace pocos años en la calle Thompson. Me han venido muchos recuerdos leyendo ésto… En Zahara no había agua potable en las casas y había que ir a la fuente a por ella, la presencia de los militares en la playa para que no pasáramos hacia la zona militar que por otro lado han protegido un poco de que Zahara no creciera tanto, mi madre compraba el Pescaíto directamente al salir las barcas, cogíamos coquinas algo prohibido ahora y que tanto nos divertía…. También me he acordado de los ceniceros que había en el que faltaba y que ponía: fue robado en el que faltaba… Calles sin coches, playa sin gente, hogueras por la noche en la playa….
Una «goduria» leer esta aventura que tiene como génesis, como tantas otras más famosas, un malentendido, en este caso ictiológico. Entrañables recuerdos de un tiempo ruidoso y con cuerpos bronceados y en chancletas, todos los días, desde que amanece hasta que caiga el sol, tocando en un orquesta de rocanrol… sin parar! Gracias por la lectura.
Que bonito Eloy y cuánto se hecha de menos la Gata y el ambiente de antes ! Gracias porque la verdad yo crecí con esos conciertos . Yo llegue en el 91 y también me enamoro y me enamorará siempre ! A veces me encantaría que rebobinara el tiempo un poco y volver a esa Zahara del principio
https://youtu.be/V4fJn7TAnOg
Que bueno Eloy, ahora mismo estoy en Essaouira y me ha llegado un levante directo del cerquita del estrecho. Aún guardo un puñado de fotos de nuestra estancia en Zapata recién aprobada selectividad. Enormes recuerdos. Un abrazo grande grande.
Eloy fuiste el iniciador de un turismo de conciertos en la arena y buen ambiente en la playa. (Con conciertos épicos, solo acordarme del de Antonio Vega un año antes de su muerte 2008/08/10-11, me pone los pelos de punta) Luchaste por ello.
Aquel turismo diferente a muerto o agoniza. ¿En que se ha convertido esto?
En atascos, en ambiente de tachun tachun, come rápido que tenemos otros detrás esperando, playa super sucia, etc.
Esos detalles van a convertir a zahara en un nuevo TORREMOLINOS 73 o mejor dicho en DESCENSO AL INFIERNO, contradiciendo a tú titulo del articulo.
Lástima tú ya te has ido (no del todo), otros ya se fueron y otros nos iremos pronto.
No somos zahareños, somos zaharauis… pero el corazón lo tenemos entregado a este pueblo nos vera marchar poco a poco..
Madre mia¡¡¡¡ qué recuerdos!!!!!